Por la Independencia

 

Tucumán, 9 de julio de 1816. Aquel fue un extraño día primaveral,  no hacía frío pero las tormentas políticas se acercaban. Los hombres de la Revolución de Mayo querían la independencia que no habían logrado rubricar seis años antes en el Cabildo de Buenos Aires. Las provincias presionaban y era necesario un cambio.

Ante esta situación, los congresales de todo el territorio fueron convocados por Álvarez Thomas, como director supremo de Buenos Aires. Una vez en Tucumán, y desafiando a los opositores locales y extranjeros, se animaron a gritar la independencia. “Queréis que las provincias de la Unión sean una Nación libre de los reyes de España y su metrópolis”, dijo uno de los congresales. “Sí, queremos”, contestaron los presentes al unísono.

La primera parte de la tarea estaba cumplida, sólo faltaba hacerla cumplir, una obligación que quedó en manos de José de  San Martín,  uno de los más nobles y valientes criollos.

 

Pero  San Martín no estaba solo en este deseo de independencia, Belgrano siempre acompañó todo su pensamiento fortaleciendo su postura. “Belgrano fue el economista de la independencia", afirma el profesor de la UNC (Córdoba), Alfredo Félix Blanco. "Sus convicciones independencistas eran muy profundas y su idea de crear una monarquía que estuviera encabezada por la `Dinastía de los Incas´ fue expuesta el 6 de julio de 1826 en sesión secreta a los congresales que se aprestaban a declarar la independencia argentina”, precisa.

Distintas interpretaciones

Con el correr de los años, la idea de independencia tuvo diferentes interpretaciones, que aunque fueron disímiles, todas justificaban el anhelo independentista.

En Europa explicaban la independencia de América como un resultado ineludible y biológico en un registro de ideas replicando lo doméstico,  ya que como "los pueblos que alcanzan su mayoría de edad, los pájaros crían alas y se alejan de sus padres". Así había ocurrido con España y sus hijas americanas.

Otros más racistas aseguraron que la independencia fue el producto del choque entre los indios y españoles o entre criollos y españoles. Esta teoría coincidió en cierto modo con la económica, nacida de las doctrinas de Carlos Marx  y Federico Engels,  los americanos, estaban hartos de las prohibiciones comerciales que imponía España.

El francés Marius André creyó que América se había sublevado por amor a la religión católica, temerosa de que los ingleses alejasen el catolicismo y los americanos cayesen en el protestantismo o el ateísmo.

Una independencia moderna

El siglo XIX fue una época de muchos cambios, peleas y conflictos. De las 800.000 personas que habitaban el territorio patrio, blancos (españoles); cobrizos o americanos (aborígenes) y negros (provenientes de los barcos que traían esclavos de Africa), las dos terceras partes querían ser libres y no sabían cómo lograrlo.

El siglo XXI no presenta grandes cambios en el mismo territorio, la búsqueda del cambio, las peleas y conflictos aún están presentes, la única diferencia es que ahora somos todos argentinos.

 “Estamos convencidos de que en el siglo XXI lograremos la independencia económica y cultural a partir de la unidad regional”, afirmó la presidenta Cristina Fernández al ofrecer las palabras de bienvenida de la cumbre de presidentes realizada en Tucumán a principios de este mes.  “En aquel momento la lucha por la independencia era respecto del poder colonial, militar. Esa era la batalla. Entonces, la tarea estaba en lograr la identidad de cada país, con sus tradiciones e historias particulares”, manifestó la mandataria.

“Hoy el desafío para todos, que fuimos electos por la voluntad soberana de los pueblos, es el de construir una independencia diferente de la de aquel 9 de julio de 1816: una independencia donde la fortaleza no está en dividirnos, como diferentes, sino en reconocernos como una sola región, con la vocación de la integración”, enfatizó.

Esta integración como sinónimo de independencia es observada como un giro hacia la izquierda. Así lo manifestó en declaraciones en 2006 el ex ministro de economía  de Allende en  Chile, José Cademartori. “Que hay un giro a la izquierda en la política de América Latina, en comparación con el decenio de los ´90, es algo difícil de negar", afirmó el ex funcionario. "Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Haití son los casos más notorios, pero no los únicos. Es un proceso que irrumpe al inicio del siglo XXI con la victoria de Hugo Chávez y sigue con las elecciones de Lula, Kirchner, Tabaré Vásquez y Evo Morales”, destacó.

Argentina es un pueblo independiente, no puede relegar ni desprenderse de ese legado, aunque padezca momentos de temor y desorientación, aunque se equivoque mientras avanza.
La declaración de la independencia de 1816 aún no está concluida, es  un proceso de permanente evolución que se debe interpretar como hecho histórico y esencial de la vida humana, al que hay que ir conquistando y manteniendo constantemente, como individuos y como pueblo.

La independencia argentina y latinoamericana aún no termina.

 


Fuentes consultadas

- Alfredo Blanco, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba.

-Educar.com.ar.

- Programa de Mario Pergolini y Felipe Pigna, “Algo habrán hecho”.

-Bibliografía general del tema.

 

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