El principio del fin del poder español

Entre 1701 y 1715 se desarrolló la Guerra de Sucesión Española, uno de los conflictos bélicos más importantes de Europa.

La Guerra de Sucesión Española fue uno de los conflictos bélicos más importantes del siglo XVIII e involucró a casi todas las potencias europeas de la época, aunque dos de ellas fueron las que encabezaron el conflicto: Francia y Austria, esta última representada como el Sacro Imperio Romano Germánico.

Tal como lo indica su nombre, la causa de esta guerra se debió a que el trono de España quedó vacante cuando el último rey de la Casa de los Habsburgos españoles, Carlos II, falleció sin dejar descendencia a fines del año 1700, por lo cual dos casas reinantes se disputaron la corona: Borbón, que reinaba en Francia bajo el rey Luis XIV, y Habsburgo austríacos, representados por el emperador Leopoldo I.

La intervención de las potencias europeas en la guerra, como Gran Bretaña, las Provincias Unidas de los Países Bajos y Prusia, entre otras, se debió a que estaba en sumo peligro el “equilibrio” de poder que se había logrado alcanzar en Europa Occidental y Central durante el siglo XVII, tanto si el elegido era el favorito alemán o francés.

El último Habsburgo español

Carlos II España int

Carlos II de España, apodado el Hechizado, gobernaba la Monarquía Española desde 1665 con ciertas dificultades, ya que era un hombre muy enfermizo y padecía un retraso mental, por lo cual su reinado no estuvo exento de complicaciones, que sólo provocaron un aceleramiento de la decadencia de España en la geopolítica europea.

A fines del siglo XVII, el problema de la sucesión de Carlos II empezó a tomar forma de “cuestión de Estado” que caracterizó la última década de este siglo. En el medio, dos pretendientes de otras monarquías europeas se alzaban como los favoritos a ocupar el trono español: Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV (llamado el Rey Sol y valuarte del absolutismo) y Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo I.

Ambos tenían argumentos dinásticos para solicitar su declaración como herederos: Felipe era hijo de María Teresa de Austria, hermana mayor de Carlos II y nieto de Ana de Austria, tía del monarca español. Por su parte, Carlos era nieto de María Ana de Austria, también tía de Carlos II.

Los principales interesados en solucionar el conflicto dinástico eran Inglaterra y los Países Bajos, ya que una unión de las Coronas española y francesa bajo una misma persona significaría el surgimiento de una nueva superpotencia que impida el desarrollo naval e incipiente colonial de ambos países. Algo similar, aunque menos amenazantes, sintieron con los pretendientes austríacos, ya que el recuerdo de Carlos I aún seguía latente.

Carlos II temía que cualquiera de las dos elecciones terminaran por desmembrar el vasto Imperio español que sus ancestros habían logrado mantener desde el siglo XV, ya que mientras estaba decidiendo en quien sería su heredero, las potencias europeas negociaban a sus espaldas para repartirse los territorios que España aún tenía en Europa.

Debido a estos motivos, el monarca optó por una tercera opción y nombró como sucesor a su sobrino nieto, el joven José Fernando de Baviera, pariente de segunda línea de los Habsburgo e hijo de Maximiliano II de Baviera. Su nombre fue bien visto por los demás países e incluso Luis XIV y Leopoldo I aceptaron esta solicitud, negociando secretamiente una nueva repartición de territorios.

Pero las cosas se complicaron repentinamente en 1699, debido a la prematura muerte de José Fernando. Nuevamente Carlos II se vio en la obligación de designar un nuevo heredero, mientras se formaban en las cortes españolas los bandos “borbónicos” y “austracistas”, incentivados por los embajadores de las potencias europeas interesadas.

Elección y ascenso de Felipe de Borbón

Un mes antes de su muerte, en octubre de 1700, Carlos II escribió en su testamento que declaraba a Felipe de Anjou como heredero a la corona de España, ya que logró ser convencido por los borbónicos de que el pretendiente francés era la opción más viable para mantener la “integridad católica y territorial” del Imperio, aunque dejó asentado que el futuro rey no podría abolir las instituciones españolas ni sería rey de Francia mientras sea el de España.

