Vuelve el infalible Philip Marlowe

Veinticuatro años después, "La rubia de ojos negros" es la nueva novela en la que hallamos a Philip Marlowe soltero, solitario, tal como lo había dejado Chandler.

La soledad, parece ser, es un constante entre los investigadores privados de ficción, tanto los que se inscriben en la novela enigma como los que transitan la novela negra. Sherlock Holmes, Hercule Poirot, Sam Spade, Philip Marlowe y Lew Archer son criaturas solitarias.

Sin embargo, es preciso establecer algunas diferencias que se fundan, precisamente, en el modo en que cada uno de ellos es contado. El inefable doctor Watson y el fiel mayor Hastings se ocupan de describir las incidencias de Holmes y de Poirot. Sam Spade, por su parte, es contado por Dashiell Hammett. Esta tercera persona narrativa hace que Holmes, Poirot y Spade no padezcan una soledad total, como sí la padecen Marlowe y Archer: ambos relatan sus propias historias. Esa primera persona los condena y aísla sin remedio. No obstante, aquí es necesario señalar una sutil diferencia entre uno y otro: Lew Archer alguna vez fue fiel al mandato bíblico (“no es bueno que el hombre esté solo”, Génesis 2:18/23) y supo formar un matrimonio, posteriormente disuelto, Philip Marlowe, en cambio, hasta su última novela vivió dignamente su condición de soltero y solitario.

En las páginas finales de Playback leemos que la bella e irresistible Linda Loring llama a Marlowe desde París y le propone matrimonio. “El aire estaba lleno de música”, es la frase que cierra Playback. Todo hace suponer que Philip Marlowe abandonará su condición de soltero. Raymond Chandler murió antes de que su detective privado llegara al registro civil, circunstancia que no impidió el anunciado casamiento: entre el material inédito de Chandler habían quedado tres capítulos de una nueva novela, Poodle Springs, en donde Marlowe se casaba con Linda Loring. Treinta años más tarde la boda se llevó a cabo: Robert Parker, un avezado autor de novelas policiales, completó la novela inconclusa de Chandler. Poodle Springs apareció con la firma de ambos autores y un subtítulo que anunciaba: “La última aventura de Marlowe”. Ahora, veinticuatro años después, advertimos que esa había sido su penúltima aventura.

La rubia de ojos negros se titula la novela y en ella nos reencontramos con Philip Marlowe, soltero, solitario, tal como lo había dejado Chandler en Playback. Diversos imponderables, que algunos prefieren denominar “casualidad” y otros “destino manifiesto”, hicieron posible ese reencuentro. Casualmente, Ed Victor, el agente literario de los herederos de Raymond Chandler, es también agente de John Banville. Ed Victor, por sugerencia de los herederos de Chandler, le preguntó al escritor irlandés si se atrevería a poner a Philip Marlowe nuevamente en escena. “Parecía interesante —confesó Banville—, de modo que me lancé a la aventura de escribirla”. Aunque, tal vez había un destino manifiesto, porque de inmediato agregó que “la idea había estado germinando en mí desde mucho antes”. Si se tiene en cuenta que John Banville es uno de los más grandes escritores vivos en lengua inglesa, que acaba de obtener el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y que es uno de los candidatos al Nobel, no quedaban dudas de que el resultado de esa aventura iba a ser altamente positivo. 

John Banville tiene una suerte de heterónomo, Benjamin Black, que se ocupa de escribir sus novelas policiales. Cuando le preguntaron el por qué de esa bifurcación, Banville dijo: “quería que a los lectores de mis novelas, las que publico como Banville, les quedara en claro que estaba tomando una nueva dirección, y que las novelas policiales que me disponía a escribir no iban a ser elaborados juegos literarios o ficciones posmodernas.”El secreto de Christine (2006), El otro nombre de Laura (2007), El Lémur (2009), Muerte en verano(2012), Venganza (2012), son algunos de esas novelas. La melancolía, el desencanto, que identifica al médico patólogo Quirke, uno de sus personajes claves, está íntimamente ligada al desasosiego que caracteriza a Philip Marlowe. Como consecuencia de eso, La rubia de ojos negros, además de ser un texto ejemplar, resulta una suerte de gran homenaje a Raymond Chandler y al héroe que éste creara.

Benjamin Black ignora a Poodle Springs, la novela inconclusa de Chandler completada por Robert Parker. En La rubia de ojos negros se menciona a Linda Loring, pero será otra mujer, Clare Cavendish, igualmente bella y diabólica, quien perturbará los sentidos de Marlowe. La historia está plagada de claves y de signos vinculados a las novelas de Chandler, con datos sorprendentes en torno a Terry Lennox, aquel singular personaje de El sueño eterno. La acción transcurre en los años cincuenta y Benjamin Black, como una suerte de Pierre Menard, consigue integrar su propia escritura, su estilo, a la escritura y al estilo de Raymond Chandler; cuida hasta el último detalle y es fiel a los gestos y los datos de época. Habría un solo anacronismo en la página 239 de la edición de Alfaguara. Marlowe refiriéndose al policía Bernie Ohls, dice: “Cogió otra vez la pitillera y encendió otro cigarrillo cancerígeno”. Recordemos que la noticia de que el tabaco produce cáncer se conocería veinte años después de que Bernie encendiera aquel nuevo cigarrillo. Personalmente, no considero que se trate de un descuido de Banville, queda a la interpretación de cada lector el por qué de ese desliz.

Cuando le preguntaron cómo definiría el tono de Marlowe, dijo que “es equilibrado, elegante, agudo e ingenioso, flexible y, a su manera, extrañamente poético”. Ese es el tono que logra Benjamin Black en esta formidable novela. 

Fuente: por Vicente Battista, en Télam

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9 de Diciembre de 2016|05:25
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