Nietzsche: Arte - pensamiento - liberación

Aparece la mirada libertaria, la mirada que busca liberar al hombre apresado por el yugo de la existencia. Apresado por su propia historia.

El objeto de esta nota es menos adentrar en el pensamiento nietzscheano que mostrarlo bajo la rugosa superficie de la vida. He elegido para su representación tres ámbitos: el escenario, el drama, el mundo.

Preferimos al visionario donde otros han escogido al filosofo. La oposición visionario/filósofo es una grata ocurrencia que debemos al genial poeta inglés Oscar Wilde. El lector curioso la puede encontrar bajo el título: Lo que hay que leer o no.

Nietzsche comenzó a escribir Más allá del bien y del mal durante el invierno de 1882-83, sin embargo, este libro decisivo no vería la luz hasta el año 1885, cuando decide entregarlo a la imprenta. Abandonado el tono profético - a veces agotador- de Así hablo Zaratustra, con quien este libro tiene extraña relación de parentesco -semejante al que la profecía guarda con su hija predilectica la poética-, Nietzsche aborda los temas centrales que prefigurarán La genealogía de la moral. Atrás han quedado las Consideraciones inactuales, Aurora y hasta la misma Gaya Ciencia.

Nietzsche prepara en este texto -con la maestría propia del orfebre- su preludio para una filosofía futura.

El escenario -primer momento del corpus nietzscheano-

El concepto de escenario es una interpolación al texto nietzscheano cuyo fin es solo facilitar el desarrollo de su pensamiento dentro de un ámbito topográfico. No se debe pensar en que estos tres momentos escenario-drama-mundo se dan de manera independiente o separada. Muy por el contrario, cada momento se implica y subsume en el otro, sin que signifique la consecución de un desarrollo dialéctico

El escenario no es solo el lugar de la contienda o la representación, es también, y de manera más propia, el origen. La elección de la analogía escenario-origen no es del todo arbitraria, su relación con el texto es paradigmática. En el teatro antiguo, tanto como en el moderno, el escenario sigue siendo el ámbito natural de la actuación, es decir que para hablar del actor -hagamos una sustitución: hombre, deberíamos primero examinar su relación con el escenario-permitámonos otra: origen.

Michel Foucault pone en vilo, en su libro La verdad y las formas jurídicas, todo el meditar de los lectores nietzscheanos que lo precedieron. Escribe: “Cuando Nietzsche dice Erfindung (invención) es para no decir Usprung (origen).”

La interpretación a la vez curiosa y perturbadora de Foucault se apoya en un texto póstumo del propio Nietzsche fechado en 1873. Cita: “En algún punto perdido del universo, cuyo resplandor se extiende a innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue aquel el instante más mentiroso y arrogante de la historia universal”.

El escenario sigue siendo el origen pero ahora debemos pensarlo como Erfindung (invención), como topología en todo caso si deseamos asignarle un espacio. En es este espacio concreto del conocimiento como invención es donde se desarrolla la contienda.

“Yo no creo que un instinto de conocimiento sea el padre de la filosofía, sino que aquí, como en otras partes, un instinto diferente que se ha servido del conocimiento y del desconocimiento nada más que como un instrumento. Para quien examine los instintos fundamentales del hombre con el propósito de saber hasta qué punto precisamente ellos pueden haber actuado aquí como genios o demonios o duendes inspiradores, encontrará que todos ellos han hecho alguna vez filosofía y que a cada uno de ellos le gustaría mucho presentarse a sí mismo como finalidad última de la existencia y como legítimo señor de todos los demás instintos. Pues todo instinto ambiciona dominar y en cuanto tal intenta filosofar” (Mas allá del bien y del mal).

Aquí nace para Nietzsche el concepto de genealogía, que tiene por propósito iniciar el periplo que abarca desde el origen hasta el ethos o, para decirlo de otro modo, desde el escenario al mundo.

El drama -segundo momento del corpus nietzscheano-

El concepto de drama es el punto medular de la propuesta nietzscheana, encierra y completa al de origen. Sabemos de sobra lo que drama significa, o mejor aún, sin saberlo podemos ejemplificarlo, dramáticas son las palabras de Hécuba, esposa de Príamo, a su hijo Héctor. “Héctor, hijo mío. Respeta este seno y apiádate de mí” (La Ilíada). O aquellas otras más famosas de Shakespeare en donde Hamlet dice: “To be or not to be”. El drama expresa la diferencia genealógica, los términos de la jerarquía, que en Nietzsche tienen dos significados opuestos, por un lado, marcan, como ya dijimos, la diferencia genealógica, es decir, la distinción de las fuerzas activas y de las fuerzas reactivas. Para decirlo a la manera de Gilles Deleuze, designa el triunfo de las fuerzas reactivas; cita: “Donde el esclavo que ha dejado de ser esclavo prevalece sobre un señor que ha dejado de serlo”.