Felipe V de españa int

Carlos II murió en noviembre de 1700 y ese mismo mes fue entronizado Felipe de Anjou, ahora conocido como Felipe V de España, dando inicio a la dinastía de la Casa Borbón española. En sus primeros meses de reinado, Felipe V dictó una serie de normas que otorgaban ventajas comerciales a Francia, sobre todo la apertura de los puertos americanos, además de otorgarles grandes influencias políticas a los embajadores franceses enviados por Luis XIV.

Estas acciones preocuparon a Inglaterra y los Países Bajos, quienes vieron visibles sus temores de perder sus posiciones comerciales ante un avance franco-español. Así, en 1707 se encargaron de formar una gran alianza antiborbónica con el Sacro Imperio, donde se incluía a Austria y Prusia, y se proclamaba a Carlos de Habsburgo como legítimo heredero de la corona española. Portugal y Saboya se unirían a ellos en 1703.

Comienzo de la guerra

Las primeras acciones bélicas comenzaron en mediados de 1701, cuando las tropas austríacas al mando del príncipe Eugenio de Saboya atacaron a las huestes francesas en el Milanesado. Los conflictos militares se replicaron en los Países Bajos Españoles (actual Bélgica) y en la región del Rin, donde los electores de la zona apoyaban a los borbones.

En 1702 estalló una revuelta antiborbónica en Nápoles, por lo cual el propio Felipe V desembarcó en la ciudad para sofocar la rebelión, consiguiendo resonantes victorias. Sin embargo, el rey retornó a Madrid pero tuvo que afrontar dos peligrosas situaciones: un intento anglo-neerlandés de desembarcar cerca de Cádiz y el cada vez mayor rechazo a la dinastía borbónica en las cortes de Cataluña, Valencia y Aragón.

Carlos de austria int

Las batallas, que parecían desarrollarse solamente en Italia y la frontera franco-germana, hicieron su introducción en la península española y derivaron en una cruenta guerra civil. Portugal se unió a los austracistas en 1703, permitiendo una importante base para las operaciones de Carlos (que había sido proclamado como Carlos III de España por su abuelo) y al año siguiente fue tomado el puerto de Gibraltar por las tropas anglo-neerlandesas.

Finalmente, los españoles austracistas hicieron su ingreso a la Guerra de Sucesión en 1705, con un levantamiento en Cataluña. Gracias a la firma de un tratado con Inglaterra, las cortes catalanas permitieron un nuevo desembarco de Carlos de Austria en la península.

Rodeado por los portugueses al oeste y las fuerzas austríacas e inglesas por el este y el sur, Felipe V inició una fuerte defensiva exitosa que derivó en una recuperación paulatina de las posesiones austracistas en España. Ello derivó en la supresión de las cortes de Valencia y Aragón. De todas maneras las acciones bélicas continuaron en casi toda la península durante los siguientes años.

Distinta fue la situación en sus posesiones europeas. Los borbones fueron expulsados de Italia en 1705 y eran arrinconados en los Países Bajos al año siguiente. Con la situación a su favor, los ejércitos del Sacro Imperio penetraban paulatinamente en Francia, y sumado a la depresión económica francesa, Luis XIV prefirió iniciar acciones negociadoras, sobre todo con Inglaterra, para impedir una invasión austríaca.

Esta actitud provocó un quiebre entre Felipe V y su abuelo. Luis XIV se mostró dispuesto a retirar el apoyo militar a su nieto e incluso no reconocerlo como rey de España. Por su parte, Felipe no declinó en sus intentos de mantenerse en el trono mientras las batallas en el territorio peninsular entraban en una especie de meseta. Sin embargo, los duros términos que los aliados querían imponer a Francia causaron el reanudamiento de relaciones entre los monarcas borbónicos.

