Una extraña desaparición en un anillo de Saturno

Aunque diversas estructuras en los anillos de Saturno muestran cambios a lo largo de varios años, el anillo F parece cambiar en días e incluso en horas.

Comparadas con la edad del sistema solar (unos 4.500 millones de años), un par de décadas prácticamente no son nada. Algunos paisajes planetarios cambian muy poco a lo largo de muchos millones de años, de manera que para los científicos que estudian los planetas, cualquier objeto cósmico que evolucione en tan corto intervalo de tiempo lo convierte en objetivo tentador para su investigación. Ese es el caso del anillo F del planeta Saturno.

En un estudio reciente, el equipo de Mark Showalter y Robert French, del Instituto SETI, en Mountain View, California, Estados Unidos, comparó la apariencia del anillo F durante seis años de observaciones de parte de la misión Cassini con la que tenía durante los sobrevuelos de Saturno hechos en la misión Voyager de la NASA, 30 años antes. El equipo de estudio ha encontrado que, si bien el número general de grumos en el anillo F permaneció igual, el de unos grumos excepcionalmente brillantes cayó en picada durante ese período. Las Voyager vieron dos o tres de esos grumos brillantes en cualquiera de sus observaciones, mientras que la Cassini sólo divisó dos de esas estructuras durante el citado período de seis años. La pregunta que se plantearon los investigadores es obvia: ¿Qué procesos físicos podrían causar que sólo las más brillantes de esas estructuras experimentasen tan notable declive?

Anillo F Saturno

Aunque diversas estructuras en los numerosos anillos de Saturno muestran cambios claros a lo largo de múltiples años, el anillo F parece cambiar en una escala de días e incluso de horas. Intentar hallar el responsable del comportamiento tumultuoso del anillo es uno de los objetivos principales de los científicos que trabajan en la misión Cassini.

Los investigadores plantean la hipótesis de que los grumos más brillantes en el anillo F son causados por impactos repetidos de lunas diminutas, cuyas trayectorias alrededor de Saturno se encuentran cerca del anillo y lo cruzan cada órbita. Proponen que el número decreciente de grumos brillantes procede de una disminución en el número de esos minúsculos satélites registrada entre la época de las Voyager y la de la Cassini.

En cuanto a lo que podría haber causado la desaparición de esas minilunas, el equipo tiene un sospechoso: la luna Prometeo de Saturno. El anillo F rodea el planeta en un punto especial, cerca del lugar conocido como Límite de Roche: si se aproximan más a Saturno que éste, las fuerzas de marea de la gravedad del planeta destrozan a los cuerpos más pequeños. El material a esta distancia de Saturno es incapaz de decantarse hacia su estabilidad como parte del anillo o hacia un proceso de condensación que forje una nueva luna. Prometeo orbita justo dentro del anillo F, y aumenta el caos influyendo de maneras contrapuestas sobre las partículas del anillo, llevando en ocasiones a la creación de minilunas, y a veces a su destrucción.

Cada 17 años, la órbita de Prometeo se alinea con la órbita del anillo F de una forma tal que su influencia se hace particularmente fuerte. El equipo de investigación piensa que esta alineación periódica podría espolear la creación de muchas nuevas minilunas. Las minilunas chocarían entonces repetidamente a través del anillo F, creando grumos brillantes a medida que se llevan por delante material del anillo. Con el paso del tiempo, se crearían menos grumos, porque las propias minilunas acabarían siendo destruidas por las colisiones.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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4 de Diciembre de 2016|09:41
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