La angustia de las influencias

Esta es mi lista de amores musicales.Que les pueda servir de humilde guía o punto de partida para descubrir nuevos discos que nos salvarán la existencia.

Seguramente todos los que somos músicos hemos escuchado a otros músicos antes. Hablar de “influencias“ es hablar de nuestros propios orígenes. En mi caso tuve la suerte de tener un hermano y un primo músicos, con lo cual me familiaricé con el sonido de los Beatles, los Stones y otros desde la adolescencia.

De los Beatles definitivamente elijo Revólver (sé que no soy nada original). En realidad todos los discos de los Beatles tienen sus fanáticos, sobre todo el Álbum blanco y Sargent Pepper, pero yo elijo Revólver. El comienzo con Taxman es toda una declaración de modernidad para la época. Incluso para las bandas actuales. Canciones tristes como For no One o Eleanor Rigby me generan nostalgia de mis tiempos pasados, incluso me da nostalgia de cosas que jamás viví.

De los Stones elijo el disco en vivo que se conoció como Saca tu burro de aquí, que refleja lo mejor de las giras que dieron por Estados Unidos durante 1969. La característica distintiva de este disco es que debuta en la formación el guitarrista Mick Taylor, quien reemplazó a Brian Jones después de su trágica muerte. El sonido de Taylor, con influencias bluseras le agregó a la banda un color que jamás había tenido. Me atrevo a decir que es el mejor guitarrista que combinó con Keith Richards, aunque esto puede levantar polémicas con el publico rolinga.

Del maestro Luis Alberto Spinetta elijo dos (en realidad toda la discografía del Flaco es maravillosa). En primer lugar, el disco debut de Almendra, con un puñado de canciones inmortales como Muchacha ojos de Papel, Fermín, Plegaria para un niño dormido, Color Humano, Ana no duerme y Laura va. Es un disco luminoso, con el cuarteto impecable, afinadísimos coros (todos cantaban) hermosas orquestaciones y solos alocados de Edelmiro Molinari. El otro disco es el primero del trío Invisible. La experiencia de improvisación grupal dentro del estudio dio como resultado pasajes de zapadas imposibles de reproducir, momentos mágicos en el estudio de grabación que afortunadamente fueron capturados. Jugo de Lúcuma, Suspensión, Azafata del tren fantasma o Irregular son a esta altura himnos domésticos en mi casa (quedan afuera joyas increíbles como Artaud, Durazno Sangrando, Kamikaze, Alma de Diamante, Peluson of Milk o Los Socios del desierto, pero bueno, hay que elegir diez).

De Charly García elijo Clics Modernos. Recuerdo el día que lo escuché por primera vez. Era algo completamente novedoso respecto de lo que se consideraba rock nacional, sonaba a rock “internacional” y avanzado por su síntesis en los bajos y las baterías programadas. García, como los grandes artistas, empezaba a sacar elementos para dejar lo indispensable. El disco doble anterior Yendo de la cama al living- Pubis Angelical fue genial, pero Clics Modernos llevó la apuesta aun más lejos. No soy un extraño es como un tango del futuro, Los Dinosaurios una belleza y Ojos de Video Tape otra maravilla con reminiscencias beatlescas y quizás hasta de los compositores clásicos franceses como Debussy o Erik Satie.

También elijo el primer disco de Sumo, Divididos por la felicidad (en realidad, el primer disco fue un casete independiente de nombre Corpiños en la madrugada). Un compañero de la facultad me lo había prestado en casete y me voló literalmente la cabeza. Temas como La rubia tarada, Disco Baby Disco o Mejor no hablar de ciertas cosas mostraban a una banda distinta a todas, nada se parecía a Sumo.

Yendo hacia el rock sinfónico, cuando escuché el grupo Yes no podía creer que solo fueran cinco músicos. El trabajo del tecladista Rick Wakeman y el guitarrista Steve Howe es una cosa seria. Todos son bestiales. El bajo medio distorsionado de Chris Squire y las complejas rítmicas de Alan White en batería no se quedaban atrás. Por último, la angelical vocesita de Ian Anderson le daba a la banda una atmósfera como salida de un cuento de Tolkien. Para mí, el gran disco de Yes es Close to the edge, aunque muchos dirán que es Fragile, cuestión de gustos.

Entrando en el territorio del jazz, los discos de piano solo de Thelonius Monk son verdaderas joyas, inspirados y melancólicos, tienen sonido en blanco y negro. El estilo desordenado y con sutiles disonancias de Monk resulta una vuelta de tuerca a los típicos pianistas virtuosos del jazz. Aquí el néctar de la música radica en los entramados armónicos que va armando Monk con sus acordes.

El disco acústico del guitarrista Pat Metheny New Chautauqua es una de mis músicas preferidas para relajar. Te desenchufa con sus hipnóticos arpegios. Metheny propone un viaje introspectivo por un paisaje rural norteamericano. Sus orígenes en Kansas City perfumaron de música country a sus temas. El resultado es un exquisito disco de guitarras flotantes sin ningún exabrupto que te haga saltar de la cama.

Para el final dejé a Miles Davis (Dios, en mi idioma). Le debo a él mi amor por la trompeta. Si bien Miles tiene más de 60 discos grabados, haré el esfuerzo por recomendar uno (o dos). En primer lugar, vamos a un recontra clásico, Kind of Blue, para muchos críticos el disco más importante de la historia del jazz de todos los tiempos (si no es el mejor está entre los tres mejores). Allí Miles coquetea con el elegante sonido de la trompeta con sordina, ese sonido metálico tan característico de su música (creo que cada vez que suena una trompeta con sordina pensamos en Miles).

Más adelante en el tiempo, Tutu es el disco instrumental de los ochenta. Allí Miles Davis toma aún más distancia de sus colegas jazzistas, que a su entender se habían quedado estancados en el tiempo del jazz purista y acústico. El resultado es un disco con sonido elegante y funk, con omnipresentes teclados digitales y modernosas guitarras con chorus. Allí Miles Davis se hace amigo de Prince y ambos se declaran admiración mutua. En este disco, el bajista Marcus Miller se transforma en su mano derecha y le produce el disco a su medida como si fuera un guante perfecto. Una sociedad que les daría grandes resultados y que catapultaría a Marcus Miller como una estrella del bajo eléctrico.

Esta es mi lista de amores musicales. Espero que les pueda servir de humilde guía o punto de partida para descubrir nuevos discos que nos salvarán la existencia.

Gillespi

Fuente: Télam

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|11:13
3
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9 de Diciembre de 2016|11:13
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  1. Complemento lo comentado por Iosinio: Para empezar, el baterista de YES en la época que lo citás (Close to the Edge, 1972), era el capísimo Bill Bruford, y no Alan White, que no había ingresado todavía. Y error garrafal (si sos músico...): La "vocecita" (con C, no con "S", y de paso era un PEDAZO de voz, no una vocecita precisamente), era de JON Anderson, no IAN Anderson!! (éste último, líder, flautista y también cantante, pero de Jethro Tull, y que no tenía nada que ver de parentesco ni nada con Jon). Realmente, parece que les diste una pasadita por las tapas nomás a los discos, flaco... O, agarrando los libros (para opinar)...
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  2. la verdad que para la musica que haces parece que sos sordo o hubieras solo visto las tapas de los discos que nombras ......
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