Raúl Carnota, como un pájaro libre

Sus canciones esconden colores de sus otras músicas, aunque sin perder jamás su aire argentino. Sus melodías pueden sonar a bossa nova o jazz.

Como en una especie de teoría darwiniana del mal, parece ser que las personas benignas se enferman y mueren. El mal de nuestros tiempos parece inocular su sutil veneno en las personas sensibles. La cadena de la música argentina va perdiendo sus mejores eslabones y sólo quedan pequeños jirones aislados.

Me permito contar una historia personal. En el año 82 , después de la insólita y triste guerra de Malvinas, la gente retomó las calles. La sensación era que la dictadura finalmente daría un paso al costado, y eso entusiasmó a todos. Recuerdo que por aquellos años yo estaba saliendo del cascarón. Era mi último año del secundario y me atrevía a tomar el tren Roca para dar paseos por la avenida Corrientes.

De aquella época recuerdo los conciertos que daba Raúl Carnota en el hall del teatro San Martín. Solían llenarse de “bote a bote“ de un público efervescente que explotaba en aplausos cada final de canción.

¿Por qué me gustaba Carnota?

Tenía un estilo de folclore refinado y único. Alimentado por elementos del rock y del jazz. Tocaba con excelentes músicos, como el pianista Eduardo Spinassi, que jazzeaba las chacareras, y el percusionista Rodolfo Sánchez, quien también tocaba el bombo con pulso blusero. Sus temas estaban embellecidos por largos solos instrumentales. Lejos quedaban los estridentes rasguidos del folclore del festival de Cosquín y más cerca aparecían los medios tonos de un Carnota más cercano a los discos de bossa nova y jazz que a los de los Tucu Tucu.

Claro, Raúl era porteño. Su padre era un gran melómano y su casa estaba llena de discos de música clásica. Su primera pasión fueron los instrumentos de percusión y su abuela le regaló un bombo de Santiago del Estero. “Yo tenía siete años y le juntaba todas las cacerolas a mi mamá para tocar, entonces mi abuela se apiadó de mí y desde Santiago del Estero me trajo un bombo y ahí empecé a tocar”, contó.

A los trece, su papá le regaló la guitarra soñada. En pleno furor de los Beatles, el joven Raúl se encerraba a sacar los temas de ellos y de los Chalchaleros. Y desde ese lugar sonaban en su cabeza el folclore, el tango, Spinetta y el jazz. Su verdadera meta era ser veterinario y atender animales en el campo, pero un accidente automovilístico le ocasionó una triple fractura de cráneo y conmoción cerebral. El medico le aconsejo que durante tres años no estudiara nada. “Ahí dije se acabó la veterinaria, y la música que había estado siempre al costado ahora la puse delante de todo”.

Carnota comenzó como bombisto, después guitarrista y cantante. Aunque su enorme talento para la composición hizo que emergiera un artista integral. Canciones como Grito santiagueño o Salamanqueando pa mí, que fueron inmortalizadas por Mercedes Sosa en el disco Como un pájaro libre, son verdaderos temas obligados en las peñas.

Sus canciones esconden colores de sus otras músicas, aunque sin perder jamás su aire argentino. Sus melodías pueden sonar a bossa nova o jazz, y ni hablar de sus armonías sutilmente complejas que, como sucede también en las chacareras del Cuchi Leguizamón, suelen estar embellecidas por séptimas, novenas y oncenas (extensiones de los acordes que se usan en jazz y blues).

La democracia regó con su pródiga libertad a Carnota, Suna Rocha, Mercedes Sosa Dino Saluzzi, Manolo Juárez, el trío de Lito Vitale y al súper grupo MPA, conformado por el Chango Farías Gómez, Peteco Carabajal, Jacinto Piedra, Mono Izaurralde y la cantante Verónica Condomí. Yo solía ir a verlos a todos ellos.

De alguna manera, fueron ellos quienes renovaron el folclore, tomando la posta de los Chalchaleros, Los Fronterizos, Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune y otros. Ya la nueva generación había escuchado a los Beatles, a Bob Dylan, a Almendra o Arco Iris, por nombrar a algunos, y a pesar de lo cuesta arriba que significó durante muchos años que el nuevo folclore sonara en la radio o la televisión, en aquellos tiempos democráticos la gente pudo disfrutar de su música en forma masiva.

“Yo soy de la generación de los Rolling, me tocó ser joven en las épocas más lindas, pero también en las más duras, yo les debía un tema a los jóvenes que venían conmigo allá en el setenta y compuse Pecados de Juventud, donde puse una cita musical a uno de mis maestros, George Harrison”.

Les dejo una frase que solía decir y que lo pinta mejor que nadie: “No sé qué ven en mí, pero les quiero decir que yo no soy folclorista, soy músico“.


Fuente: Télam

¿Qué sentís?
88%Satisfacción12%Esperanza0%Bronca0%Tristeza0%Incertidumbre0%Indiferencia
Opiniones (0)
6 de Diciembre de 2016|05:38
1
ERROR
6 de Diciembre de 2016|05:38
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016