Trabajar sentado acorta las expectativas de vida

Los estudios sugieren que estar más tiempo de pie, incluso durante el trabajo de escritorio, podría reducir el riesgo de obesidad, enfermedad y muerte

Sillas: nos sentamos en ellas, trabajamos en ellas, compramos en ellas, comemos en ellas y tenemos citas en ellas. Los estadounidenses pasan sentados la mayor parte de sus horas de vigilia; un promedio de 13 horas al día. Sin embargo, las sillas son letales.

Puede que esta afirmación le sorprenda, pero está respaldada por 18 estudios publicados durante los últimos 16 años, cubriendo un total de 800.000 personas. En 2010, por ejemplo, la revista científica Circulation publicó una investigación que siguió a 8.800 adultos durante siete años. En el grupo de personas que pasaban más de cuatro horas al día sentados viendo la televisión, hubo un 46 por ciento más de muertes que entre quienes estaban menos de dos horas frente al televisor. Otros investigadores han encontrado que pasar más de la mitad del día sentado duplica el riesgo de diabetes y problemas cardiovasculares. En general, cuando se combinan todas las causas de muerte y se compara a quienes están más tiempo sentados con los que son más activos, los primeros tienen un 50 por ciento más probabilidades de muerte.

Sentarse por largos periodos de tiempo es malo porque el cuerpo humano no fue diseñado para estar inactivo. Yo mismo he estado investigando en obesidad durante varias décadas, y mi laboratorio ha estudiado el efecto del sedentarismo desde el nivel molecular, hasta el rediseño de oficinas. La falta de movimiento ralentiza el metabolismo, reduce la cantidad de alimento que se convierte en energía, y por lo tanto promueve la acumulación de grasa, la obesidad, y la aparición de males como enfermedad coronaria, diabetes, artritis, y muchos otros problemas derivados del sobrepeso. Estar sentado es malo para las personas delgadas también. Por ejemplo, sentarse después de una comida genera altos picos de azúcar en la sangre, mientras que levantarse después de comer puede reducir dichos picos a la mitad.

La gente suele asociar estos problemas de salud con comer demasiado, no con sentarse demasiado. Pero mi experiencia con personas que luchan por reducir su sobrepeso me lleva a pensar que el sedentarismo puede ser igual de dañino. Lo bueno es que un modo de vida sedentario resulta más fácil de cambiar que los hábitos alimentarios.

Pedro (nombre ficticio) es un paciente de uno de mis programas en Minneapolis que un día me dijo: "estoy atascado." Tenía 44 años, 50 libras (23 k) de sobrepeso y sufría diabetes tipo 2. Su médico quería que empezara con las inyecciones de insulina. Le envié a mi laboratorio de la Clínica Mayo. Allí él mismo observó los datos mientras medíamos su tasa metabólica: pasear a menos de 2 millas por hora (3.2 km/h) aumentaba su consumo energético en 200 calorías por hora. Después, Pedro y yo salimos a caminar y hablamos: "Solo con dos paseos diarios como este", le expliqué, "quemarías 400 calorías extra al día".

Pedro siguió el consejo a rajatabla y empezó a realizar simples paseos. No hizo dieta, y sin embargo perdió 25 libras el primer año (11k), y 10 libras (4,5 k) más el siguiente. Pedro nunca necesitó insulina y, como ocurre en muchos diabéticos que pierden peso, dejó por completo los fármacos para la diabetes. Trasladó la costumbre a su hogar, y comenzó a salir en bicicleta y pasear por galerías de arte con su familia.

Pedro no es un caso aislado. Muchos estudios apoyan la idea de que el simple hecho de mantenerse en movimiento físico puede tener grandes beneficios para la salud. No se requiere visitar el gimnasio tres veces por semana, o rutinas diarias que la gente abandona cuando se hacen pesadas o no hay tiempo. Estar en movimiento físico varias veces al día puede cumplir la misma función. De hecho hay trabajadores, empresas y escuelas que ya han empezado a instaurar una serie de medidas para alentar a los empleados a levantarse de sus sillas.

