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2014: el año en el que Blatter vivió peligrosamente

Ni la investigación sobre Qatar 2022 ni la antipatía de los brasileños lograron derribar al hombre que maneja los hilos del fútbol mundial.

 Un lapsus en la Gala del Balón de Oro en enero parecía presagiar el comienzo del declive para un Joseph Blatter que se acerca velozmente a los 80 años. Sin embargo, el presidente de la FIFA demostró durante un 2014 en el que vivió peligrosamente que su ambición por el poder sigue intacta. 




Ni la antipatía de los brasileños ni la desconfianza de Dilma Roussef ni la oposición de Europa ni la investigación sobre Qatar 2022 lograron derribar al hombre que maneja los hilos del fútbol mundial desde 1998 y que en 2015 se presentará para su quinto mandato.

Nada, que no sea la siempre frágil salud de un hombre que este año cumplió 78 años, parece poder impedir que Blatter sea reelegido en mayo como jefe de la FIFA. El único rival que tiene hasta ahora es el francés Jerome Champagne, ex vicesecretario general del organismo y antigua mano derecha del suizo.

El diplomático, a quien nadie concede verdaderas opciones, anunció su candidatura en enero en Londres, poco después de que la FIFA entregara el Balón de Oro a Cristiano Ronaldo en una gala en Zúrich en la que Blatter olvidó parte de su discurso y se mostró más titubeante que nunca.

Champagne, de 56 años, podía presentarse como una versión rejuvenecida del suizo, con el que comparte la mayor parte de su discurso. Pero Blatter, que en su anterior reelección en 2011 aseguró que este sería su último mandato, se encargó pronto de dejar claro que quería seguir siendo el jefe.

"Aquellos que dicen que es un aliado están equivocados", dijo el suizo a dpa en marzo cuando se le preguntó por Champagne. "Es un rival, un rival".

Ya entonces, Blatter hablaba como seguro candidato a la presidencia, aunque no oficializó su decisión hasta septiembre, cuando los mayores obstáculos se habían apartado del camino. "Quiero servir a la FIFA en un quinto mandato", dijo el suizo, que está convencido de que su "misión" no ha terminado.

Antes, el presidente había tenido que enfrentarse a la rebelión de la UEFA, la Confederación más potente del mundo, que esperaba que su presidente, Michel Platini, se postulara a liderar la FIFA.

"Es momento de que se vaya", lanzó el sueco Lennart Johansson, presidente de honor de la organización europea, en una lluviosa mañana en Sao Paulo justo antes del comienzo del Mundial de Brasil.

Para los europeos, Blatter tiene que asumir su responsabilidad por la reputación del organismo que lidera, golpeado por escándalos y sospechas de corrupción pese a los intentos reformistas del suizo. "La imagen de la FIFA es muy, muy mala, por eso creo que es momento de que deje el cargo, pero no creo que quiera", señaló recientemente Platini.

Sin embargo, el francés anunció en agosto que, después de meses de deshojar la margarita, había decidido no retar a Blatter. El suizo podía respirar tranquilo, pese a que probablemente el legendario ex jugador tampoco habría sido rival para un Blatter que tiene bien sujetos los votos de Asia, África, Concacaf y, probablemente, Conmebol, incluso aunque ya no esté allí su viejo aliado Julio Grondona, el gran caudillo del fútbol argentino que murió en julio a los 82 años ocupando todos sus cargos.

Antes de todo eso, el helvético había superado también la prueba de Brasil 2014, donde se enfrentaba a la amenaza de nuevas protestas masivas en las calles como las de un año antes durante la Copa Confederaciones, cuando la población mostró su indignación con el gobierno y la FIFA por el dinero público gastado en los estadios.

"Vamos a hacer la ceremonia inaugural de manera tal que no haya discursos", adelantó a dpa Blatter, que temía nuevos abucheos en Brasil. Pese a los retrasos en las obras, el Mundial se celebró sin sobresaltos y las protestas no se repitieron, por lo que Blatter, que pasó por el país como un fantasma, pudo aflojarse el cuello de la camisa.

Pero la FIFA no sabe lo que es el sosiego, así que 2014 terminó con otro incendio. La decisión de exonerar a Rusia y Qatar de todos los cargos de corrupción en el polémico proceso de elección de los Mundiales de 2018 y 2022 no sólo no terminó con un problema que persigue al ente rector desde 2010, sino que abrió nuevos interrogantes de cara a un 2015 en el que Blatter seguirá viviendo peligrosamente. 

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9 de Diciembre de 2016|22:22
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