¿Por qué Candy Crush es tan adictivo?

Los jugadores tal vez no lo hayan notado, pero seguramente pasan muchas horas tratando de alinear y eliminar golosinas del mismo color.

Muy pocas personas son las que han probado una vez y se han alejado del juego. Por el contrario, son muchas a las que se puede escuchar decir que se les ha vuelta una adicción. Y es que, definitivamente, Candy Crush, el juego que a través de Facebook llegó a la gente y que genera adicción.

Los jugadores de Candy Crush tal vez no lo hayan notado, pero seguramente pasan muchas horas tratando de alinear golosinas del mismo color. Y si lo han notado y se sienten culpables del tiempo que pierden, sepan que la responsabilidad no es del todo de ustedes, ya que el juego genera una adicción que ha sido explicada por la ciencia, adicción que ha sido puesta ahí a propósito, por supuesto.

Según algunos estudios, el aparentemente inofensivo juego (que ya cuenta con 93 millones de usuarios) propone problemas computacionales complejos. Al parecer, la clave de su éxito está en los niveles más difíciles, aquellos que no se pueden quitar de la mente del jugador y que sienten que deben superar a como dé lugar.

Cualquier usuario que haya jugado cierta cantidad de niveles de Candy Crush sabe que los hay muy simples, otros complicados y algunos muy difíciles de pasar. Cuando un jugador pasa un nivel, lo olvida rápidamente, pero cuando pierde, tiene la urgente necesidad de volver a jugarlo hasta superarlo.

A esta actitud se la denomina efecto Zeigarnik, porque fue enunciada por la psicóloga Bluma Zeigarnik. Ella descubrió que los camaroneros podían recordar una gran cantidad de pedidos, pero una vez que cumplían con ellos, los olvidaban. La psicóloga propuso 20 retos mentales a un grupo de voluntarios e interrumpió la mitad. Al finalizar, los hombres recordaban estas tareas con más claridad que las que habían resuelto.

Toby Walsh, de la Universidad de Nueva Gales del Sur y del centro de investigación de la computación NICTA –ambas en Sydney, Australia–, analizó el juego y descubrió que pertenece a una clase de problemas matemáticos llamados NP-hard, lo que significa que puede ser casi imposible de resolver.

Walsh estudió una versión generalizada del Candy Crush, en la que el tablero tiene un tamaño ilimitado, y se preguntó si era posible encontrar una secuencia de combinaciones que obtuvieran una puntuación determinada. Para transformar esto en una cuestión matemática, creó combinaciones de dulces equivalentes a enunciados matemáticos lógicos en ejercicios llamados "problemas de satisfacibilidad booleana" (también conocidos como SAT), que plantean si una serie de afirmaciones lógicas son compatibles o si se contradicen entre sí.

La adicción al Candy Crush puede explicarse, al menos en parte, en que es un rompecabezas difícil de resolver y se convierte en un reto permanente para los jugadores. La misma estrategia planteada por Walsh se utilizó para demostrar que los juegos clásicos de Nintendo, como Super Mario Bros y Zelda, también son NP-hard.

Existen otras razones por las que el Candy Crush es uno de los videojuegos más adictivos. Especialistas en psicología y adicciones aseguran que el popular juego cuenta con ciertos rasgos que nos hacen jugar sin parar. Por ejemplo, es punto medio entre un reto y una situación desalentadora, ya que es una experiencia lo suficientemente fuerte para ser un reto pero no demasiado difícil como para ser desalentadora.

Los jugadores experimentan recompensas aleatorias e intermitentes en el juego, que se traducen en explosiones de dopamina que cursan a través de sus cerebros. Los especialistas también señalan que los divertidos y coloridos dulces que vemos en la pantalla nos transportan a la niñez y esto puede asociarse con muchos buenos recuerdos.

Por todo esto, no se sientan culpables quienes se han hecho adictos a Candy Crush, ya que la responsabilidad no está cien por ciento en ellos, sino que es consecuencia de un juego pensado para que no lo dejes de lado.

Fuente: http://curiosidades.batanga.com/

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