Ropa interior mágica

Gran parte de la evidencia sobre los beneficios de estar de pie y caminar surgió de estudios que mi grupo ha estado llevando a cabo desde el año 2001, comparando la gente que vive en el campo con la que, como Pedro, vive en entornos urbanos. Para medir el tiempo que se está sentado o en movimiento, pusimos en la ropa interior minúsculos sensores de movimiento y de posición que registraban el movimiento del cuerpo en 13 direcciones cada medio segundo y durante 10 días. En broma, mis colegas y yo llamamos a estas prendas "la ropa interior mágica", debido a la gran cantidad de datos que recogía. Analizamos a los habitantes cercanos a una plantación de plátanos en Jamaica, a los de la capital de la isla, Kingston, y a residentes urbanos en los EE.UU. Entre nuestros hallazgos, vimos que los habitantes de zonas rurales en Jamaica caminaban dos veces más que las personas –incluso las delgadas– viviendo en Kingston o ciudades de los EE.UU. Los miembros de comunidades agrícolas se sientan solo tres horas al día, mientras que los oficinistas pueden pueden pasar sentados 15 horas cada día. Debido a este aumento de la actividad física en el campo, como publicamos en 2011 en la revista Urban Studies, el trabajo agrícola quema 2.000 calorías más al día que la mayoría de trabajos de oficina.

Yo estaba intrigado con la idea de que transformar el tiempo sentado en tiempo caminando, podía gastar muchas calorías. Llamé a este fenómeno "termogénesis de actividad no deportiva", o NEAT (nonexercise activity thermogenesis). NEAT es la energía que una persona gasta durante su vida cotidiana, y me pregunté si afecta también al peso de las personas con puestos de trabajo y entornos similares, no solo a los trabajadores agrícolas y urbanos.

Para averiguarlo, comparamos a personas delgadas y obesas en los EE. UU. que vivían en ambientes similares y tenían dietas y trabajos parecidos. Les pusimos nuestra ropa interior mágica, y vimos que las personas obesas se sentaban 2,25 horas más al día que sus homólogos delgados. Estas personas obesas sedentarias gastaban 350 calorías menos al día con caminatas o actividades no deportivas que las personas delgadas.

El patrón era sólido, pero no definitivo. Para ver si niveles bajos de NEAT podían causar aumento de peso, empezamos lo que llegó a conocerse como "El Experimento del Gran Atracón": Les pedimos a 16 voluntarios esbeltos que comieran en exceso, mientras les monitorizábamos cuidadosamente. Todos los días durante ocho semanas, cada voluntario ingirió 1.000 calorías por encima de sus necesidades energéticas normales.

Algunos de nuestros voluntarios eran como esos amigos frustrantes que no engordan a pesar de su consumo continuo de pastelillos; no ganaron casi nada de grasa corporal después de ocho semanas y un total de 56.000 calorías adicionales. ¿Cómo se mantuvieron delgados entonces? Nuestros sensores de ropa interior mostraron que aumentaron sus niveles NEAT, aunque ninguno dijo haber hecho un esfuerzo consciente para lograrlo. En contraste, otros voluntarios sobrealimentados transformaron casi todas las calorías extra en grasa corporal. La razón de que estos voluntarios ganaron tanta grasa era que ellos no cambiaron su NEAT; permanecieron pegados a sus sillas, como publicamos en la revista Science en 1999.

Estas personas estaban ignorando un impulso a moverse que es tan biológico como el respirar. En los animales, el movimiento permite a los cazadores perseguir, a los amenazados huir, al recolector buscar, y los reproductores encontrar pareja. Experimentos con roedores muestran que hay circuitos cerebrales específicos que supervisan y regulan el gasto calórico, la actividad y el descanso. Están en una zona llamada hipotálamo, que también regula funciones como los ciclos de temperatura y de sueño-vigilia.

