Los libros empiezan a abandonar los clichés de género

Los libros para niños deben tener monstruos en sus tapas y los destinados a niñas animales tiernas y princesas... Ese es el estereotipo que se acaba.

Los libros para niñas suelen tener portadas de colores rosas y estar protagonizados por princesas, hadas o similares. (O por Barbie, protagonista, por cierto, de uno de los últimos escándalos literarios del año en forma de viral, cuando el cuento que protagonizaba como informática la mostraba como una inepta en la materia. No os preocupéis. Internet ha convertido a Barbie en eficiente hacker en venganza). Los libros para niños suelen estar llenos de aventuras y acción. Porque todos sabemos que las niñas solo quieren leer historias románticas de princesas rescatadas por príncipes azules y los niños La isla del tesoro.

¿Es cierto esto? Por supuesto que no: y si hace años que los juguetes han intentado (presión de padres, educadores y niñas mediante ser menos sexistas), los libros están llamados a seguir la misma senda. A principios de año, una iniciativa Let books be books ya intentó reivindicar la lectura sin cortapisas de género, con una campaña viral en la que los protagonistas eran hombres y niños que leían libros que no les correspondían. Teniendo en cuenta que un estudio que comparaba los libros infantiles publicados desde 1900 a 2010 concluía no hace mucho que los libros para niños son hoy más sexistas que hace 50 años, la reivindicación parecía bastante necesaria.

Pero ahora que la campaña de Navidad está en pleno apogeo y se compran más libros que en otros meses (y más niños los recibirán como regalo), la cuestión se vuelve aún más destacada. Como apuntan desde la firma de análisis de mercado Mintel en un estudio, en estas Navidades la tendencia a luchar contra los estereotipos de género en los libros (y en los juguetes) ha cogido un poco más de fuerza y empieza a marcar un poco más el mercado. Sus estudios son sobre el mercado anglosajón, pero sus conclusiones se pueden proyectar sobre otros mercados.

La gran muestra de cómo está reaccionando el mercado en la cuestión de los libros y las cuestiones de género es la editorial Ladybird, una de las grandes de la edición británica para niños (y que pertenece al gigante Penguin Random House). La compañía ha anunciado que va a potenciar que sus libros tengan libros de apariencia y títulos neutrales en cuestiones de género, para que así los niños escojan lo que realmente quieren leer sin cuestiones de sesgo por el contexto.

La decisión es posiblemente una cuestión de estrategia de mercado: al fin y al cabo es un gigante editorial e igualmente al fin y al cabo los estudios de mercado (los datos de la propia Mintel así lo demuestran) los padres están cada vez menos de acuerdo con la idea de que existen juguetes y cosas de niñas y otras que son de niños. Y, si están poco de acuerdo con la idea, obviamente se sentirán menos dispuestos a apoyarla. El que sea un gigante editorial el haya hecho un anuncio así añade más empaque a la decisión: es decir, si los grandes empiezan a tener eso en cuenta, es muy posible que el efecto dominó en el cambio sea mayor.

En el caso de los juguetes, la presión de las campañas de los consumidores hizo que las grandes cadenas de jugueterías y distribución acabasen terminando con las separaciones por género de los juguetes. Y, para aquellos que aún de cuando en cuando se dejan arrastrar por la tentación de hacerlo, las redes sociales funcionan como sistema de alerta: un tuit protagonizado por una niña de 7 años que se quejaba de que la cadena de supermercados Tesco vendía como ‘el regalo perfecto para un niño’ un despertador de superhérores se convirtió en una pesadilla de imagen para la marca y acabó con la idea de que solo los niños se merecían ese regalo.

En Reino Unido algunos nombres del mundo editorial, como algunos escritores y como la cadena de librerías Waterstones ya se han sumado en los últimos años a la lucha por acabar con los estereotipos de género en la literatura infantil.

Cierto es, y no debería ser olvidado, quemuchas editoriales independientes y pequeñas han hecho ya un trabajo espectacular y muy destacable a la hora de crear libros infantiles que son diferentes y que no responden a todos estos clichés. No hay más que pensar, por ejemplo, en loslibros de Kalandraka, que no son solo preciosos visualmente sino que rompen con todos los estereotipos sobre cómo debe ser un libro para niños. La editorial empezó como una aventura editorial en gallego, pero luego dio el salto a muchos otros idiomas y hoy es una de esas que se podrían incluir en la lista de básicos en libros que habría que comprar a los niños. “Siempre partimos de que los libros para niños no deben ser ñoños ni orientarse a los mensajes y los tópicos”, explicaba en una entrevista Xosé Ballesteros, uno de sus fundadores.

La cuestión no es además baladí, ya que los juguetes y las lecturas infantiles funcionan como una educación para la ciudadanía y sobre todo para perpetuar según qué ideas (como por ejemplo que una niña solo puede jugar con una cocinita… y solo puede hacer ella las tareas del hogar). Según un estudio de Mintel, las ideas asociadas a lo que tradicionalmente se ha pensado que deben hacer hombres y mujeres aún afecta y mucho a los niños y a los adolescentes a la hora de pensar qué quieren ser de mayores. Las niñas siguen queriendo ser profesiones asociadas a conceptos creativos o que implican cuidar a los demás.

Fuente: http://www.libropatas.com/

Opiniones (0)
10 de Diciembre de 2016|13:06
1
ERROR
10 de Diciembre de 2016|13:06
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    15 fotos de la selección del año de National Geographic
    8 de Diciembre de 2016
    15 fotos de la selección del año de National Geographic