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El fútbol argentino despide a su jefe supremo

Condujo con mano de hierro la AFA durante 35 años y sobrevivió a los cambios políticos y tecnológicos enfrentó.

Julio Humberto Grondona, fallecido hoy por una insuficiencia cardíaca, cambió a lo largo de sus 35 años como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) el paradigma del dirigente de fútbol con una visión política y económica de la función hasta entonces inédita en el país. 

Nacido el 18 de septiembre de 1931 en Avellaneda, fue un apasionado del fútbol que ensayó sus primeros pasos en la tarea dirigencial como fundador y titular de Arsenal de Sarandí, un modesto club de pocos hinchas, que emergió del fútbol amateur y llegó a ser campeón nacional e internacional durante su gestión al frente de la AFA.  

Trabajó durante 19 años en la institución del Viaducto hasta que dio el salto al club de sus amores, Independiente, donde asumió como presidente en 1976.   

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En los tres años previos a su asunción en la AFA, Grondona mostró toda su habilidad como dirigente, consagró al "Rojo" dos veces en los Nacionales de 1977 y 1978, y trabó relaciones políticas que lo postularon para la dirección de casa madre después del Mundial Argentina 1978, en reemplazo de Alfredo Cantilo, el protegido del represor vicealmirante Carlos Lacoste.  

Desde los albores de su presidencia, Grondona propuso un modelo de gestión personalista que fue característica distintiva de su construcción como dirigente, ejerciendo un poder sin oposición sostenida en el tiempo desde que asumió el cargo en 1979 hasta el final de sus días. 

"Sí, Don Julio" repitieron durante más de tres décadas sus pares del Comité Ejecutivo para garantizarse una buena relación con el jefe supremo, que en paralelo al crecimiento de su figura en el ámbito local aumentó su influencia en la FIFA hasta llegar a la vicepresidencia.   

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El hombre de Sarandí experimentó sus primeros éxitos como directivo con la explosión de Diego Maradona, con quien tuvo una relación pendular, terminando enemistado luego de tratarlo públicamente como "un hijo" en diferentes etapas de su ciclo.  

"Todo pasa", respondía el dirigente para relativizar cada una de las controversias que afrontó durante su extenso período como titular afista.  Diego le dio el primer título mundial juvenil en Japón 1979, repitiendo con el seleccionado mayor en México 1986, donde se obtuvo el segundo y último título mundial. 

El combinado albiceleste fue además finalista en Italia 1990 y recientemente en Brasil 2014.  

También durante su ciclo se alcanzó el oro olímpico, una de las grandes asignaturas pendientes que tenía el fútbol argentino a lo largo de toda su historia, y se consiguieron cinco campeonatos mundiales sub-20, cuatro de ellos durante la "era Pekerman", entrenador convocado por Grondona cuando era un completo desconocido hasta para el público futbolero de la Argentina.   

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Entre los logros que no pueden ser medidos con trofeos quedará el sello de Julio Grondona en el predio de selecciones nacionales ubicado en la localidad bonaerense de Ezeiza, un modelo de proyección internacional que sacó a los equipos argentinos del ignoto predio "Natalio Salvatori" que estaba en José C. Paz.  

En el plano local, los clubes grandes perdieron el monopolio de los títulos que exhibían desde la creación del profesionalismo e incluso conocieron el descenso durante su gestión: San Lorenzo fue el primero y luego lo siguieron Racing, River e Independiente.  

Algunos equipos chicos, en cambio, alcanzaron la gloria: Argentinos Juniors, Ferro Carril Oeste, Lanús, Banfield y Arsenal fueron campeones por primera vez durante el período de Don Julio, especialmente bajo la modalidad de torneos cortos, una invención grondonista de discutida eficacia deportiva que se extendió a nivel regional por varios países del continente.   

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Todos los clubes, sin excepción, experimentaron una dependencia económica de AFA sostenida principalmente en la titularidad de los derechos de televisión por parte de la entidad, ahora negociados con Fútbol Para Todos, en un hecho que el Grupo Clarín no perdonará jamás y que seguramente se verá reflejado en las necrológicas que publiquen los medios del holding en esta jornada.  

La pérdida de Grondona invariablemente quedará cristalizada en el tiempo como una etapa de avances y retrocesos, legada por un dirigente de raza, que logró como nadie antes la perdurabilidad en el poder por su excepcional cintura política.

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