Los jóvenes normalistas de Ayotzinapa: una “Operación Masacre” mexicana

La sombra siniestra del terrorismo de Estado ha clavado sus letales garras en un grupo de estudiantes mexicanos, arrancando la vida de varios de ellos.

Aquí, allá y en todas partes (puedes escuchar a un amor de primavera)

Los jóvenes normalistas de Ayotzinapa: una “Operación Masacre” mexicana

En sus experiencia como periodista, el autor de estas líneas jamás había visto nada igual: la imagen de un joven asesinado, vestido aún, la mano izquierda apoyada sobre el vientre, y el rostro, una calavera ensangrentada. Lo habían desollado. Le faltan la nariz, los ojos, los labios, las mejillas, las orejas y el cuero cabelludo hasta la mitad de la frente. La palabra espanto no refleja nada, no puede reflejar nada. Se llamaba Julio César Mondragón Fontes, tenía 22 años y quería ser maestro normal.

La sombra siniestra del terrorismo de Estado ha clavado sus letales garras en un grupo de estudiantes mexicanos, arrancando la vida de varios de ellos; aún no se sabe con certeza cuántos. Cuarenta y tres desaparecidos, seis fosas comunes por desenterrar, 28 cadáveres que esperan identificación.

Ocurrió la noche del 26 de septiembre en la pequeña ciudad de Iguala, Estado de Guerrero, a sólo 160 kilómetros de la mítica y romántica playa de Acapulco, un lugar de ensueño vedado para los jóvenes normalistas, nacidos en una región castigada por el analfabetismo, con índices de pobreza similares a los de África.

Según la información disponible al momento, los hechos fueron así:

1. Guerrero, zona insurreccional desde tiempos inmemoriales

Ubicado en el sur de México, a orillas del océano Pacífico, Guerrero tiene una rica historia que se remonta a tiempos de los Olmecas, unos 22.000 años atrás. Región escarpada y montañosa, de difícil acceso, su topografía permitió el desarrollo de una larga tradición revolucionaria: ya en tiempos prehispánicos, la indómita etnia de los Yopes jamás aceptó someterse a la tiranía del Imperio Azteca, y sólo pudo ser doblegada por los españoles, recién tres décadas después de la caída de Tenochtitlán (hoy México DF).

La Carretera 95 lo atraviesa de norte a sur, uniendo al Distrito Federal con el puerto de Acapulco. En su recorrido, dicha ruta pasa por la pequeña ciudad de Iguala de la Independencia, en el norte del Estado; unos 90 kilómetros más al sur, llega a la capital provincial, Chilpancingo. Y a unos diez kilómetros al este de ella se encuentra la ciudad de Tixtla.

En toda esta región, han tenido lugar hechos trascendentales de la historia del país. En Chilpancingo, en 1813, el patriota José María Morelos declaró la Independencia de España, reconocida oficialmente en 1821 en la ciudad de Iguala, donde también se confeccionó la primera bandera nacional.

En Tixtla nació Vicente Guerrero, quien supo ganar a un ejército realista para la causa mexicana, formando el “Ejército Trigarante”, y que en su efímera presidencia decretara la abolición de la esclavitud (1829), convirtiéndose así en un pionero de los derechos humanos a escala mundial. Claro es que iba a pagar cara semejante osadía: tras un golpe de Estado promovido por los terratenientes conservadores, Guerrero fue procesado y fusilado en 1831. Y fue Benito Juárez, el popular político de origen zapoteca, quien propuso homenajear al mártir, llamando con su nombre al Estado que lo vio nacer.

En los suburbios de Tixtla se encuentra la pequeña localidad de Ayotzinapa, sede de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, más conocida como Escuela Normal de Ayotzinapa. (1)

2. La Escuela normalista, un coletazo de la Revolución de 1910

Hacia la primera década del siglo XX, la dictadura del general Porfirio Díaz llevaba ya treinta años en el poder. Con ella se habían beneficiado los terratenientes; en las haciendas, los trabajadores —a pesar del decreto abolicionista de 1829— vivían en condiciones de semiesclavitud. La “ley de fugas” para con los peones que evadían su destino era aplicada por los mismos hacendados, sin mediación judicial: consistía en enterrar vivo al condenado dejando afuera sólo la cabeza, para aplastarla pasándole por encima con los cascos de sus caballos.

En Guerrero hubo conatos de rebelión contra el porfiriato; pero no fue sino hasta 1910 que estalló la insurrección general contra la dictadura, acaudillada en el Estado por los hermanos Figueroa Mata. Fueron diez años de guerra y devastación, de cambios de gobierno y de innumerables traiciones.

