El extraño caso de la mujer que comenzó a escribir poemas

Luego de padecer epilepsia, una paciente empezó a producir compulsivamente poesía. Con 76 años, dedicó varias horas al día a escribir, hasta que dejó de hacerlo.

La poesía es un ser extraño, un instrumento rampante y a la vez sublime (el aire que queda entre cada garra y que jamás podrá ser cogido). Se trata de un lenguaje que ha acompañado a la humanidad desde tiempos inmemorables y que, como decía Taylor Coleridge, corresponde tal vez al máximo refinamiento de nuestra naturaleza literaria: “Las mejores palabras acomodados según el mejor orden”.

La poesía es un oasis, y no sólo por su capacidad de transmitirnos lo paradisíaco, sino también por que sus accesos reverberan de manera ilusoria, jugando con la posibilidad de que alguien entre o quede afuera (y no se trata de una selectividad pedante sino de una aleatoriedad intuitiva). En todo caso, este jardín recibe con frecuencia visitantes inesperados, tanto creaciones quiméricas que fueron animadas entre las líneas de un poeta, como figuras que de pronto simplemente despiertan ahí, tendidos sobre un confuso campo de flores que se experimenta delicioso al contacto.

Recientemente se reportó el caso de una mujer de 76 años que, tras cinco años de padecer episodios en los que registraba pérdida de la memoria, fue diagnosticada con amnesia epiléptica transitoria. Unos cuantos meses después de comenzar su tratamiento, utilizando lamotrigine, un popular medicamento para combatir los ataques epilépticos, de pronto la paciente fue acariciada por los vientos líricos. A pesar de que la poesía jamás se había incluido entre sus intereses, repentinamente la mujer comenzó a escribir cuantiosos versos que terminan agrupados en diez o quince poemas breves escritos diariamente. Los tópicos de sus composiciones rondaban sus actividades cotidianas o algunos eran autorreferenciales, alusivos a la propia versificación de su vida.

Durante seis meses la mujer estuvo poseída por Apolo, Minerva y otras deidades de la lírica, y a lo largo de ese período dedicó una buena cantidad de horas cada día a escribir poesía –y si alguien la interrumpía ella se irritaba. Curiosamente jamás escribió prosa o utilizó cualquier otro canal expresivo, simplemente se entregaba a un estado de trance de escritura poética. Al medio año la versificación se diluyó, provocando la misma sorpresa, ahora inversa, que cuando llegó.

En algunos casos de epilepsia se presenta un fenómeno conocido como hipergrafía, en los que el paciente se entrega obsesivamente a escribir. Sin embargo, el caso de esta mujer ha despertado particular interés en la ciencia ya que su exclusividad poética no se había registrado anteriormente.  

A continuación, uno de los poemas escritos por ella.

My poems roams,
They has no homes
Yours’, also, tours,
And never moors.

Why tie them up to pier or quay?
Better far, share them with me.

Prose – now, that’s a different matter.
Rather more than just a natter.
Prose is earnest, prose is serious
Prose is lordly and imperious
Prose tells you, loud, clear, that
Life – life is dear.

Fuente: http://pijamasurf.com/


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