Un capítulo de "El pequeño Timerman", de Levinas

El periodista Gabriel Levinas se enfoca en un emergente de la crisis que se vive por la muerte del fiscal Nisman: el canciller que llegó desde el ARI.

EL PEQUEÑO TIMERMAN LEVINAS

Héctor Timerman llegó a ser canciller de la Argentina luego de haber llegada  la política de la mano de Lilita Carrió, el ARI. Su pase al kirchnerismo costó nada menos que la representación del país ante el mundo. Vive, desde allí, un conflicto múltiple por haber promovido el "memorándum de entendimiento" con Irán, que según el gobierno pretendía resolver la causa del atentado contra la AMIA, pero fue repudiado por la colectividad judía, a la que pertenece y de la que siempre se dijo un "activo integrante".

Ediciones B relanzó en estos días al mercado "El pequeño Timerman. Biografía de un canciller", editado por primera vez en 2013 y escrito por el periodista Gabriel Levinas.


Así lo presenta la editorial

Héctor Marcos Timerman, hijo de Jacobo y Risha, hermano de Daniel y Javier, ha trazado a sus 60 años un sinuoso camino. Este recorrido biográfico escrito por Gabriel Levinas, con la investigación de Marina Dragonetti y Sergio Serrichio, subraya una paradoja: aun con un exhaustivo trabajo de fuentes de información y documentación fidedigna, muchas son las preguntas que surgen, como si fuera imposible encasillar o dar un anclaje ideológico y político al actual canciller, el primero judío de la historia argentina. Dice Levinas: ¿Quién es Héctor? ¿El revolucionario que militaba en la Juventud Peronista? ¿O el que meses después dirigía La Tarde, un diario que tenía el evidente propósito editorial de hacer de puente entre la dictadura y las “clases populares”? ¿El que vendía servicios de private banking en Bolivia y otros países latinoamericanos o el “fundador” de la división Americas de Human Rights Watch? ¿El adolescente consentido de los veranos en Punta del Este que mandó a sus hijas al Northlands? ¿O el que le aclaró a Susana Decibe, la ministra de Educación de Menem, que él no iba a Cipriani, un restaurante de Recoleta, porque era “elitista y caro”? Para entenderlo, despejar incógnitas o ahondar en ellas, se hace imprescindible la lectura de esta investigación que revela tramas ocultas de muchas de las significativas decisiones de la política interior y exterior argentina.

Acuerdo con Irán

El 25 de septiembre de 2012, Cristina Fernández anunció en la Asamblea General de la ONU la apertura del diálogo con Irán y dio instrucciones al canciller Timerman de reunirse con su par iraní, Alí Akbar Salehi, para “tramitar el interrogatorio que la justicia argentina pretendía realizar a tres ciudadanos de Teherán”, presuntamente involucrados al atentado a la mutual judía, AMIA en 1994. La presidenta aseguró que, en caso de surgir una contrapropuesta del gobierno de Irán, esta sería sometida a la evaluación del Congreso; y prometió que cualquier decisión a la que arribara el gobierno sería consultada con los familiares de las víctimas, representados en esa comitiva por Sergio Burstein. El anuncio fue breve, ya que esa tarde comenzaba el Día del Perdón. Según informó la mandataria en su discurso, el 19 de septiembre el gobierno argentino había recibido un pedido de reunión bilateral convocando al diálogo. Consultado por Página/12, Timerman afirmó que en pocos días se celebraría el encuentro. Pero en realidad Cristina y su canciller, solo estaban oficializando un hecho consumado.

