Sin dudas, el mejor thriller del año

Se titula "Vestido de novia" y es del francés Pierre Lemaitre. Una historia en la que el asesinato de un niño de seis años es una trivialidad.

Sophie está sentada en el suelo con la espalda contra la pared. Llora, jadea, y acaricia tiernamente una cabeza apoyada en sus piernas. A las pocas páginas nos enteraremos de que esa cabeza es de un niño de seis años muerto. También nos enteraremos de que ese niño fue asesinado con un cordón de zapatillas y que tiene las manos y los pies atados.

Vestido de novia tapa

Escena impactante. Adecuada para comenzar un relato que viene con la calificación de thriller psicológico. Bien. Está bien. Así comienza una de las novedades de Alfaguara de diciembre, Vestido de novia, para ser más exactos, del francés Pierre Lemaitre.

Nada llama la atención en las primeras páginas de esta novela que he decidido comenzar a leer ahora por una sencilla razón: tengo que viajar, invitado para presentar un libro, al sur de la provincia. La ida será en auto, con Lucrecia, la autora del libro a presentar, y su pareja, Facundo, un geógrafo con el que he compartido varios partidos de fútbol, entre otras cosas. Así que la charla está garantizada, nada de lectura. Pero el regreso será en colectivo, y ahí sí que te encargo las más de cuatro horas sentado, entonces tomemos un libro medianamente ligero, nada que implique mucha concentración, porque, ya se sabe, uno no elige el compañero de viaje y puede suceder que un charlatán o una charlatana se siente al lado e interrumpa la lectura a cada rato, amén de las películas que suelen poner en esos recorridos, por lo general bodrios hollywoodenses con explosiones, peleas y demás efectos de atracción que distraen la lectura, cuando no la imposibilitan.

Así que así estamos. Una siestita para recuperar fuerzas arriba del colectivo y luego, cuando me despierto, tengo sentada al lado a una chica que escucha música con auriculares desde su teléfono celular. La película ya ha empezado; confirmado, es un bodrio hollywoodense, pero han tenido el buen tino de que el volumen sea bajo, no invasivo, perfecto para sacar de la mochila el libro, Vestido de novia, de Pierre Lemaitre, ya lo dije, y avanzar en la historia de esa pobre chica que comienza la narración con un niño de seis años muerto al que le acaricia la cabeza…

Bueno, metámonos en la lectura… Y si llega a convertirse en un bodrio equivalente a la película que proyectan en el micro (en ese momento, en la pantalla hay algunos orientales matando dragones o algo por el estilo), siempre queda la opción de abrir la notebook y ponerse a escribir…

Capítulo uno

Con alguna que otra desconfianza avanzo en Vestido de novia, pero no he llegado a la página 40 que ya estoy atrapado. ¿Qué atrapa de esta novela en las primeras páginas? Bueno, más allá del morbo de querer saber qué paso con ese niño de seis años muerto, lo que engancha es el mismísimo ritmo de la narración. Lemaitre le imprime una velocidad que, en conjunto con la sucesión de hechos cada vez más incomprensibles en los que Sophie se ve envuelta para poder huir (de la muerte que ya conocemos y de otras, previas y posteriores), nos empieza a agitar. Y justo cuando se está en el punto más alto, en el que ya es imposible despegarse, ¡zas!, llega la página 109 y termina el primer capítulo.

Listo, Lemaitre me tiene en sus manos. La piba que viaja en el asiento de al lado sigue escuchando música, los orientales se siguen matando en el televisor que cuelga del techo del colectivo, estamos en el medio de una de esas zonas mendocinas con paisajes llanos para ambos lados, el sol ha comenzado a descender definitivamente hacia la distante montaña…

Falta mucho viaje todavía, el relato en la novela es consistente, ha logrado que me interese, nada de otro mundo hasta ahora... Está bien, vamos al capítulo 2.

Hay que ver cómo es el destino…

Al promediar la página 113 ya uno comienza a incomodarse. 

Sabiendo que esta lectura es, también, parte del trabajo, se me cruza por la cabeza la pregunta acerca de cómo comentar este libro.

Página 120, y entonces la incomodidad inicial comienza a convertirse en sensaciones más específicas. Pánico, odio, desesperación. Se es testigo de escenas en las que uno sabe que no podrá intervenir. Y se instala definitivamente el deseo de que el libro acabe ya, que se termine de una vez, que toda esa perversión encuentre un final pronto, pero sólo se está en la página 193, sólo he avanzado hasta la página 193, y una frase me lleva al extremo de la tensión, al cenit de esa incomodidad que se transformó en desesperación ante ese relato que de un momento al otro viró para convertirse en una historia en la que la crueldad impide cualquier reacción, y las revelaciones que comenzaron páginas atrás nos atormentan más a cada párrafo.

“Hay que ver cómo es el destino…”, dice la frase de la página 193, y la impotencia ante lo que pasa delante de nuestros ojos nos llena de angustia.

Revelar, por error, algo, por mínimo que sea, de lo que sucede en esta novela es impedir que otros la lean con la misma profundidad, que otros sean atrapados por la garra narrativa de Lemaitre de la manera en que me atrapó a mí. Así que va de nuevo la pregunta: ¿cómo se hace para reseñar Vestido de novia?

Qué buena y qué mala elección fue este libro para hacer el viaje de vuelta. Buena porque… en fin, ya han leído todo lo anterior y saben por qué. Mala porque desde hace más de una hora y media necesito calmar ansiedades pero, arriba de un colectivo, es imposible encender un cigarrillo.

Es de noche ya. Descorro las cortinas. Hemos llegado al final del Acceso Sur y estamos rodeando el Cóndor para empalmar con el Acceso Este. En cinco minutos estaremos deteniéndonos en una plataforma de la Terminal y por fin, una vez abajo, podré encender el ansiado cigarrillo.

Nunca creí en el destino. Al contrario, soy un convencido de que lo que viviremos mañana es el resultado de lo que hicimos ayer y de lo que hacemos hoy. Por eso, esa frase ochenta páginas atrás, ya saben, “Hay que ver cómo es el destino…”, me sigue impactando en el pecho (no exagero, incomoda el cuerpo leer esta novela), me sigue dando golpes, y eso, sumado a la multiplicidad de sensaciones extremas vividas en las últimas horas con cada palabra que leía, da como resultado una decisión: no se puede decir nada de Vestido de novia sin revelar algo que frustre la lectura de quienes aún no se acercan a este libro, así que intentaré contarlo en primera persona, invitar, a partir de la experiencia personal, a que lean esta novela.

Enciendo un cigarrillo y salgo de la Terminal de Ómnibus esperando poder escribir un artículo sobre un libro en el que el asesinato de un niño de seis años termina siendo una trivialidad.

Alejandro Frias

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4 de Diciembre de 2016|19:47
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