Cortázar, un modelo para atacar

Cuando dejó de ser un escritor liberal y se convirtió en un intelectual de izquierda, desde cierto sector de esa izquierda se lo atacó sin descanso.

Es compresible, los casi tres siglos que nos separan lo hacen comprensible. Esto no sucede con los artistas contemporáneos: los conocemos por sus obras y por sus acciones políticas. Julio Cortázar, uno de nuestros grandes escritores, podría ser un verdadero modelo para armar acerca de esas acciones.

El próximo 26 de agosto se cumplirá el centenario de su nacimiento, en razón de eso y con toda justicia le están brindando homenajes aquí y en otros sitios del mundo. En el espacio de la literatura, “Rayuela” marca un antes y un después en la narrativa en lengua española; sus cuentos se inscriben entre los mejores relatos del siglo XX. Pero Cortázar, además de un brillante escritor, fue un hombre comprometido políticamente. Intentaremos reconstruir el singular modo en que arribó a ese compromiso.

Nació en Bruselas. “Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia”, explicaría años después. Efectivamente, su padre, Julio José, era funcionario de la embajada argentina en Bélgica. Aquella primera etapa europea se iba a extender a lo largo de cuatro años —desde 1914 hasta 1918—, su segunda etapa en Europa sería muchísimo más larga, desde 1952 hasta su muerte, en 1974. Pero entre una y otra fecha vivió en la Argentina. Fue testigo del advenimiento del peronismo y fue precisamente el peronismo quien lo llevó a dejar el país. Partió, según él mismo confesara, en busca de un poco de paz: no aguantaba los bombos peronistas, que no le permitían escuchar a Alban Berg. En sus cuentos “Las puertas del cielo” y “La banda” da cuenta de eso. No le preocupaba que lo tildasen de antiperonista, de hecho, lo era. “En los años 44-45 —dijo— participé en la lucha política contra el peronismo, y cuando Perón ganó las elecciones presidenciales, preferí renunciar a mis cátedras antes de verme obligado a ‘sacarme el saco’ como le pasó a tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos”.

Su confesada condición de antiperonista no le impidió reconocer la grandeza de un texto esencial para nuestra literatura, escrito precisamente por un peronista. Estoy hablando de “Adán Buenoayres”. Numerosas voces de derecha se alzaron furiosas contra la novela de Leopoldo Marechal: no soportaban que una obra de esa magnitud hubiera sido escrita por un peronista. Fue Cortázar quien, contra la furia de la intelligenzia de aquellos años, destacó la calidad y la grandeza de “Adán Buenoayres”. “La aparición de este libro me parece un acontecimiento extraordinario en las letras argentinas, y su diversa desmesura un signo merecedor de atención y expectativa”, con estas palabras iniciaba el comentario publicado en la revista “Realidad”, en marzo de 1949. Dos años más tarde se había instalado en París. Continuaba siendo ese hombre ajeno a los compromisos políticos, al que sin riesgo a equívocos se lo podría tildar de liberal. Claro que en lugar de adoptar la lengua francesa, siguió escribiendo en argentino, en porteño. Tal vez por aquello de que mi patria es la lengua. Sin embargo, ese estar afuera le traerá inconvenientes y conflictos. David Viñas destacó que Cortázar se veía obligado a resaltar ciertos productos argentinos (el dulce de leche La Martona, por ejemplo) con el único fin de darle tono porteño a la escritura. A Cortázar ese sermón no pareció importarle mucho. Algunos años antes de esa diatriba, había viajado a Cuba invitado como jurado del premio Casa de las Américas, estuvo en la isla algo menos de dos meses, pero fueron suficientes para que aquel escritor liberal se convirtiera en un ortodoxo de la Revolución: aquello que no había sabido ver en el peronismo ahora lo estaba viendo, sintiendo, en la Revolución cubana.

Bastó con que dejara de ser un escritor liberal y se convirtiera en un intelectual de izquierda para que, precisamente, desde cierto sector de esa izquierda se lo atacara sin descanso. No aceptaban que aquel artista ajeno al compromiso político ahora apoyase a los movimientos revolucionarios de América latina. El domingo 8 de diciembre de 1974, con el título “Julio Cortázar, la responsabilidad del intelectual latinoamericano”, diversos intelectuales progresistas le cuestionaron su vivir en París. En noviembre de 1978, en un artículo publicado en la revista Eco, Cortázar se refirió al “genocidio cultural” que sufría la Argentina durante la dictadura cívico-militar. El pensamiento de derecha repudió ese concepto, y el repudio curiosamente fue compartido por algún sector del supuesto progresismo. Entre otras muchas cosas, esto motivó una mentada polémica de Liliana Heker con Julio Cortázar y alentó que Alberto Giordano, en un artículo publicado en la revista “Punto de Vista”, sostuviera que Cortázar eludía las polémicas serias porque por sobre todo estaba ocupado “en la celebración narcisista de su figura de escritor comprometido”. ¿Calificaríamos de poco seria “Literatura en la revolución y revolución en la literatura”, aquella polémica que a mediados de 1969 mantuvo con Oscar Collazos? ¿O tal vez por entonces a Cortázar no le inquietaban las celebraciones narcisistas?

No bien recuperamos la democracia, visitó la Argentina. Dicen que intentó saludar a Alfonsín. Dicen que Alfonsín se negó a recibirlo. Después llovieron excusas, se habló de malos entendidos y se articularon las tonterías que suelen articularse en este tipo de situaciones. Lo cierto es que luego de una sangrienta dictadura cívico-militar, el primer presidente democrático argentino se negó a recibir a su compatriota, uno de los mayores escritores vivos quien, además, había cuestionado y denunciado sin cesar a esa dictadura.

Pero la obra de arte y la actitud ética de su autor siempre superan esos rencorosos rasguños. Nadie en su sano juicio podría cuestionar hoy el compromiso de Cortázar, la calidad de su escritura y todo lo que ha significado y significa para la literatura en lengua española. Ahora, que celebramos el centenario de su nacimiento, bien podemos decir que es un verdadero modelo para armar. 

Fuente: Télam

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4 de Diciembre de 2016|03:07
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4 de Diciembre de 2016|03:07
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  1. "Voces de derecha...." Le recuerdo que los dos primeros dos gobiernos de Perón eran tan abiertamente de derecha que se encarcelaban a los comunistas, izquierdistas o a cualquier sospechoso de acercarse a ellos. Y se les abrían las puertas a los prófugos del III reich. La mejor prueba es la cantidad de nazis que fueron a Bariloche y a otros lugares de nuestro país. Perón era militar y los militares eran de derecha. El enojo sería porque era peronista, eso sí, pero no de derecha-
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  2. El problema del "compromiso" de cortázar, como el de tantos otros, fue que fue tardío y que como tal le imprimió un nivel de sobreactuación poco creíble. Digamos, como el compromiso con los ddhh de quienes en los 70 en lugar de hacer habeas corpus por los desaparecidos se dedicaban a lucrar con la 1050. Personalmente me importaba un carajo el compromiso de los artistas, antes y ahora, y Rayuela es maravillosa. También pasa que su mejor obra es anterior a su viejazo (que coindiciò con que descubrió el faso, se divorció y esas cosas que en un burgués cualquiera se señalan como indicadores de que empiezan a fallar las neuronas).
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