Rodolfo Braceli y el ADN de los argentinos

"Células de identidad" es el título del nuevo libro del escritor mendocino, que estará presentándolo el jueves a las 20.30 en el Quintanilla.

“Cuando a los libros no los puedo presentar en Mendoza es como si se quedaran en la puerta del horno… y yo me quedo en el horno”, dice, con su serenidad, con esa suerte de paciencia que le tiene a la vida y al tiempo, Rodolfo Braceli, recién llegado a la provincia, para presentar mañana su nuevo libro, Células de identidad, en el que reúne varias voces (las de 19 entrevistados y la suya) en la búsqueda –o al menos en la básica actitud científica y vital de preguntarse, de cuestionarse– de un ADN argentino.

Células de identidad, tapa

La presentación va a ser el jueves a las 20.30 en el teatro Julio Quintanilla (centro de la plaza Independencia), una sala muy cargada de significaciones para Braceli. “Un lugar entrañable en el que hace muchos años presentaba la película de Locche que escribí y dirigí”, dice, en referencia a Nicolino Intocable Locche, el mediometraje que realizó a mediado de los ochenta.

Laboratorio argento

No hace mucho que ha descendido del avión que lo trajo de Buenos Aires cuando nos atiende. “Nunca descanso en Mendoza, siempre tengo muchas cosas que hacer, entre visitas a parientes, entrevistas y demás… Yo vuelvo a Buenos Aires a descansar”, nos ha dicho un par de días antes cuando lo llamamos para concertar esta charla. Pero es Braceli, y quién mejor para conocer el valor de una entrevista. Así que nos atiende y nos habla sobre Células de identidad, un libro que, nos dice, “tiene algo de laboratorio”.

Células de identidad reúne entrevistas que Braceli realizó a varios personajes que, en conjunto, nos orientan. Porque esa es, de alguna manera, la propuesta. Braceli nos da el barro y nos exige nuestra participación, nuestra intervención en la construcción de eso tan complejo de definir y asir que encerramos en el concepto de “argentino”.

“Lo tengo pensado como una especie de organismo”, nos dice respecto de Células de identidad, donde ha reunido a personalidades muy disímiles, “no por mejores o peores, sino por lo que encarna y significa cada uno en función de la identidad argentina, cada uno de los personajes representa algo especial, a veces a través de una paradoja”, sintetiza.

Braceli nos da los elementos, es tarea del lector, en todo caso, realizar la síntesis.

Algunas células

La invitación a la presentación de Células de identidad nos adelanta que Rodolfo Braceli Braceli “hará escala en las estaciones” Maradona y Charly y Piazzolla con sus prodigiosas desmesuras; Sandro, obrero tallando cada día su idolatría; Luis Spinetta, desnucando límites; Mercedes Sosa, con su paradoja: venerada por multitudes pero tan sola; Alberto Olmedo, jugando en la cornisa y soñando su final; Ulises Dumont, rompiendo todos los moldes posibles, y Alicia Moreau de Justo, noviando con el futuro, entre otros.

Aprovechamos entonces la charla para que nos sintetice, como botón de muestra, lo rico de algunos de los entrevistados que compiló en el libro.

Juan Manuel Fangio: “Cinco veces campeón del mundo, se supone que es el rey del vértigo, pero la paradoja es que me encontré con un Fangio sumamente zorro, muy cauteloso, nada que ver con una especie de Di Palma, y su paradoja es que termina siendo el gran elogio de la velocidad de la tortuga”.

Isabel Sarli: “Ha sido el símbolo sexual de varias generaciones no solamente de Argentina, sino también de varios países de habla hispana. La paradoja en ella es que es una mujer sumamente candorosa, vergonzosa. Mientras la entrevistaba se bajaba permanentemente la pollera para tratar de tapar esas hermosas rodillas que tiene”.

Leonardo Favio: “Es uno de los personajes que conozco desde la niñez y que entrevisté varias veces. Lo elegí porque lleva hasta las últimas consecuencias la ternura. En general, la ternura carece de prestigio artístico, literario y demás, siempre es vista como que es buena pero es algo menor. Favio consiguió llevar la ternura, no sólo en sus canciones, sino también en sus películas, hasta las últimas consecuencias, y con eso convenció a los intelectuales, y a los intelectualudos también”.

Amalia Fortabat: “La entrevisté largamente. Representa algo en el organismo argentino que tiene que ver con portarse como una reina, ese deseo oculto que pica en las monarquías. Una reina que, pensaba, tiene mil cuatrocientos millones de hectáreas, entre otras cosas, y ahí, mientras la entrevistaba, a seis o siete metros, tenía un cuadro de Van Gogh con el que se puede mantener la vida de una familia tranquilamente. La puse porque es un personaje distinto”.

Juan Gelman: “Estamos en otro terreno, el de la poesía, del dolor, de la lucidez. Ahí tenemos al gran destripador de palabras que toma la herencia de César Vallejo”.

“Y no me faltó poner a un nombre ignoto y primordial, un hachero que conocí casi de casualidad en el año setenta, que representa al hombre primordial”, concluye Braceli esta suerte de repaso de Células de identidad.

La nacionalidad de Dios

En la charla de presentación de su nuevo libro, Rodolfo Braceli reflexionará sobre nuestros complejos / sueños y frustraciones / manías y mañas / euforias y depresiones / el fútbol / los miedos / el periodismo / las antinomias / y la nacionalidad de Dios, temas sobre los que avanza en la primera parte de Células de identidad, “que es un ensayo sobre la condición argentina”, nos dice, y agrega: “Ahí largo una cantidad de preguntas que me llevan a otras preguntas”.

Pero no queremos irnos sin algunas de sus filosas reflexiones, así que lo azuzamos y le preguntamos sobre las principales frustraciones de los argentinos.

“Las frustraciones en general son una característica argentina y vienen de las euforias. Nosotros confundimos la euforia con la alegría, que es como confundir el ruido con el sonido, y somos oscilantes y cicloanímicos, ciclotímicos y cicloanímicos, y en esto tienen mucho que ver los medios de descomunicación, que trabajan para las euforias y después, cuando uno se sube a la euforia, generalmente lo que viene es una represión. Malvinas es un caso típico de euforia, toda una sociedad saltando como si fuera una competencia deportiva, y pasamos en pocos meses de la euforia a la derrota vergonzante, al ocultamiento de los muchachos que estuvieron allá”, sintetiza Braceli.

Pero ya que estamos en el baile, bailemos, así que no lo dejamos ir hasta que nos aclare eso de la nacionalidad de Dios.

“Dios, es argentino”, le preguntamos a quemarropa. Pero mirá que Braceli se va a amedrentar por una preguntita como esa. Al contrario, nos devuelve el fuego dejándonos la duda, porque sólo nos afloja una pocas palabras al respecto.

“Por muchas generaciones, un poco en broma pero íntimamente en serio, la idea era de que Dios era argentino”, dice al principio, para después rematar: “Hago un capítulo con humor en el que me pregunto que, si es argentino, en qué lugar de la Argentina nació, pero eso está con la idea de que ser argentino es una bendición, y muchas veces saltamos y dijimos es una maldición. Reflexiono sobre eso y trato de hallar una pista para encontrar de dónde viene eso de que Dios es argentino. El resto lo pueden escuchar el jueves a la noche en el Quintanilla…”.

Y, bueno, habrá que estar ahí el jueves a las 20.30…

Alejandro Frias

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2 de Diciembre de 2016|14:30
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