Emilio Fernández Cordón, ese animal literario

¿Me creen si les digo que el tipo soñó varios de los cuentos que escribió? Así, como lo escuchan. Y te lo contaba tal cual. El adiós de escritores mendocinos.

Era tan ateo que se hizo hincha del Diablo Rojo. Y ese es otro de sus tantos chistes, a no dudarlo. Y también su muerte es una de esas bromas literarias que nos tenía preparadas, uno más de sus cuentos, de todos esos nock out (a decir de Cortázar) con los que felizmente nos golpeó durante años.

Emilio Fernández Cordón (1945-2014) era, a no dudarlo, un animal literario. ¿Me creen si les digo que el tipo soñó varios de los cuentos que escribió? Así, como lo escuchan. Y te lo contaba tal cual. “Me tiré a dormir la siesta y soñé el cuento”, te decía. Quizá los soñaba también a la noche, pero la siesta es un espacio-tiempo más probable, porque si había algo seguro era que dormía siesta. Desconectaba el teléfono para que nadie lo molestara, y si por casualidad vos llamabas justo antes de que dejara mudo el aparato, te atendía con voz de “no me jodás que me estoy por ir a dormir”.

Por supuesto, también tenía otras obsesiones, como la de marcar con birome los errores en el los diarios de papel o la de reunirse con los amigos los sábados a la mañana en los cafés...  

Alguna crónica dirá por ahí que al Emilio le falló el corazón el domingo 26 de octubre a la mañana. Quizá haya sido así, aunque lo más probable es que su corazón nunca estuviera tan decidido y sólo saliera al reencuentro de Silvia.

Andá a saber.

Emilio Fernández Cordón y Silvia Núñez

Emilio Fernández Cordón y Silvia Núñez, en su casa del barrio Supe.

Emilio Fernández Cordón

Un adiós enorme

Fueron muchos los escritores y artistas que, al conocer la noticia del fallecimiento de Emilio Fernández Cordón, decidieron saludarlo, brindar en su memoria algunas palabras. Publicamos a continuación algunos de los mensajes que escritores mendocinos dejaron en las redes sociales.

Beatriz Di Masi:

El emilio se fue a buscar una novela: Y sí, que alguna vez nos toca, y por milicientos motivos, por única vez, salir de aquí; o sea, de este mundo de mundanidad insolente, para interpelar qué hay en ese otro espacio-tiempo llamado de tantas formas, si es que hay, y dónde queda ese ahí y quiénes estarían, por las dudas.
Me gusta pensar en una novela: su pasión; pero necesitaba escribirla con la silvia, su amada siempre en movimiento: por la escuela, y los derechos y todo eso que fue su batallar nuestro de cada día.
El emilio fue un GRANDE, por eso escribía su nombre con minúscula, porque a los grandes más grandeza no se les puede pedir. Y sí, claro que te lloramos, te lloro, te extrañaremos, te extrañaré en la fuerza de tu literatura, en los personajes de humor ácido, más como vinagreta que limón. Te diré adiós? Qué cursi. No lo pedirías ni ante el mismímo café. Chau emilio, en cada libro tuyo habrá el hasta siempre, un hoy reiterado, un presente de páginas talentosas, de personajes increíblemente creíbles, o tan locos de locura normalizada. Chau emilio... Por siempre, aquí donde dicen que se siente estarás para siempre.

Mercedes Fernández:

Cuando un poeta se va, todos los libros del mundo enmudecen un instante. Esta mañana, cuando quise abrir la novela que leo, las palabras de mi libro se estrellaban unas contra otras y emitían un sonido apenas perceptible, como de llanto, como de río subterráneo. Entonces supe que esta mañana de sol incandescente era distinta de otras de sol incandescente. Y entendiendo que algo terrible había sucedido, cerré la novela y con temor abrí la laptop y supe. Supe del dolor de mi amigo Roque que llora a un hermano de la vida. Supe del adiós del Julio, tan escueto como hondo. Supe. Supe que ya el Emilio no está más entre nosotros aunque sí está y estará, entre las líneas desesperadas del libro que quedó entre mis sábanas revueltas por el desconcierto. El Emilio. Yo también he quedado en deuda con él. Me envió su libro de relatos cortos para que los leyera y le diera mi opinión y esta vida de mierda que nos exige horarios y dedicaciones ajenas a nosotros me impidió responderle. Ay, Emilio, ¿cómo te hago saber que tus relatos me gustaron, que eras, fuiste y serás un escritor con nombre y apellido de esos que hacen matar de risa porque escribiste para eso, para matar el tiempo? No quiero decirte adiós. No quiero porque prefiero pensar que te veré pronto, que nos juntaremos, aunque sea dentro de las páginas de algún libro que alguien publique dentro de mil años, y nos reiremos juntos otra vez, otra vez, otra vez. La Silvia ya te estará abrazando. La última vez que nos vimos, en el Museo de Arte Moderno, me dijiste que la vida sin ella se te hacía ardua. Ya está, Emilio, ya está. Todo pasa. Ahora quedamos nosotros, los que te seguiremos pronto. Gracias por tus cuetos, por tu dedicación a la literatura, por enseñarnos a reírnos de nosotros mismos, por tus amigos, por la Silvia, que fue nuestra también gracias a vos. Voy a enviar este “compartir” y me sentaré en mi sillón de mimbre favorito, ese que sólo uso cuando quiero encontrarme con mis muertos, mis fantasmas y mis sueños favoritos, y me dedicaré el tiempo que sea necesario a consolar las miles de palabras de los libros de mi biblioteca, que desde esta mañana de sol estúpidamente incandescente no han dejado de llorar.

