De Vido salió con candidato propio en territorio bonaerense

El intendente de Berazategui juega a ser precandidato a gobernador por el Frente para la Victoria. Fuerte jugada del superministro de Néstor.

Julio de Vido, el otrora "superministro" de Néstor Kirchner que continúa al frente de los recursos para grandes obras con Cristina Fernández y que viene junto al matrimonio desde Santa Cruz, está jugando fuerte en la interna del Frente para la Victoria (FPV) de la provincia de Buenos Aires.

Según lo revelado por el diario Gaceta Mercantil, el precandidato a gobernador bonaerense del Frente para la Victoria, Juan Patricio Mussi, muestra una capacidad económica en su campaña proselitista que es la envidia incluso de algunos precandidatos presidenciales. Mussi dice que aspira a suceder a Daniel Scioli pero tiene claro que sus posibilidades son reducidas, en particular porque son muchos los precandidatos, y algunos tienen mucho peso real en la Provincia.

Mussi es el actual intendente de Berazategui, ciudad que “heredó” de su padre, Juan José, un histórico “barón” del Conurbano que fue propulsado por Cristina Kirchner a la secretaría de Medio Ambiente.

El joven alcalde, que mantiene su envidiable bronceado durante los fines de semana en la pileta del Faena Hotel de Puerto Madero, es en realidad una pieza de una estrategia en cuya cúspide se encuentra el ministro de Planificación, Julio de Vido.

La historia

La historia de las aspiraciones políticas bonaerenses del otrora superministro se remontan a finales de 2006. Entonces, un grupo nutrido de intendentes se acercó al entonces presidente Néstor Kirchner para promover la candidatura de “Julito” a la gobernación del primer Estado argentino, a lo que el líder de la manada contestó: “Julio es mi ministro de Planificación”. Y abortó el intento. Néstor pensaba en aquella ecuación que suponía para él un mandato de cuatro años y la alternancia con Cristina, algo que también quedaría en la nada con su inesperado fallecimiento.

Según Gaceta, De Vido se quedó con la sangre en el ojo y siguió administrando la multimillonaria caja de Infraestructura, de cuyo balance mantenía informado permanentemente a su jefe. La llegada de Cristina a la Presidencia no fue una buena noticia para el arquitecto, criado profesionalmente en la Patagonia. Y mucho menos la muerte de Néstor, tres años más tarde.

En 2011, con la reelección de CFK, las condiciones políticas para De Vido empeoraron aún más. Los grandes medios, sin embargo, vinculaban poco la descabellada gestión de Ricardo Jaime con su jefe, el ministro. Una buena red de contactos en los medios del Grupo Clarín, que le valió la desconfianza de Cristina, sirvió de paraguas protector para alguien que jamás podría haber ignorado –si no diseñó- el festival de subsidios que el cordobés había puesto en marcha desde su estratégica secretaría, que priorizó la relación con el camionero Hugo Moyano en contra de la red estatal y privada de ferrocarriles.

A finales del año pasado, De Vido comenzó a actuar pensando en el fin del mandato de Cristina. Pensando en su vuelta al llano. Y decidió dos cosas: que nunca dejaría de sostener su buena relación con Scioli; y que para eso no estaría mal hacer jugar a algunos intendentes, de esos con los que hace unos años llevó adelante la estrategia de “puentear” al gobernador, como le ordenó Kirchner.

Ya no era lo mismo pero la obra pública permite pedir muchas cosas. Así se armó “Los Oktubres”, una agrupación que responde al ministro, reúne a una decena de jefes comunales bonaerenses y tiene un coqueto negocio gastronómico y de memorabilia peronista en el “fashion” barrio de Palermo. Mussi es uno de los referentes porque ninguno de los demás integrantes tiene demasiado cartel, pero la iniciativa alcanzó para lanzar al ahijado político de De Vido.

“El dinero no puede comprar mi amor”, dirían Los Beatles. Pero sí un rato de placer. El problema que enfrenta el ex superministro es que son muchos los administradores de los partidos bonaerenses quienes se quedaron a mitad de camino con las obras que financia Infraestructura, esas que dicen “Presidencia de la Nación” y no “Buenos Aires activa”. La subejecución de estos trabajos es moneda corriente en la Provincia y ahora De Vido ha comenzado a “bajar” fondos pero pide contraprestaciones políticas. “Las obras van a terminar costando 50 por ciento más que lo presupuestado”, advierte un jefe comunal que sufre ese tipo de vínculo perverso promovido por De Vido.

Tres gobernadores que por obvias razones pidieron reserva de sus nombres confiaron agacetamercantil.com en los últimos dos meses, en distintas conversaciones, que han discutido fuerte con De Vido por este tema. “Ahora nos pide que nos hagamos cargo nosotros de terminar las obras cuanto antes. ¿Qué hizo con la plata que no nos mandó en su momento? ¡Qué se haga cargo él!”, explotó uno de ellos.

Mussi entonces juega el rol, menguado, de pieza de garantía de la relación de De Vido con el poder que surja después de diciembre próximo. Si es Scioli, el ministro puede dormir más tranquilo. Si es Mauricio Macri, la relación siempre fue buena. Si es Sergio Massa, podemos imaginar a un Mussi más combativo. Un alfil para todo servicio. El intendente de Berazategui, en tanto, se ilusiona con un lugar más expectante en el próximo ciclo político. Y su padre, con un regreso con gloria a la comuna que lo vio crecer en todos los sentidos.

Opiniones (1)
16 de diciembre de 2017 | 14:26
2
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16 de diciembre de 2017 | 14:26
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  1. Hijos de puta por donde se los mire.Peronismo en su más cruda versión.
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