Según el diario The Teheran Times, la negociación entre Argentina e Irán había comenzado en 2010, a partir de una serie de reuniones secretas entre funcionarios de ambos gobiernos, “para preparar el terreno para la firma del memorándum de entendimiento, que enfureció a Israel y ellobby sionista”, informó el medio. La noticia se publicó con posterioridad al anuncio oficial, pero ya en 2011, una serie de investigaciones de Pepe Eliaschev habían generado polémica en torno de esta cuestión. El periodista sacó a la luz un documento secreto de la diplomacia iraní que informaba sobre la voluntad del gobierno argentino de suspender las investigaciones en curso por los ataques terroristas contra la embajada de Israel y la AMIA, a cambio de una mejora en la relación comercial entre ambos países. En 2010, el gobierno de Cristina Kirchner había dado muestras de un acercamiento comercial cuando anunció la suscripción a un convenio de libre comercio con la República Islámica de Irán, durante la 40ª cumbre del Mercosur en Foz de Iguazú. Cuando Timerman fue consultado sobre posibles restricciones para un trato preferencial con ese país, debido a la tensión diplomática que Teherán y Buenos Aires habían mantenido desde los atentados, el canciller se limitó a responder que “no hay ninguna clase de restricciones” para Irán.

El informe redactado por el canciller Alí Akbar Salehi, dirigido al presidente Mahmoud Ahmadinejad aseguraba que “la Argentina ya no está más interesada en resolver aquellos dos atentados, pero que en cambio prefiere mejorar sus relaciones económicas con Irán”. Dicha decisión, había quedado saldada tras una reunión entre Timerman, su par sirio Walid al-Mohalem y el presidente de Siria Bashar al-Assad, celebrada el 23 y 24 de enero de 2011 en la ciudad de Alepo, según lo informado por Eliaschev. El encuentro tuvo lugar luego de la gira encabezada por Cristina Fernández, en Kuwait, Qatar y Turquía. Nuestro canciller se apartó de la delegación oficial para asistir a la negociación.

La nueva política adoptada por la presidente supuso un viraje de 180 grados, respecto de las relaciones diplomáticas que nuestro país mantuvo históricamente con Irán, aun durante los tiempos del kirchnerismo. Recordemos que en julio de 2006, Argentina fue uno de los 14 países firmantes de la Resolución Nº 1696 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, contra el programa nuclear de la República Islámica de Irán, destinado a suspender todas las actividades de enriquecimiento y procesamiento de ese material. La firma de dicha resolución, incluyó una serie de sanciones económicas y diplomáticas previstas ante el incumplimiento de lo requerido al gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, y se inscribió dentro de una fuerte ofensiva de Estados Unidos para detener el enriquecimiento de uranio con presuntos fines armamentísticos. Como parte de la estrategia, el gobierno de George Bush utilizó el pedido de captura realizado por Argentina en el marco de la causa AMIA, contra dirigentes iraníes, para buscar que la comunidad internacional apoyara sanciones contra Irán, en caso de seguir con su programa nuclear.

El juez Rodolfo Canicoba Corral responsabilizó al gobierno de Irán de haber ordenado el ataque contra la mutual judía y pidió la captura de ocho funcionarios de ese país, entre ellos un ex presidente y un líder libanés del Hezbollah. La medida de la justicia argentina fue tomada por el Departamento de Estado americano como una muestra más del patrocinio de Irán a los movimientos terroristas internacionales, y utilizado en su ofensiva. Argentina se metía en el medio de una puja diplomática que tensaría aún más sus relaciones con Irán.

Durante 2007, Argentina mostraría más gestos del alejamiento con Irán. En julio de ese año, Néstor Kirchner decidió suspender a último momento su visita a Ecuador para el acto de asunción de Rafael Correa, a fin de evitar un encuentro con Ahmadinejad. En septiembre, el expresidente comenzó a reclamar públicamente ante la Asamblea General de la ONU, la falta de colaboración de Irán respecto de la investigación por el atentado de la AMIA.

