La musa empatada

La “generación asfáltica”, una suerte de conjura encabezada por Gastón Moyano y Guillermo Antich, quienes comienzan a perfilarse con un espesor propio.

Nombrar a una generación de autores, inventarles una supuesta prosapia, revisarles el paladar en busca de aquella mancha que certifique el derecho de pertenencia a determinado linaje literario, no es algo que a este crítico menor, a este aprendiz de brujo depresivo, le quite el sueño. No. Curado, es decir, jodido en salud está, como la democracia, el sistema penitenciario y la cultura de Mendoza, ¡esas quimeras! Son como envases rotos o desfondados. ¡Restos diurnos! La verdad es que preferiría leer a esos autores en simultáneo, casi en “estéreo”, voz sobre voz y silencio sobre silencio, apilándose como estratos de polvo en el interior de una salamanca. Dije al comienzo “nombrar”, término que, según la tradición bíblica, es sinónimo de dar vida, de insuflarle a la materia inerte un cierto aire nutricio capaz de poner al no ser, al no vivo, en movimiento. Lo mismo sucede con las ideas que, a pesar de todo y contra todo pronóstico, persisten en su afán de ser nombradas. Así, la idea de la “generación asfáltica” que atraviesa este texto. ¿Y cómo es eso?, se preguntará el lector. Bueno, se trataría de una suerte de conjura (cópula delirante entre sensibilidades poéticas, experiencias vitales y circunstancias históricas) encabezada por un par de autores mendocinos, y en la cual, las figuras de Gastón Moyano (1983) y Guillermo Antich (1985) comienzan a perfilarse con un espesor propio. Esa idea de pertenencia, cierto que discutible, puede comprobarse al cotejar, por ejemplo, La bestia negra del proletariado con Ejército de salvación, ambos libros publicados por Borde Perdido, una pequeña editorial independiente oriunda de Córdoba.

-¿Y por qué “asfáltica”?

-¿Y por qué no?

-Pero usted tiene que fundamentar la acuñación de ese nombre. Dar las razones de por qué observa ciertos rasgos generacionales en la obra de esos autores.

-SÍ, pero resulta que éste es un diario digital.

Veamos: las obras guardan cierta similitud en cuanto al tono (esa rispidez no exenta de matices sentimentales y trágicos), el humor negro (de puro cuño lamborléonico) y su particular tratamiento del lenguaje, entre pornográfico y paródico. En el primero, la realidad deviene fantasmagórica a tal punto que, por momentos, evoca el trazo purulento y alucinado de Chaïm Soutin. (Digámoslo de una vez: el tono de Moyano es el de un rabino ebrio contando un chiste sobre la Shohá) El pensamiento político tensado hasta la clausura, aunque paradójicamente luego siga latiendo con más bríos, y la concreción de una mitología persona reconocible, encuentra en el joven Antich un terreno propicio para la escritura y la venganza.

Queda claro que estos autores decidieron evadirse del territorio viciado de la esquina, con sus códigos, clichés y formas convencionales de lectura, y emprender un camino en solitario. Y la necesidad de advertir sobre su trabajo es tan urgente como estratégico a la hora de pensar lo que se está escribiendo en la actualidad. Porque buena parte de la literatura local quedó atrapada en el cepo del intimismo barrial, esa mezcla de “acá no pasa nada por eso escribo así” y pereza expresiva de los noventa (ya estoy escuchando el cencerro oxidado de “la alegre compaña”), o se calcinó en contacto con la vieja tradición metafísica (Tudela, Ramponi, etc.), la cual, como se sabe, opera en ciertas subjetividades, cuanto más burocráticas peor, como esos relojes utilizados por los niños pequeños cuyos minuteros son de fantasía. Es cierto que, como en todo, hay excepciones, pero en materia poética la renovación, “la huída hacia adelante”, no puede ser el resultado de un tiro al córner. Y redoblo la apuesta, total, ganar es perder y viceversa. En obras como La bestia negra del proletariado o Ejército de Salvación se vislumbra la revancha del lumpen (en el sentido programático que le daba a esa palabra Néstor Sánchez), de aquel héroe de indiscutible nobleza (?) que fue perdiendo sus fueros en la imaginación poética frente a un Eneas nacional y popular, lleno de idealismo, paranoia y mala leche.

Tapas Moyano Antich

A continuación, un poema de Gastón Moyano y uno de Guillermo Antich.


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2 de Diciembre de 2016|21:28
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