Cuando se logró alguna estabilidad política, las principales figuras de la Revolución habían sido asesinadas: Emiliano Zapata en 1919, Ricardo Flores Magón en 1922 y Pancho Villa en 1923. Pero aún continuaba vigente el ideario social que la originó y que dio a luz el “proyecto de las normales rurales”; escuelas de formación de maestros, destinadas a terminar con el analfabetismo crónico en la castigada tierra mexicana. En el marco de ese proyecto, en 1926 se fundó en Ayotzinapa la Escuela Normal Rural.

Imbuida desde sus inicios de ese ideario, con un marcado contenido filosófico inspirado en el socialismo, la Normal de Ayotzinapa —a pesar de sus innumerables carencias— pudo llevar adelante su proyecto, hasta el final del gobierno del presidente Lázaro Cárdenas. Pero desde 1941 comenzó a sufrir ataques directos de parte de los distintos gobiernos nacionales.

Ese año, de marcado acento anticomunista, se procedió al encarcelamiento de docentes y estudiantes, bajo la falsa acusación de haber quemado una bandera nacional. Pero las antiguas condiciones sociales no habían cambiado en Guerrero; peor aún, se habían agravado con los años.

De esa suerte, en los años setenta surgieron movimientos armados como el Partido de los Pobres y la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, dirigidas respectivamente por Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, ambos maestros rurales egresados de Ayotzinapa. Para los sucesivos gobiernos mexicanos, la Escuela Normal se había transformado en un “semillero de guerrilleros”, y los brutales hechos del pasado 26 de septiembre parecieran demostrar que así sigue siendo considerada por los dueños de la tierra.

En esta primera década del siglo XXI, los normalistas de Ayotzinapa siguen bregando por el ideario social que dio origen a la escuela; están organizados en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialista de México y no se resignan a los argumentos de “falta de presupuesto”, propios de la era neoliberal.

La vida allí para sus 500 estudiantes, que estudian bajo el régimen de internado, no es fácil. Carecen de mobiliario adecuado, las duchas no tienen agua caliente y la vieja infraestructura padece numerosas goteras y otros problemas edilicios propios de la falta de mantenimiento. Pero, aun así, los estudiantes la consideran “su hogar”. Los estudios son teórico-prácticos; se cultiva con las antiguas técnicas agrícolas no mecanizadas y se crían cerdos, vacas y aves de corral, cuya venta ayuda al sostén autónomo del proyecto escolar, ante la reiterada negativa del Estado de proveer atención oficial.

En el año 2007, el gobierno local pretendió eliminar el régimen de internado; los estudiantes se movilizaron hacia el edificio del Congreso y reclamaron también plazas de trabajo para los egresados de la escuela. La respuesta oficial fue el desalojo de los alumnos, a cargo de la policía antimotines del Estado.

En 2009, el gobernador Ángel Aguirre declaró que había que terminar con la autonomía de la Escuela de Ayotzinapa, adoctrinada por “algunos trasnochados de la guerrilla”.

La situación se agravó en diciembre de 2011, cuando a raíz de una de las habituales manifestaciones estudiantiles, la policía asesinó en plena calle a dos alumnos normalistas; pero ese horror no tenía ni punto de comparación con lo que ocurriría tres años después. (2)

3. El sencillo sueño de un joven campesino

Julio César Mondragón Fontes había nacido en Los Ángeles, EEUU, en 1992; le gustaban las películas de artes marciales, Bruce Lee y Jean Claude Van Damme, y era admirador del futbolista argentino Diego Armando Maradona y del Che Guevara. No obstante esto último, era profundamente católico: en su último posteo en Facebook, efectuado el 20 de septiembre —una semana antes de ser salvajemente asesinado—, cambió su foto de perfil por una imagen con la leyenda “Jesús me cambió! Dejarías que Él haga lo mismo por ti?”.

Hacia 2013 vivía con su madre, Afrodita Mondragón, en San Miguel Tecomatlán, un pequeño pueblo en el Estado de México, a 110 kilómetros de la capital del país. Allí, en un baile, conoció a Marissa Mendoza, quien sería su esposa y madre de su pequeña hija, Melissa.