Luis Villalba:

Esta mañana murió Emilio Fernández Cordón. Un gran amigo de la mesa del café de los amigos. Compartimos la necesidad por una sociedad y una literatura más libre. Tuve la suerte de su afecto y sus correcciones implacables. Seguirá contagiándonos su alegría de vivir sin solemnidad. Chau, pibe, y gracias.

Roque Grillo:

Se fue el Emilio. Un soñador bohemio que inventó una nueva forma de escribir cuentos. En un rato la Silvia, su amor pero también su guía eterna, pondrá a calentar el agua para los ravioles (con un par de hojas de laurel) y volverán al ritual de desayunar los domingos en la cama. Sé que le debo una de anchoa y morrones. Sé que le debo mucho especialmente después de alguna charla larga en Potrerillos o alguna llamada telefónica (la última fue justo antes de mi infarto, hace poco más de un mes). Lo noté muy mal pero culpó a algún resfrío inexistente. Lo atendieron en un hospital público, casi en un acto de caridad de alguno de los amigos de fierro que forjó en sus 70 años de vida. Como digo, sé que le debo un montón (las letras mendocinas también). Mañana pensaré en hacer algo con eso. Hoy, sólo me dedicaré a llorarlo...

Oscar Dangelo:

Adiós, Emilio
Una cadena sempiterna de letras te saludan
un eco monocorde y silencioso
se detiene en la marejada de palabras
que tanto amabas.

Una ondulación de miradas cabizbajas
apretujadas entre llagas y extrañeza
forman fila, amigo
para despedir al soldado que fuiste
en la gran batalla que alfombró tu destino.

Un clarinete en la pradera del idioma
y una cadena de eufónicos sonidos
rodean, desde ya
el blasón olímpico que conquistó
las alas musicales de tus pájaros
en vuelo directo hacia la perennidad
de tus innumerables y sabrosas inventivas.

Eliana Drajer:

Lagrimitas y un recuerdo apalabrado por aquí… Eternidad y reencuentros para vos, donde estés. Fuerza para los tuyxs. Esta mañana recordé cuando en diciembre de 2009 Carlos Jacobo Levy, Mercedes Fernandez, Glicina Fernandez, Julio Rudman y su mujer, Candil Nacional Mendoza Silvia y vos se fueron hasta el Museo Las Bóvedas, en mi querido San Martín, en traffic, a la presentación de “Muñequitachocadora”. Y yo los sentí tan cerca. Y yo me sentí tan grande. Las plumas mendocinas me acompañaban… Y Roque Grillo organizando todo… Esas pequeñas grandes cosas son las que guardaremos siempre. Esos bellos momentos compartidos, con los grandes y pequeños, con los que nos motivaron, motivan y motivarán a seguir cada día, a seguir buscando nuevas palabras. LOS GENEROSOS. ¡Hasta siempre Emilio Fernández Cordón! Buen viaje para vos...

Aldo Rocamora:

Un homenaje del alma para un grande, no son muchos, de las letras mendocinas. Dueño de un humor e ironía que no abundan. De su imaginación desbordada surgieron cuentos de antología, en el último tiempo se notaba la pérdida y el desencanto, algo o alguien le había escamoteo su bien más preciado. El Emilio siempre será grande enemigo de la solemnidad provinciana y abonado permanente a carnavales inenarrables.

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Opiniones (1)
5 de Diciembre de 2016|07:39
2
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5 de Diciembre de 2016|07:39
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  1. Linda nota hermano, pinta a Emilio, a quién no conocí. Y trae a la Silvia, que tanto extrañamos.
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