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Safin regresó y desafía a Federer en una de las semis de Wimbledon

El Grand Slam inglés marcó el retorno del ruso al primer nivel, que está en semifinales del tradicional torneo sobre césped donde enfrenta al nº 1 del mundo.

Cuando parecía que ya se había ido, el ruso Marat Safin apareció de nuevo en el lugar más insospechado, en Wimbledon, donde juega ante Roger Federer una de las semifinales del torneo de tenis más prestigioso del mundo, su partido más importante en más de tres años.

Safin no había ganado tres partidos seguidos en todo el año hasta que llegó a Londres, donde nunca había pasado de los cuartos de final, algo que además hizo ya en el remoto 2001. Desde entonces, apenas un par de terceras rondas.

Este año, el ruso acudió a Wimbledon como número 75 del mundo, después de caer en segunda ronda en Roland Garros y de apenas disputar dos partidos sobre pasto en Queen's, donde fue derrotado por el chileno Fernando González.

El sorteo no parecía augurarle mejor suerte en Wimbledon, donde su segundo rival era nada menos que le número tres del mundo, el serbio Novak Djokovic, uno de los favoritos al triunfo final. Sin embargo, Safin es imprevisible, incluso para sí mismo.

"Bueno, estoy sorprendido de estar aún aquí", confesó el ruso, que llegó a estar este año 95 del mundo.

El ex número uno tuvo que tocar fondo para reaccionar. En Hamburgo, el ruso llegó incluso a jugar la cualificación para entrar en el cuadro principal, pero parece que mereció la pena. "Yo lo elegí. La gente se preguntaba qué estaba haciendo. Pero yo fui. Cualifiqué. Me pagaron por eso. Y supongo que este torneo es recompensa por lo de Hamburgo".

Todo lo dice en un tono neutro, casi apagado, como si nada fuera con él. A sus 28 años, y después de una carrera terriblemente irregular, el ruso sabe que un día puede estar arriba, pero al otro abajo.

Pese a su imponente aspecto, con más de 1,90 metros de altura, Safin ha sufrido interminables problemas físicos durante toda su carrera. Apareció a los 20 años como un cohete, ganando el US Open nada menos que al estadounidense Pete Sampras.

Estuvo hasta nueve semanas como número uno del mundo, pero las lesiones empezaron a afectarle, y también la cabeza. Jugó las finales del Abierto de Australia de 2002 y 2004, pero perdió ambas. En 2005, después de derrotar en semifinales a Federer, logró al fin su segundo título de Grand Slam, derrotando en la final de Melbourne al ídolo local, Lleyton Hewitt.

"Cuando tienes 20 años nadie espera nada de ti, es una historia diferente", explicó el ruso. "Pero cinco años después, la gente empieza a preguntarse qué te pasa. Aquello fue un alivio. Y así es como me siento ahora, es un alivio volver a los 50 primeros. Estoy volviendo a escalar posiciones".

Una escalada que parece a su alcance, no cómo la que emprendió a finales del año pasado, cuando descartado por una lesión en la muñeca del equipo ruso que jugó las semis de la Davis decidió irse con unos amigos a intentar ascender al Cho Oyu en el Himalaya, una de las 14 montañas de más de 8.000 metros.

Fracasó, pero quizá la experiencia le hizo volver su mirada hacia aquello que sabe hacer mejor. Bajo las órdenes del técnico argentino Hernán Gumy, con el que empezó a trabajar hace 10 meses, el ruso bajó seis kilos tras un intenso plan de trabajo físico, un plan que parece estar dando réditos.

"Yo nunca vi a Marat como un número 89 del mundo", dijo Federer, que persigue su sexta final consecutiva en Wimbledon, donde ganó los últimos cinco títulos. "Quiero decir que eso es ridículo. Él mismo lo sabe. Finalmente está mostrando de nuevo lo que puede hacer".

Mañana afronta su partido más importante en tres años, pues no llegaba a unas semis de Grand Slam desde su título en Australia en 2005. ¿Puede ganarlo?

"Uno vence cuatro partidos seguidos y ya están empezando a decir que puedo desafiar a Federer. Es mi primera semifinal aquí, así que los niveles son un poquito diferentes. Para ganar a Federer hay que ser Nadal, correr por ahí como un conejo y tirar 'winners' desde cualquier lado", dice Safin. Un momento después, sin embargo, recapacita. Nadie contaba con que él estuviera allí, así que "sí, ¿por qué no?".
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