Cuando caminar es más que mover los pies

David Le Breton llega con un nuevo trabajo. "Caminar, elogio de los caminos y de la lentitud" es una invitación a despojarnos de los atavíos de lo condicionado.

“Lo que es importante en la caminata no es su punto de llegada sino lo que en ella se juega en todo momento, las sensaciones, los encuentros, la interioridad, la disponibilidad, el placer de vagabundear…, muy simplemente existir, y sentirlo”.

Caminar, David Le breton

Quien haya caminado por el sólo hecho de caminar, quien se haya aventurado por un terreno insospechado forjando sendas a su paso, quien no se sienta molesto por la lluvia sino por el smog, quien prefiera la visión de las ramas agitándose por el viento antes que los inertes maniquíes de una vidriera, quien, en definitiva,  pueda ver sus sentidos alagados sin las estridencias del mercado y las imposturas, puede deducir los significados más profundos de la frase anterior, que es una de las tantas maravillosas formas de conexión con nosotros y con el entorno que define o nos propone David Le Breton en su nuevo libro, Caminar, elogio de los caminos y de la lentitud (Waldhuter Editores).

Desde una mirada que combina lo sociológico con lo filosófico, Le Bretón retoma con este libro lo que empezó hace más de una década con Elogio del caminar, sencillamente, una exploración al mundo del trashumante, al sentir de los vagabundos, a las experiencias físicas del andar y al intangible tesoro con lo que todo ellos nos colma.

De una poética atrapante, el texto de Le Breton es una incitación a despojarnos de los atavíos de la vida condicionada por las obligaciones, los deberes y las preocupaciones. Es la puerta abierta a la entrega total al camino.

Dice el francés: “Un caminante es un hombre o una mujer que enfrenta los problemas con ecuanimidad. Sabe que el camino no se somete a su voluntad por el solo hecho de que él lo toma, y que el alejamiento de la comodidad de la vida cotidiana tropieza con sinsabores menudos que justamente constituyen la sal de la caminata y sus recuerdos más arraigados”.

Caminar, elogio de los caminos y de la lentitud es uno de esos breves y profundos textos que se degustan y a los que uno puede regresar periódicamente, porque aunque su tema se reduzca (en apariencia) a algo específico, se puede ver, se puede presentir en él que cualquier línea puede convertirse en una metáfora, y entonces terminaremos descubriendo mundos enteros en los cuales perdernos.

Ya cerca del final, Le Breton señala que “el caminante no se basta a sí mismo, busca en los senderos lo que le falta, pero lo que le falta es lo que constituye su fervor”. Celebremos ese fervor utópico que nos permite suspender el tiempo...

Alejandro Frias

Opiniones (1)
11 de Diciembre de 2016|01:01
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11 de Diciembre de 2016|01:01
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  1. Soy caminante, amante de mover los pies, de explorar y de sentirme un buscador de sensaciones
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