Por otra parte, en la última década los investigadores han determinado que el hipotálamo influye en el apetito, y le hará sentir hambriento si pasa un día entero trabajando en el jardín. Mientras tanto, un sistema de retroalimentación desde los músculos detecta sobreesfuerzo muscular e incita a sentarse y descansar. El entorno moderno repleto de sillas ha desestabilizado este equilibrio biológico.

¿Qué podemos hacer?

No somos, sin embargo, prisioneros de este entorno. Podemos liberarnos. A pesar de que las computadoras y los videojuegos han contribuido al alza de la silla, la tecnología también puede ser parte de la solución. El teléfono celular, por ejemplo, permite conversar de pie en lugar de sentado. Una gran cantidad de sensores de actividad permiten a las personas medir la frecuencia con la que se sientan, estan de pie, o se mueven. Hay nuevos videojuegos que promueven competiciones físicas. La Nintendo Wii, que fomenta el movimiento, fue pionera en este sentido.

El trabajo de oficina puede ser más activo también. A instancia de algunas corporaciones, mi laboratorio ha rediseñado espacios de trabajo que liberan a los empleados de su aislamiento en sillas. Una empresa en St. Paul, Minnesota, marcó itinerarios en sus alfombras para fomentar que las reuniones se realizaran paseando. Una empresa en Iowa desalentó a los trabajadores de enviar correos electrónicos a sus colegas cercanos creando "zonas de trabajo libres de correo electrónico", mediante redes informáticas que bloqueaban el correo electrónico entre computadoras cercanas.

Hace una década se me ocurrió la idea de un híbrido entre escritorio y cinta de correr, como una manera de permitir que los trabajadores de oficina hicieran su trabajo mientras se movían. La máquina permite a las personas caminar mientras hacen negocios. La computadora se coloca sobre una mesa alta, que a su vez se coloca sobre una cinta de correr a velocidad lenta (1 a 2 mph) (2-3 km/h). Una persona puede pasear mientras escribe, contesta correos electrónicos, o habla por teléfono.

Naturalmente, como inventor creo que el escritorio es muy buena idea, y en 2011 me sentí muy satisfecho cuando un estudio publicado en Health Services Research Management, demostró que podía ser útil. El estudio concluyó que las personas que usaron estos escritorios estaban más delgados, menos estresados, ​​y tenían niveles de presión arterial y colesterol más bajos. La mesa de trabajo, por supuesto, no es la única manera de incorporar más actividad física al día a día.

Como en el caso de las oficinas, las escuelas también pueden convertirse en lugares más activos. Nosotros ayudamos a construir un aula en Rochester, Minnesota, donde los estudiantes practican ortografía mientras pasean y matemáticas mientras lanzan pelotas. En Idaho Falls una clase fue rediseñada para que todos los pupitres fueran reemplazados por escritorios de pie con una barra donde los estudiantes podían mover sus piernas. Los estudios demuestran que los alumnos de escuelas que promueven el movimiento físico son dos veces más activos que los asistentes a las escuelas tradicionales. Los resultados de los exámenes también mejoraron en un 10%, y sus niveles hormonales estaban en rangos más saludables.

Las ciudades pueden ser reinventadas para estimular el movimiento físico. Análisis realizados en San Francisco y el Reino Unido demuestran que los barrios se pueden reorganizar para desalentar los viajes en auto. Los tiempos de viaje aumentan solo unos minutos, la calidad del aire mejora, y los gastos médicos caen. La vida libre de sillas no solo promueve la salud, sino que también ahorra dinero.

Vivimos en medio de un mar de sillas asesinas: ajustables, giratorias, reclinables, con alas, sofás, sillones, de cuatro patas, de tres patas, de madera, cuero, plástico, en coches, aviones, trenes, comedores y bares. Esta es la mala noticia. La buena es que no está obligado a usarlas. Dése unas palmaditas en la espalda si lee este artículo estando de pie, y si no, ¡levántese! 

Fuente: http://www.scientificamerican.com/

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|05:26
2
ERROR
9 de Diciembre de 2016|05:26
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. TRABAJAR COMO UN ESCLAVO ACORTA LAS EXPECTATIVAS DE VIDA!!!
    1
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