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A 20 años de un récord olímpico marcado por la muerte

Mañana será el aniversario de la marca en los 100 metros libres femeninos que erigió a Florence Griffith-Joyner en Seúl. Su repentina muerte el 21 de septiembre de 1998, encendió las discusiones sobre las consecuencias del uso de anabolizantes. Recordá el récord.

Mañana se cumplen 20 años del récord del mundo femenino de los 100 metros que aún mantiene la estadounidense Florence Griffith-Joyner, cuya imagen provocó simpatías, admiración y sospechas de doping alimentadas por su prematura muerte.

Aun cuando estaba a la sombra de sus compatriotas Evelyn Ashford y Valerie Brisco-Hooks, así como a la de las heroínas de la Alemania Democrática Marlies Göhr y Marita Koch, la racial californiana siempe atrajo para sí la mirada de los espectadores: con su cabello negro rizado, sus estridentes y ajustados trajes en la pista y sus uñas de 16 centímetros pintadas de colores, "Flo-Jo" voló por las pistas de todo el mundo.

Mañana se cumplirán 20 años de la carrera que por sorpresa, de repente, provocó la explosión de Griffith-Joyner. En los campeonatos nacionales de Estados Unidos, clasificatorios para los Juegos Olímpicos de Seúl '88, corrió en Indianapolis los cuartos de final de los 100 metros en 10,49 segundos, 27 centésimas más rápido que la plusmarca que ostentaba Ashford (10,76).

"Los dioses estuvieron con ella", dijo el nueve veces campeón olímpico Carl Lewis sobre una carrera en la que el nulo viento a favor medido en la pista resultó sospechoso. En los Juegos de Seúl confirmó su marca con un tiempo de 10,62 y mejoró el récord del mundo de los 200 metros que tenía Koch dejándolo en 21,34, otras 37 centésimas menos.

Hasta ahora sólo una atleta se acercó a semejantes marcas: su compatriota Marion Jones (10,65 y 21,62 en 100 y 200 metros, respectivamente). Jones confesó hace meses haberse dopado.

Los fenomenales tiempos de Griffith-Joyner fueron observados desde el principio con desconfianza. A la sospecha contribuyó el cambio físico de la atleta, que en el plazo de pocos meses pasó de ser una velocista fina y ligera a una musculosa atleta con voz sonora y en la que algunos quisieron reconocer incluso algo de vello por encima del labio superior.

Ya en Seúl circuló el rumor de que otro "pez gordo" había dado positivo además del canadiense Ben Johnson, pero que el COI no se podía permitir un segundo gran escándalo.

"Nunca me dopé", explicó siempre tras pasar numerosos controles antidoping. Incluso habló del caso de Ben Johnson: "Es triste para el deporte que los atletas crean que deben tomar sustancias prohibidas para ser campeones".

Para su transformación física siempe tuvo también una explicación. "Estaba cansada de ser segunda. Si se quiere correr como un hombre, hay que entrenar como un hombre".

Pocos meses después de los tres oros en los Juegos de Seúl (100, 200 y 4x100 metros, además de la plata en 4x400), el 25 de febrero de 1989 dio por concluida su carrera.

Luego se dedicó a ganar dinero a través de contratos publicitarios y como diseñadora de trajes para la pista y de uñas y dedicó su tiempo a su hija Mary Ruth y a escribir libros para niños. Su anunciado regreso en los Juegos de Atlanta en 1996 al final no prosperó por unas molestias en la rodilla.

No tomó en serio un ligero ataque de apoplejía en abril de 1986 durante un vuelo entre Los Angeles y St. Louis, pero el hecho reavivó las sospechas: ¿Eran las consecuencias tardías del doping? Su repentina muerte el 21 de septiembre de 1998, con sólo 38 años, encendió las discusiones sobre las consecuencias del uso de anabolizantes.

La mujer más rápida del mundo murió mientras dormía por un ataque epiléptico provocado por una anomalía cerebral congénita. La autopsia no reveló restos de doping.

Su marido, Al Joyner, campeón olímpico en triple salto en Los Angeles 1984, se rebeló. "¡Déjenla al menos ahora descansar en paz!". Tras su muerte, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, tuvo palabras de reconocimiento que aún son válidas hoy para resumir la corta vida de la atleta. "Nos deslumbró su velocidad, nos rendimos a su talento y al brillo que desprendía siempre en la pista".

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4 de Diciembre de 2016|01:03
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