Las condenas de Omar Luna y Emilio Fernández Cordón

Escritores, artistas, trabajadores, pero por sobre todas las cosas tuvieron el talento y la constancia para ser considerados esos tipos peleadores de la Cultura.

El domingo 26 de octubre, dos grandes de las letras mendocinas nos dejaron: Emilio Fernández Cordón y Justo Omar Luna. Ambos escritores, artistas, trabajadores, pero por sobre todas las cosas tuvieron el talento y la constancia para ser considerados esos tipos peleadores y luchadores de la Cultura.

Emilio, oriundo de San Martín, Mendoza, nacido en el 45, un narrador por excelencia, un hacedor de la Cultura con mayúscula, fundador de los encuentros de escritores de Luján de Cuyo y uno de los mejores escritores paridos por esta tierra, fue abogado, y fue jurado en cientos de concursos literarios. Su palabra escrita, en definitiva su obra, es objeto de enseñanza en distintos centros educativos a lo largo y ancho del país.

Omar daba clases en la escuela secundaria de Pareditas Oscar Funes y en la terciaria Vera Peñaloza, de Eugenio Bustos. De familia trabajadora, pero de esos trabajadores silenciosos, que laburan y no buscan reconocimientos o aplausos de la gente o placas que los recuerden. Omar era de esos. Tengo en la memoria los Encuentros de Escritores de Luján, cuando Omar le pedía a cualquier escritor que leyera sus obras pues a él le daba "no sé qué" leerlas.

La partida de Omar fue inesperada, abrupta, trágica, y lo feo de esos adioses es que no dan derecho a réplica. Son tajantes y abrasivos.

El domingo 2 de noviembre, familiares de Omar organizaron una marcha en reclamo de justicia por la muerte del escritor. En una terminal de Eugenio Bustos cubierta con un cielo también en luto, el pueblo lo recordó desde las 18.30 con velas encendidas en las puertas de sus casas, con una que otra foto "del Omar Luna" vecino, profesor, amigo, transgresor, pensador, loco y libre que todo los habitantes del sureño departamento mendocino recuerdan. Muchos lo recordaron marchando, otros, llenando, minando de sus textos las embravecidas redes sociales. El grupo de Facebook "Justicia para Omar Luna" llenándose de amigos, familiares, conocidos de aquel "Loco" de las letras que supo inspirar a conocidos y desconocidos con su obra viva y también después de su propia muerte.

Hubo también quienes lo recordaron en silencio. Los que se niegan a la idea inconcebible de aceptar estas desgracias como algo habitual y cotidiano, los que piensan que el crimen de Omar Luna debe ser una enseñanza, triste pero capaz de motivar a escritores y artistas y a todo aquel trabajador de la cultura para seguir los pasos de la lucha buena, de la lucha por un futuro poblado de letras y enriquecido por escritores locales, un panorama soñado por Omar en cada uno de sus actos y en toda su vida.

Esta primera marcha por justicia para Omar Luna no es una marcha triste. Es una marcha de personas con esperanza de justicia. "No tengo rencores con nadie. Aún hoy continúo recibiendo mensajes de aliento de amigos y gente que quería a mi hijo y respetaba su obra, y ese es mi mayor tesoro. El año próximo cumpliré 80 años, y por mi hijo lo voy a cumplir plena y feliz", nos cuenta Graciela, madre de Omar Luna. "Muchos escritores, músicos, artistas, muchísimos trabajadores de la cultura nos han estado visitando desde todas partes. Omar era amado en su tierra y fuera de ella, y la gente nos recuerda eso cada día que pasa", nos comenta Fanny Luna, hermana de Omar.

Pareditas es una tierra forjada por hombres y mujeres silenciosos y laboriosos. El polideportivo de Pareditas fue construido en un terreno donado por el padre de Omar Luna, quien trabajó por verlo construido pero sin embargo se lo llamó "polideportivo de Pareditas" en vez de darle el nombre del padre de Omar, nos cuenta Fanny. En la charla no entramos en los detalles escabrosos del deceso, sino en el legado de amor y cultura que Omar Luna dejó impregnado en el sureño departamento, y muchos proyectos a concretar en él.

A las 19.30, unas trescientas personas se reunían en Ruta 40 y el bulevar principal de Eugenio Bustos ocupando media calzada, con velas encendidas, en silencio, con fotos de Omar. En las cuatro arterias principales, los vehículos que circulan están detenidos en el semáforo, nadie toca bocina, nadie avanza, nadie quiere pasar, una energía extraña sumerge a todas las cosas. Todos hacen silencio, inclusive los negros nubarrones que lo cubren todo.

Nos saludamos con Graciela y Fanny, y con los hijos de Omar. Quedamos en vernos de nuevo pronto, y Eugenio Bustos vuelve a la normalidad pero espera, espera justicia, espera.

Emilio Fernández Cordón se fue el mismo día que Omar Luna, horas antes. Y la condena, para esos dos grandes de las letras, es que sus textos, sus obras, sus risas, su humanidad, nunca serán olvidados.

Por: Escritores de Luján

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