A partir de 2009, hasta 2010, Argentina acompañó a las delegaciones de EEUU, Israel y otros 27 países de la Unión Europea, abandonando el recinto durante los foros internacionales en los que expusiera Ahmadinejad, para manifestar su repudio ante las políticas internacionales de ese país, así como su proclamada negación del Holocausto. Ese fue el último año que Cristina Fernández realizó un reclamo público: “En 2007, en este mismo ámbito, el entonces presidente Néstor Kirchner solicitó a la República Islámica de Irán que accediera a la extradición de los ciudadanos iraníes que habían sido acusados por la Justicia argentina de haber participado en la perpetración de tan horrible crimen. Lo volví a hacer yo en 2008 y 2009 sin mayores resultados. No voy a reclamar por cuarta vez algo que evidentemente no va a prosperar.”

Si bien desde un principio se intentó vincular a Irán con el atentado a la AMIA, en la causa nunca existieron elementos contundentes que demostraran tal vinculación. La decisión de Interpol de incluir a los presuntos responsables del ataque a la AMIA en sus listas de alerta roja fue más bien política. Los elementos probatorios que hoy constan en la causa y que sustentan la inclusión de los iraníes entre los buscados no son distintos a los que en su momento un juez británico evaluó como endebles en el caso del la detención y pedido de extradición de Hadi Soleimanpour, embajador de Irán en Argentina cuando se produjo el atentado. Finalmente la justicia británica decidió liberar al iraní por falta de pruebas.

Cristina Fernández de Kirchner tuvo un importante papel en el Congreso, cuando formó parte de la Comisión Bicameral de seguimiento de la causa AMIA. Tanto ella como Nilda Garré —quien en ese momento era miembro de la Unidad Especial de Investigaciones del atentado contra la AMIA— creían en la pista siria y la conexión local. A pesar del férreo apoyo de la entonces senadora a esta hipótesis, Néstor Kirchner siempre mantuvo frente a organismos internacionales, una fuerte postura de responsabilizar a ciudadanos iraníes por el ataque. Por su parte, Timerman primero como embajador, y luego como canciller, nunca demostró interés y conocimiento por el tema que abordó en varias conversaciones con el autor de este libro.

Si bien Argentina, desde el inicio de la causa, se había alineado con EE.UU. e Israel para responsabilizar a Irán, este país nunca dejó de intentar, por vía diplomática o vías indirectas (un ejemplo de esto fue la financiación de grupos políticos en el país, como a Luis D’ Elía, o también mediante las gestiones de quien se dice ser el contacto del Hezbollah, el actual embajador argentino en Siria Roberto Ahuad), un acercamiento con nuestro país. El referente del partido Movimiento de Integración Latinoamericana de Expresión Social (MILES) siempre ha sostenido un fuerte vínculo con la comunidad musulmana de la mezquita At-Tauhid de Flores y ha manifestado públicamente su apoyo al régimen de Irán en varias oportunidades. Por caso, recientemente, D’Elía participó junto a otros dirigentes sociales de un acto por el Día Internacional de la Solidaridad Iraní por la Liberación de Palestina, organizado por el líder espiritual Sheikh Abdul Karim Paz, en el que se reivindicó al exagregado cultural de la embajada iraní que tiene pedido de captura internacional por el atentado, Moshen Rabbani.

Ahuad, el embajador en Siria, fue una pieza clave mucho antes de que Timerman ingresara a la diplomacia. Después de una reunión en el año 2003, en el hotel Loi Suites ubicado en Recoleta, en la que participó el ministro de Educación sirio y Daniel Filmus, la figura de Ahuad dentro del kirchnerismo fue cobrando mayor influencia de la mano de Daniel Filmus. Cabe acotar que el actual embajador solía participar junto a Luis D’Elía y Karim Paz en protestas frente a la Embajada de Israel.

