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Una consagración que cambió al fútbol argentino

Con la llegada de César Luis Menotti como entrenador, la selección se convirtió en prioridad número uno. Ese fue el gran cambio que generó el Mundial 78 realizado en nuestro país.

"Un homenaje al viejo y querido fútbol argentino" fue la definición de César Luis Menotti, el conductor de aquel equipo, poco después de que la selección nacional ganara el Mundial de 1978 tras vencer a Holanda en la final, de la cual se cumplen 30 años.

Sin embargo, aquella fiesta inolvidable contrastó con una triste realidad política, que salió a la luz años después, cuando Los militares se alejaron del poder.

Esa consagración cerró un ciclo que cambió al fútbol argentino, ya que con la llegada de Menotti la selección se convirtió en prioridad número uno.

Cuatro años antes, y tras llevar a Huracán al primer y único título de su historia, el entrenador se sumó a la selección tras el fracaso ocurrido en el Mundial de Alemania '74.

Desde entonces, y hasta el comienzo del certamen jugado aquí, Menotti logró que la selección fuera reconocida, incluso antes de llegar al título.

En ese tiempo el equipo jugó contra las potencias europeas y disputó muchos amistosos contra otros equipos sudamericanos, habida cuenta que por ser organizador, Argentina no disputaba las eliminatorias.

Finalmente, y diez días antes de comenzar el certamen, el director técnico desafectó a Diego Maradona, Humberto Bravo y Víctor Bottaniz, quien se quedó con el plantel durante todo el torneo.

El debut deparó una sufrida victoria sobre Hungría por 2 a 1 y luego otro triunfo contra Francia, por el mismo marcador, para asegurarse la clasificación a la segunda ronda.

La última fecha de la primera fase marcaba un duelo contra Italia para definir cual de los dos se quedaba con el primer puesto del grupo.

La derrota ante los italianos (1-0) obligó al equipo a dejar Buenos Aires y el estadio Monumental, para mudarse a Rosario, donde esperaban Polonia, Brasil y Perú.

Allí apareció Mario Kempes en toda su dimensión, y fue el artífice del triunfo contra Polonia por 2 a 1, aunque luego no se lució tanto en la igualdad sin goles ante Brasil.

En el cierre de la segunda fase la selección debía enfrentarse a Perú, y con la obligación de imponerse por cuatro goles de diferencia para acceder a la final, ya que horas antes Brasil le había ganado a Polonia.

El encuentro contra los peruanos, envuelto en innumerables rumores y denuncias nunca comprobadas debidamente, se resolvió con un margen más amplio del esperado: 6 a 0.

La final marcaba el regreso al estadio de River, que ese día lucía como nunca. Millones de papeles saludaron el ingreso de la selección, en medio de una ansiedad que se devoraba a protagonistas y espectadores.

Cerca del epílogo de la parte inicial Kempes abrió el marcador y Argentina conservó la ventaja hasta los minutos finales del encuentro.

Sin embargo, un tal Dirk Nanninga marcó el empate y obligó a disputar el alargue. Otra vez Kempes, y luego Daniel Bertoni anotaron los goles decisivos. Entonces, se desató un festejo inolvidable en cada rincón del país.
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10 de Diciembre de 2016|16:07
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