Pero las verdaderas causas de la reconciliación fueron fruto de las sugestivas victorias de Felipe V contra las tropas austracistas en el noreste peninsular a partir de 1710 y el apoyo creciente que la población castellana le otorgaba a los borbónicos. Sólo Cataluña seguía siendo el foco más fuerte de oposición austracista. Así, el poder de la Casa de Borbón comenzaba a asegurar su posición en España, pero sufría sólo derrotas en el continente europeo y el mar.

Cambio inesperado y fin de la guerra

La suerte de los borbones se produciría en 1711. José I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio tras la muerte de Leopoldo en 1705, falleció y Carlos de Austria tuvo que asumir el trono imperial, bajo el nombre de Carlos VI, lo cual pulverizó el apoyo de Gran Bretaña (Inglaterra y Escocia se habían unido en 1707) y los Países Bajos, ya que tampoco querían una unión monárquica hispano-germana.

Fue así que los representantes británicos y neerlandeses reanudaron las negociaciones con Luis XIV, cuyo reino se encontraba asfixiado económicamente por la continuidad de la guerra y quería una solución negociada.

Finalmente, en 1713 se firmó el Tratado de Utrecht, que plasmó todas las negociaciones previas que se mantuvieron durante los dos años previos. Europa (a excepción de Austria) reconoció a Felipe V como rey de España y sus colonias americanas, pero a cambio de renunciar a ser el heredero de Luis XIV en favor de su primo Luis de Borgoña (el futuro Luis XV).

A su vez, España hizo grandes concesiones territoriales. Las posesiones en Italia y los Países Bajos Españoles fueron cedidos a Austria (excepto Sicilia, que fue entregada a Saboya), mientras que Gibraltar y la isla de Menorca a Gran Bretaña. Además le otorgó a los británicos suculentas ventajas comerciales en sus posesiones americanas, rompiendo formalmente el monopolio hispánico. De todas maneras, Felipe V se aseguró la neutralidad británica en el conflicto con Cataluña, al igual que los demás países.

Mapa europa tras guerra de sucesión española int

Por su parte, Francia también debió otorgar buena cantidad de territorios, sobre todo a Gran Bretaña, la gran beneficiada de la contienda y a la cual cedió sus posesiones en el actual Canadá y varias islas del Caribe. Esto le permitió asegurar sus fronteras internas y el sistema absolutista, pero nadie pensaba que sería el principio del fin para la monarquía francesa.

A pesar de que la Paz de Utrecht supuso el fin teórico de la Guerra de Sucesión Española, la no firma del emperador Carlos VI hizo que las acciones bélicas tengan continuidad en la frontera franco-germana, aunque de menor impacto. Finalmente Francia y el Sacro Imperio firmaron el Tratado de Rastatt en 1714, dando por terminada la guerra.

Por su parte, los rebeldes catalanes aún seguían resistiendo las embestidas militares españolas, aunque cada vez más agotados, carentes de recursos y sin apoyo extranjero. En septiembre de 1714, los borbones rompieron las defensas catalanas y se apoderaron de Barcelona, mientras que en julio del año siguiente se logró la toma de Mallorca, poniendo oficialmente fin a la Guerra de Sucesión Española.

Nueva etapa de la Monarquía española

La victoria de los borbones supuso fuertes cambios en la administración monárquica española, abrazando el absolutismo francés. Se terminaron de abolir las instituciones de la Corona de Aragón, que había comenzado en 1707, como así se impuso de manera única las leyes castellanas en todo el reino bajo el sistema centrista, aunque Navarra y las Vascongadas mantuvieron sus fueros de manera nominal.

Como consecuencia, se dio por acabado el federalismo bajo la monarquía dual en España (Castilla y Aragón) y se pasó a un Estado centrista y absoluto, concentrando cada vez más poder en la figura del monarca y su corte de confianza. Además, se produjeron cambios políticos, administrativos y económicos en las colonias ultramarinas, que se profundizaron a lo largo del siglo XVIII.

Nicolás Munilla

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