Marissa recuerda así a Julio César: “Era un hombre extraordinario, el mejor de todos; era muy cariñoso, detallista, era muy atento conmigo. (...) Cuando estaba embarazada, le daba muchos besitos a mi vientre, me abrazaba. Deseábamos tanto que ya naciera, para que estuviéramos con ella...”.
El joven era consciente de la necesidad de hacer algo para mantener a su familia; le gustaba mucho estudiar, pero no lo había hecho por falta de recursos económicos. Averiguando dónde podía aprender un oficio con el cual ganarse la vida, dio con la Escuela Normal de Ayotzinapa, que ofrecía un régimen de internado donde no tenía que pagar renta ni alimentos, sólo algunos materiales educativos.

En julio de 2014, luego de haber aprobado el examen de ingreso, Julio César se internó en la Normal Rural, donde recibió el cariñoso mote de Chilango, por su procedencia del Distrito Federal. En agosto nació Melissa; el joven era profundamente feliz, como se ve en sus fotografías en Facebook: tenía una familia que amaba y un futuro como maestro.

A mediados de septiembre, sus compañeros de la Normal se organizaron para asistir a la conmemoración de la Masacre de Tlatelolco, acaecida en el Distrito Federal el 2 de octubre de 1968; a los ochenta estudiantes de la comitiva jamás se les ocurrió pensar que ellos mismos terminarían protagonizando uno de los episodios más crueles de la historia reciente mexicana. (3)

4. Operación Masacre

Los estudiantes, todos jóvenes sin recursos, necesitaban salir a “botear” (pedir colaboración económica) para costear el viaje a Ciudad de México. Con ese objeto consiguieron un camión y un ómnibus y partieron de la escuela, tomando por la Carretera 95, en dirección norte.

Según el fiscal que instruye la causa, Iñaky Blanco Carrera, al llegar la caravana a Iguala fue detectada por las fuerzas locales de seguridad, tras lo cual el director de la Policía Municipal de Iguala, Francisco Valladares, ordenó a sus hombres y a sicarios pertenecientes a la organización criminal Guerreros Unidos —dirigida por Salomón Pineda, conocido como El Molón y cuñado del alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez— que la siguieran.

Sicarios y policías obedecieron la orden, hasta rebasar la caravana y cerrarle el paso en una calle céntrica.

Un tanto amedrentado por la encerrona, un estudiante se bajó del camión para pedir paso libre a los agresores. Eran las 20 del viernes 26 de septiembre. No alcanzó a dar cinco pasos cuando una descarga de arma de fuego le voló la cabeza, a lo que siguió una balacera dirigida contra los vehículos de la caravana.


Algunos jóvenes, aterrorizados, se bajaron para buscar refugio; entre ellos, el Chilango Mondragón. Sus compañeros vieron cómo caía al piso y cómo lo subieron a una patrulla municipal, y en su ingenuidad pensaron que lo “levantaron” para llevarlo a algún hospital.

Mientras, la cacería proseguía. Decenas de jóvenes fueron secuestrados. En ese momento, El Chuky —siniestro apodo de un jefe de los Guerreros Unidos ordenó el traslado de los secuestrados a la zona de Pueblo Viejo, un lugar en las montañas que rodean Iguala, donde la organización tiene un cementerio ilegal para sepultar los cadáveres de sus víctimas.

En esa noche de infierno, que se prolongó hasta la madrugada del sábado 27, El Chuky ordenó la ejecución en masa de los secuestrados. (4)

5. El día después

El sábado 27 por la mañana, en la zona industrial de Iguala, apareció el cadáver —cruelmente desollado— de Julio César Mondragón. Marissa escuchó en los noticieros el nombre de su esposo y más tarde vio subida a Facebook la espantosa imagen del cuerpo, al que reconoció por la ropa. El domingo viajó a Ayotzinapa; los compañeros le sugirieron que fuera a reconocer el cuerpo, depositado en la capital del Estado, Chilpancingo.

Desesperada, aún tenía fe en que el cuerpo torturado no fuera el de su marido. Antes de pasar, los forenses le preguntaron, una y otra vez: “¿Está segura de que quiere pasar? Tiene que ser muy fuerte para verlo”.

También esa mañana aparecieron y fueron reconocidos los cadáveres de Julio César Ramírez Nava, oriundo de Tixtla, y de Daniel Solís Gallardo, de Zihuatanejo.

El escándalo mediático que siguió a la masacre fue enorme. La ONU y la OEA urgieron al Gobierno a “desplegar acciones” para encontrar a los estudiantes desaparecidos. En medio de un completo caos, decenas de familiares de desaparecidos pugnaban por dar los nombres de sus seres queridos a la prensa.