La idea de un acuerdo con Irán ya había sido vetada por Jorge Taiana y Rafael Bielsa en otras oportunidades. El ex vicecanciller Roberto García Moritán, afirmó que un acuerdo muy similar había sido presentado por el gobierno persa durante su gestión y fue rechazado por Néstor Kirchner. La propuesta de Irán consistía en mejorar las relaciones comerciales bilaterales a cambio de una negociación sobre la causa, que estaban prácticamente congeladas desde 2003, cuando Teherán decidió suspender la cooperación con nuestro país, debido al pedido de captura a la justicia británica contra el exembajador en Buenos Aires, Hadi Soleimanpour. De allí en adelante, cada nueva presentación de Argentina para dirimir la investigación, obtuvo una propuesta de los legisladores iraníes para restringir el comercio bilateral. Lo que más molestaba a los funcionarios persas eran los fraseos y calificativos que utilizaba Argentina en sus comunicados.

El intercambio comercial entre ambos países había estado prácticamente paralizado hasta el 2006. A partir de ese año, el nivel de exportaciones comenzó a repuntar, llegando a su pico máximo en 2010, cuando las exportaciones a Irán llegaron al récord histórico de 1.453 millones de dólares, durante la gestión de Taiana.

El nivel de intercambio (exportaciones e importaciones) no llegaba a los 10 millones de dólares hasta el año 2006, saltó a poco más de 300 millones de dólares en 2007, casi enteramente explicados por las ventas argentinas, y se triplicó al año siguiente, cuando las exportaciones y el saldo a favor de la Argentina superaron los 1.000 millones de dólares. Al año siguiente el nivel de intercambio se debilitó, debido al efecto de la crisis económica y financiera internacional, y llegó a un récord absoluto en 2010, cuando la Argentina exportó a Irán un total de 1.453 millones de dólares y registró un saldo favorable de 1.429 millones. En 2011 y 2012 el superávit argentino merodeó los 1.000 millones de dólares. La consultora Abeceb.com comparó para esta investigación el comercio de los primeros ocho meses de 2012 con igual período de 2013, cuando el acuerdo estabavigente. Entre uno y otro período las exportaciones argentinas saltaron de 607 a 870 millones de dólares, un aumento del 27 por ciento. El 95 por ciento de las ventas argentinas en los primeros ochos meses de 2013 consistió en aceite de soja (56,2 por ciento), subproductos oleaginosos de la soja (36,7 por ciento) y soja (1,9 por ciento). El resto fueron arroz, cebada y aceite de girasol. Poco más de la mitad de las magras compras argentinas a Irán fueron “Vidrio y sus manufacturas”. Los cinco primeros exportadores concentraron las tres cuartas partes de las ventas totales, a saber: 1) Bunge Argentina 33,2 por ciento, 2) Oleaginosa Moreno 15 por ciento; 3) Aceitera General Deheza 12 por ciento; 4) Nidera 11,2 porciento, y Friar 4,6 por ciento.

Según el excanciller, este cambio en la política comercial no estuvo relacionado a ninguna intervención oficial por parte del gobierno argentino, sino que fue una decisión unilateral de Irán. A pesar de que el gobierno nacional sostuvo que los intereses comerciales no terciaron en la decisión de firmar el memorándum de entendimiento, Rafael Bielsa opinó lo contrario: “Eso no se lo puede creer nadie. Me parece un argumento pelotudo, me fastidia mucho, porque ese era un tema sagrado para Néstor. Debe haber habido un cambio de política motivado por alguna razón que no es la que se está exponiendo. Hablar de venderle o comprarle a Irán cuando yo era canciller era casus belli, una cosa que no se le pasaba a nadie por la cabeza”, afirmó en una entrevista con el diario Perfil.

Más allá de las críticas de los ex diplomáticos, durante 2011 y 2012, períodos en los que precisamente se habría acordado el memorándum de entendimiento, las exportaciones a Irán descendieron y, hasta el momento, no recuperaron los niveles de 2010. El restablecimiento de las relaciones comerciales no derivó, durante la gestión de Jorge Taiana, en un acercamiento político. Sin embargo, todo cambiaría con la llegada de Héctor Timerman. A diferencia de su antecesor, el flamante canciller sería un amigable interlocutor de los intereses de Irán.

Así fue la presentación del libro


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