La dualidad en el origen de las fuerzas -nihilismo- puede ser explicada por el devenir negativo de la filosofía, es decir, por la preeminencia del concepto de Ursprung sobre el concepto de Erfindung. El origen sobre la invención. Para Nietzsche, el conocimiento no es origen sino invención. No es naturaleza sino sobre-naturaleza.

En el drama, la contienda es sostenida no por las fuerzas activas, sino por las fuerzas reactivas, en ellas -las fuerzas reactivas-, el elemento diferencial genealógico aparece invertido. Prefieren volverse contra sí mismas en vez de aceptar la diferencia como fundamento distintivo. Las fuerzas activas, en cambio, operan de otro modo, su afirmación no es como en el proceder especular negación de lo otro, sino afirmación de sí.

El mundo -tercer momento del corpus nietzscheano-

En los puntos anteriores hemos adelantado algo de lo que el mundo significa. Hemos dicho que el mirar genealógico abarca el periplo que se inicia en el origen y concluye en el ethos. Para el microcopista, para el hombre que omite los ruidos grandilocuentes y presta atención a los pequeños murmullos, el mundo no tiene un carácter resolutorio. Su estructura es más parecida a una intrincada red de discursos que al andamiaje de un cuerpo fijo. Esto no quiere decir que el mundo no exprese la diferencia genealógica, sino que en él esa diferencia no puede ser rescatada como Ursprung -origen- sino como Erfindung -invención-.

Por otro lado, la idea de mundo -en el sentido de cosa- es para Nietzsche opuesta a la idea de conocimiento. No existe entre ambos, mundo-conocimiento, continuidad natural. El orden de las cosas es distinto del orden del discurso. Gilles Deleuze dirá en su texto Nietzsche y la Filosofía: “Preferimos la honestidad de Calícles al resentimiento de Sócrates”. La disputa es antigua y la filosofía ha dado cuenta en su intrincado devenir a una y otra posición.

Post-texto

El concepto de súper-hombre puede y debe tratarse de manera paradigmática. (Nietzsche no escribe Zaratustra en parábolas porque busque la parodia. En su obra, la cuestión del estilo está siempre supeditada a la argumentación filosófica. En este sentido, se puede consultar Los Espolones de Nietzsche, de Jaques Derrida.) De lo contario incurriríamos en un error no sólo metodológico, sino también en uno estético.

Para apropiarnos -momentáneamente- de la estructura de súper-hombre, analizaremos previamente la figura del David de La creación y el concepto de pudor.

Los índices no se tocan. No buscan uno el contacto del otro. Tampoco se señalan, no se designan como si se tratase de un catálogo. Sin embargo no pueden prescindir el uno del otro, no conforman una unidad sino un vínculo. Los índices confrontados expresan el drama. Los términos del mundo. La tensión de los músculos, la articulación de los dedos, el suave matiz de la pincelada. El drama expresa el movimiento del mundo en sus dos momentos, activo-reactivo.

En Nietzsche, la dualidad en el origen de las fuerzas -nihilismo- no puede ser superada. “Ama tus virtudes le decía Zaratustra al hombre, pues morirás a causa de ellas”. El concepto de súper-hombre tiene como propósito liberar al hombre del yugo de esa insuperabilidad propuesta en el nihilismo. El súper-hombre es el hombre en busca de la trans-valorización de los valores. Es el hombre después del hombre. Crear nuevos valores, eso le conviene al nuevo hombre dice Nietzsche, trans-valorar.

Aquí aparece la mirada libertaria, la mirada que busca liberar al hombre apresado por el yugo de la existencia. Apresado por su propia historia. En este sentido puede decirse que Nietzsche es un pensador libertario, un pensador que busca, a través de un proceso de trans-valorización, construir las simientes de un nuevo hombre. De un hombre más libre. Un súper-hombre.

Reír-jugar-bailar. Esas son las nuevas virtudes, esos los nuevos valores.

Carlos Córdova

Opiniones (0)
11 de Diciembre de 2016|04:56
1
ERROR
11 de Diciembre de 2016|04:56
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    15 fotos de la selección del año de National Geographic
    8 de Diciembre de 2016
    15 fotos de la selección del año de National Geographic