Las extrañas mascotas de seis escritores

Una mosca, una langosta, cocodrilos, un oso, tarántulas y un cuervo. No se trata de un bestiario, sino de los animales que acompañaron a autores famosos.

Para muchas personas, sus mascotas son una parte muy importante de su día a día. Para los escritores no lo son menos, y hay escritores que tuvieron perros, escritores que tuvieron gatos y Ernest Hemingway (que era un entusiasta tal de los gatos que merece mención aparte, por lo menos por la carta que escribió cuando tuvo que disparar a uno de ellos). Pero si hay escritores raritos, con hábitos de escritura exóticos, también existen escritores que no se quedaron con lo tradicional a la hora de elegir un animal como compañía. Aquí, seis escritores famosos con extrañas mascotas (muy extrañas).

- Virgilio y su mosca. La de oportunidades que hemos perdido todos este verano para hacernos con una mascota literaria y exótica. Virgilio, además de poeta de la Antigüedad, es posiblemente una de las escasas personas que ha tenido como mascota a una mosca. Cuando la mosca se murió, como explican en Vidas secretas de grandes escritores, le hizo un ostentoso funeral. La mosca fue enterrada en un mausoleo a escala mosquil.

- Lord Byron y su oso. Teniendo en cuenta la vida que llevaba Lord Byron y los excesos que parecen rodearla, era imposible que el poeta tuviese como mascota a un simple perro o a un gato. No. Él tenía un oso. Y tenía una explicación. Cuando vivía en el Trinity College y era estudiante en Cambridge, las normas prohibían tener perros como mascotas. Así que Byron estudió la normativa y vio que nada le impedía tener un oso y se lo llevó de compañero de cuarto. Lo mejor es que no pudieron impedirlo.

- Gérard de Nerval y su langosta. Hay que decir que Nerval tuvo una vida bastante agitada, de hecho, acabaría perdiendo la razón y suicidándose al colgarse de una farola en París. A la altura de su vida de escritor romántico está su exótica mascota: una langosta. Las langostas eran “criaturas serias y pacíficas que conocen los secretos del mar”, según el escritor. Su langosta salía además a pasear por las calles de París.

- Charles Baudelaire y su tarántula. Como los peces, las arañas pueden ser unas mascotas un tanto aburridas, pero para Baudelaire tenían su encanto. En su ventana tenía una tarántula metida en un tarro.

- Charles Dickens y su cuervo. ¿Quién quiere tener un canario cuando se pueden escuchar los entadores graznidos de un cuervo? Dickens lo tenía más que claro y tenía un cuervo llamado Grip the Knowing. Lo mejor es que el animal fue inmortalizado para siempre en una de sus novelas. El cuervo, por cierto, sigue existiendo, porque fue embalsamado tras su muerte y forma parte de la colección de una biblioteca estadounidense.

- Dorothy Parker y sus cocodrilos. Parker es una de las escritoras flappers, con una de esas vidas agitadas y emocionantes de los felices años 20. Tuvo durante una temporada unos cocodrilos que le regalaron cuando eran unas crías, para espanto de su doncella, quien dejó la casa, por supuesto, cuando se encontró en plena limpieza a los cocodrilos, con una nota en la que decía que no podía trabajar en una casa en la que los hubiera. 

Fuente: http://www.libropatas.com/ 

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10 de Diciembre de 2016|09:20
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