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Del Potro, el tandilense que dejó de ser una promesa

Fanático hincha de Boca, su primera pasión no fue el tenis sino el fútbol, que practicaba en el club Independiente de su ciudad natal. Hasta que se topó con Marcelo Gómez, el entrenador que lo vio y se lo llevó para el mundo de las raquetas.

Los proyectos de buenos jugadores en cualquier disciplina, las promesas, viven esos tiempos mágicos en que están exentos de presiones cada vez por lapsos más breves, porque el profesionalismo enseguida les exige resultados, y el tenista Juan Martín Del Potro ya se acerca a eso.

Los 19 años en el pasaporte ya trajinado de sellos estaban dejando de ser obstáculos para esa inmunidad, porque en los últimos tiempos no lograba plasmar algún resultado resonante. Entonces, las dudas se planteaban sobre si "todavía está verde" o "se está quedando en promesa".

Hasta que en el camino de este tandilense físicamente muy parecido al brasileño "Guga" Kuerten apareció una semana de competencia en la ciudad alemana de Stuttgart. Lo que estaba necesitando. La victoria conseguida hoy en la final ante el francés Richard Gasquet lo colocó ante su primer título profesional, algo que todo el ambiente estaba ya reclamándole, por el momento en voz baja.

Pero a pesar de estas también cortas idas y vuelta, Del Potro nunca dejó de crecer, ni en centímetros ni en el nivel de su juego. Fanático hincha de Boca, su primera pasión deportiva no fue el tenis sino el fútbol, que practicaba en el club Independiente de su ciudad natal. Hasta que se topó con Marcelo Gómez, el entrenador que le vio condiciones y se lo llevó para el mundo de las raquetas.

Pese a todo, confiesa que a la hora de ver deportes por televisión, se inclina más por un partido de fútbol que por uno de tenis. Si bien es muy joven, tantos viajes y una soledad forzada lo hicieron madurar de golpe. Entonces, los excesos de responsabilidad lo hacen presionarse ante cada objetivo que se le pone por delante.

Ya fue parte del equipo argentino de Copa Davis y mañana se ubicará 43ro. en el ranking, su mejor posición histórica desde que abandonó los torneos challengers y se metió de lleno en el círculo híperprofesionalizado.

El primer gran cimbronazo emocional lo vivió cuando estaba muy cerca de meterse entre los 100 mejore tenistas del mundo. Allí lo ganó la ansiedad y reconoció que con esa autopresión no podía desarrollar su mejor tenis. Pero el tiempo pasó, ese objetivo se superó ampliamente y ahora, también a largo plazo, espera concretar un sueño que ya se atrevía tímidamente a hacer público dos años atrás: "ser el número uno del mundo".

El año pasado terminó la secundaria estudiando "a distancia" y cree que cuando deje la actividad, seguramente no mucho más allá de los 30 años, completará una carrera universitaria porque "desde chiquito" decía que algún día se iba a recibir "de arquitecto".

La mochila de "máxima promesa del tenis argentino" empezó a vaciarse lentamente hoy en Stuttgart para empezar a llenarse otra: la de la confirmación de sus virtudes y cualidades. Y las presiones serán entonces mucho más pesadas. Pero el pibe de Tandil todavía es un potro con bríos suficientes como para convertirse en un corcel del mejor haras tenístico argentino de la historia.
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10 de Diciembre de 2016|02:34
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