Ante la escalada de indignación, fueron detenidos 22 policías municipales y varios miembros de Guerreros Unidos, dos de los cuales hablaron: Martín Maceda y Marcos Antonio Ríos. Ambos dijeron que al menos 30 de los 142 policías municipales pertenecen también a Guerreros Unidos y señalaron la ubicación de Pueblo Viejo, donde se realizaron las ejecuciones en masa.

Allí se encontraron seis fosas comunes. Al momento de escribir estas apresuradas líneas, en tres de ellas se identificaron veinte de los cadáveres enterrados, con señales de haber sido incinerados, como pertenecientes a normalistas desaparecidos.

La magnitud del crimen involucra seriamente a los poderes del Estado y a su vinculación con las organizaciones delictivas. El propio gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, está sospechado; el director de la Policía Municipal de Iguala, Francisco Valladares, es sindicado como el responsable del operativo de exterminio; el secretario de Seguridad Pública, Felipe Flores Velázquez, y el alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, están prófugos.

Es probable que se hagan rodar algunas pocas cabezas, como chivos expiatorios, pero lo que no se vislumbra como posible es que el Poder Judicial mexicano haga trizas a ese sistema de gobierno que privilegia los negocios —ilegales o no— por encima de la justicia social.

Hoy, 8 de octubre de 2014 —fecha que coincide con el asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia—, se celebrarán en México y en otros países manifestaciones para reclamar justicia ante estos inenarrables crímenes de Estado. En Buenos Aires, la Asamblea de Mexicanxs en Argentina ha convocado para las 11 a reunirse frente a la Embaja de México, calle Arcos 1650. (5)


(1) Fuentes:

http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_de_Guerrero

http://es.wikipedia.org/wiki/Iguala_de_la_Independencia

http://es.wikipedia.org/wiki/Ayotzinapa

http://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Guerrero

(2) fuentes:

SILVA, Horacio Ricardo: ¡Que viva Tierra y Libertad!: La Revolución social en México (1900-1922). Godoy Cruz, Mendoza; La Hidra de Mil Cabezas (Cuadernillo N° 9), 2010.

http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_Normal_Rural_de_Ayotzinapa

http://es.wikipedia.org/wiki/Conflicto_de_Ayotzinapa

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=190398

http://normalesruralesenreexistencia.wordpress.com/category/normal-rural-de-ayotzinapa/

http://www.laizquierdadiario.com/Miles-de-mexicanos-exigen-aparicion-con-vida-de-los-normalistas-de-Ayotzinapa

http://criteriohidalgo.com/notas.asp?id=72145

http://www.libertadguerrero.net/2011/12/los-mataron-sangre-fria-galeria-del.html#.VDHom_l5Pa4

(3) Fuentes:

Cuentas de Facebook de la víctima y sus familiares.

http://www.proyectodiez.mx/2014/10/02/la-historia-de-julio-cesar-mondragon-estudiante-asesinado-de-ayotzinapa/44132

http://www.sdpnoticias.com/local/guerrero/2014/10/02/iguala-aterrado-julio-cesar-se-echo-a-correr-al-otro-dia-aparecio-sin-rostro

http://www.agenciainformativaguerrero.com/?p=24635#more-24635

(4) Fuentes:

https://www.facebook.com/jacob.lordinjames

https://www.facebook.com/normalrural.ayotzinapaguerrero

https://www.facebook.com/pages/Escuela-Normal-Rural-Ra%C3%BAl-Isidro-Burgos-de-Ayotzinapa-Guerrero/199925606729573

http://www.proceso.com.mx/?p=383948

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-256889-2014-10-06.html

(5) Fuentes:

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/09/30/familiales-identificaron-cuerpo-del-estudiante-de-ayotzinapa-julio-cesar-ramirez-3353.html

http://notimundo.com.mx/acapulco/en-3-fosas-clandestinas-en-iguala-hallan-a-normalistas-desaparecidos/18214

http://sp.ria.ru/international/20141004/162246805.html

http://article.wn.com/view/2014/10/04/ONU_y_OEA_piden_a_Mexico_acciones_urgentes_para_encontrar_a_/

http://www.laizquierdadiario.com/Miles-de-mexicanos-exigen-aparicion-con-vida-de-los-normalistas-de-Ayotzinapa

 https://www.facebook.com/events/1507513846155175/?ref=22

 Por Horacio Silva, escritor e historiador. Autor de Días rojos, verano negro – una crónica de la Semana Trágica de enero de 1919, con prólogo de Osvaldo Bayer. 


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