¿Cuán lejos estamos de tener un traductor universal?

Pese a los avances con los que deslumbra a diario, la tecnología todavía no ha podido vencer la barrera del lenguaje, una de las expresiones más humanas.

Sin él, las series y películas de ciencia ficción serían muy distintas a lo que conocemos. La tripulación de la nave Enterprise de la saga Star Trek (o Viaje a las Estrellas) no hubiera podido comunicarse con la población de los distintos planetas alienígenos que visitaban; y las aventuras temporales (y espaciales) del Doctor Who serían totalmente incomprensibles. Fuera de la ficción, en cambio, la situación es otra: el traductor universal sigue siendo una deuda de la ciencia y la tecnología, una promesa tantas veces hecha e incumplida. Muchos especialistas en ciencias de la computación, lingüística e inteligencia artificial, sin embargo, aún no se dan por vencidos. Están convencidos que pronto llegará.

"Seguramente va a tomar algunos años, pero el traductor universal será una realidad. Tal vez pasarán 15 ó 30 años pero estoy seguro que va a ocurrir", dice con confianza el guatemalteco Luis Von Ahn. Este profesor de 35 años de ciencias de la computación en la Universidad Carnegie Mellon, Estados Unidos, y conocido por haber dado al mundo los famosos Captchas –aquellos caracteres distorsionados solo descifrables por humanos que detienen el avance del spam y, de paso, contribuyen a digitalizar millones de textos a través de su uso– es uno de los investigadores que más está haciendo para que los idiomas ajenos dejen de ser una barrera tanto dentro como fuera de aquella gran torre de Babel que es Internet.

"Hoy en día el número de errores de la traducción automática de servicios como Google Translate o Siri es suficientemente grande para que no sea del todo confiable. Lossoftware de reconocimiento de voz están en la Edad de Piedra. Les cuesta reconocer la voz perfectamente: los acentos de las diferentes personas, las formas locales de hablar. Su enunciación tampoco es buena", agrega Von Ahn, quien además es fundador de Duolingo, la aplicación gratuita para iOS y Android más popular de aprender idiomas en el mundo.

Pese a los avances con los que deslumbra a diario, la tecnología todavía no ha podido vencer la barrera del lenguaje, una de las expresiones más humanas. Los software de traducción son incapaces de comprender las connotaciones culturales y las sutilezas en juego en un idioma. "El lenguaje natural es un fenómeno humano complejo", explica la lingüista computacional española Laura Alonso i Alemany, del Grupo de Procesamiento de Lenguaje Natural de la FaMAF (Facultad de Matemática, Astronomía y Física) de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. "El lenguaje tiene matices que escapan a la capacidad automática de las máquinas. La traducción literaria siempre va a requerir de un ser humano. Las computadoras no van a dejar sin trabajo a los traductores".

Las prevalentes imperfecciones de las máquinas explican así que el negocio de la traducción humana sea gigantesco. Según Von Ahn, se gastan en el mundo alrededor de $30.000 millones al año traduciendo noticias o libros. La Unión Europea invierte, por ejemplo, $1.100 millones anuales en evitar enredos lingüísticos al contratar un ejército de lingüistas, traductores e intérpretes. Lo saben bien: un testimonio traducido en forma incorrecta puede devenir en un conflicto internacional.

La traducción automática existe desde la década de 1950 con resultados limitados y decepcionantes. Fue recién en los últimos 15 años cuando comenzaron a verse pequeñas mejoras. Lo advierte Alonso i Alemany: "La traducción automática ha evolucionado increíblemente gracias al avance de la inteligencia artificial, la capacidad de cómputo y el manejo de una cada vez mayor gran cantidad de datos disponibles en la web. Ahora un software puede aprender automáticamente a traducir palabras y expresiones completas de un idioma a otro. Desde hace diez años hay proyectos conocidos como 'de habla a habla' o speech-to-speech translation. Aunque funcionan bastante mal, funcionan. Es algo".

Desarrollos recientes como el Phraselator –un sistema móvil elegido por el ejército de Estados Unidos para que los soldados lo utilicen en Afganistán e Irak–, un gadget de bolsillo conocido como Sigmo, capaz de traducir frases entre 25 idiomas distintos en tiempo real y la frecuente aparición de aplicaciones como Word Lens, Speak and Translate, iTranslate y Skype Translator mantienen vivas las esperanzas.

"Ahora tenemos a la traducción automática en el navegador de la computadora –cuenta Alonso i Alemany–. Yo creo que en un futuro cercano va a terminar insertándose en todos lados a través de dispositivos wearables, tecnologías que se llevan puestas, como una prenda. Gadgets como las gafas Google Glass o unsmartphone van a permitir leer en la calle la etiqueta de un producto en el idioma que uno quiera".

Otros investigadores como Babak Parviz de la Universidad de Washington van más allá e imaginan lentes de contacto con conexión a Internet que permitan una traducción instantánea. Lo cierto es que estos avances acarrearán cambios sociales aún insospechados. "Por ejemplo, es muy probable que muchas personas dejen de aprender al largo plazo segundas o terceras lenguas –pronostica la lingüista computacional Alonso i Alemany–. Aunque tiene también un efecto positivo: permitirá la preservación de la lengua materna. Con estas tecnologías, muchos inmigrantes no se verán obligados a perder su idioma natal. Y eso, a nivel de riqueza cultural, es mucho más importante que aprender varios idiomas".

Fuente: http://www.scientificamerican.com/

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7 de Diciembre de 2016|13:37
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