Godoy Cruz, el hombre de San Martín en Tucumán

Las presiones epistolares que el general ejerció sobre el abogado que representó a Cuyo en el Congreso que declaró la Independencia el 9 de julio de 1816.

Hace seis años que un Cabildo abierto le arrebató el poder al virrey y en su lugar colocó a una junta de gobierno. Hace tres años que una asamblea declaró el principio de la soberanía del pueblo, resolvió la libertad de las provincias del Río de la Plata, aprobó el Escudo, la Escarapela y el Himno Nacional, mandó a acuñar moneda nacional y suprimió el uso de la efigie del rey de España, entre otras resoluciones.

Ya hace tiempo que Güemes participó en la primera batalla contra los españoles, en Suipacha. Ya hace tiempo que Belgrano desobedeció e izó la bandera celeste y blanca a orillas del Paraná. También de que Belgrano encabezara ese enorme movimiento estratégico que fue el Éxodo Jujeño. Ya hace tiempo que San Martín participó, al frente del Regimiento de Granaderos a Caballo, en el primer gran triunfo de este cuerpo contra los godos: la Batalla de San Lorenzo.

Estamos en 1816 y aún las Provincias del Río de la Plata no han declarado su independencia del rey de España. San Martín era, desde fines de 1914, el gobernador intendente de Cuyo. En tierras mendocinas trabó una profunda amistad con Tomás Godoy Cruz, quien fue uno de los impulsores de la filial local de la Logia Lautaro y que encabezó la revuelta popular para que San Martín retomara la gobernación de Cuyo luego de que Alvear lo remplazara.

Tomás Godoy Cruz (1791-1852) y Juan Agustín Maza (1784-1830) iban a ser los mendocinos designados para representar a Cuyo en el Congreso que se realizaría en Tucumán desde el 24 de marzo de 1816 y cuyo principal objetivo era declarar la ansiada independencia.

En tanto, San Martín se encontraba en Mendoza aprontando los preparativos para comenzar la expedición a Chile que culminaría en Perú con la derrota de los españoles y, con ello, la liberación del hasta entonces virreinato. Hacía dos años que, tras la batalla de Rancagua, los españoles habían restaurado su poder en Chile, convirtiéndose en una amenaza latente, cordillera de por medio.

San Martín tenía en claro que mientras no se declarase la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, no podría avanzar con su ejército libertador hacia Santiago sin contar con el apoyo de Buenos Aires. Por eso, no escatimó palabras, mediante la correspondencia, para acelerar el proceso que se decantaba, y su vía en el Congreso era Tomás Godoy Cruz.

Godoy Cruz, el hombre de San Martín en Tucumán

Tomás Godoy Cruz fue, sin duda alguna, uno de los hombres más importantes en la historia del país y de Mendoza, puesto que su contribución fue de muchísimo valor para la independencia y la posterior consolidación de esta.

No sólo fue uno de los dos delegados cuyanos en Tucumán, sino que un año después presidió el Congreso. Más tarde, también sería dos veces gobernador de Mendoza, pero en 1831 tuvo que exiliarse en Chile (donde instaló una fábrica de seda). Bajo la protección de José Félix Aldao, pudo regresar a la provincia, donde falleció en 1852.

Abogado de profesión, Godoy Cruz era uno de los hombres más apropiados para intervenir en el Congreso de Tucumán, y, además, contaba con el apoyo de José de San Martín, quien depositó en él toda la confianza respecto de su intervención en el cónclave que declararía la independencia.

No puede desmerecerse la capacidad política de Godoy Cruz, pero tampoco puede negarse que era el hombre de San Martín en Tucumán, la persona en la que el general puso toda su confianza mientras él, en Cuyo, comenzaba la organización del Ejército de los Andes.

Y no se puede obviar el hecho de que San Martín sabía que sus intenciones de cruzar la cordillera y dar batalla a los españoles descansaban, en gran medida, en el resultado del cónclave tucumano, por eso no dejó de presionar a Godoy Cruz, mediante la correspondencia, para que el objetivo de la independencia se concretara.

“¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro [de] que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte el sistema ganaría un 50 por ciento con tal paso. Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo; si no se hace, el congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito”, conminaba San Martín a Godoy Cruz, refiriéndose con indisimulable ironía a Fernando, el rey de España, en la carta del 12 de abril de 1816, menos de tres semanas después de que comenzara a sesionar el Congreso, y en el párrafo inmediato presionaba poniendo en duda la posibilidad de avanzar sobre el enemigo: “Por lo que veo, Chile no se toma el año entrante, pues para ello se necesita trabajar en los aprestos todo el invierno y no noto se dé principio”.

Pero esta no era una reacción aislada de San Martín, puesto que ya desde enero sus presiones epistolares habían dado inicio. Considerando que las sesiones comenzarían recién a fines de marzo, se percibe claramente que lo que el general quería (porque sabía que los españoles, del otro lado de la cordillera, estarían pensando en avanzar hacia cuyo para comenzar unas reconquista) no era otra cosa más que la independencia. Por eso, el 19 de enero le escribe a Godoy Cruz: “¿Cuándo empiezan ustedes a reunirse? Por lo más sagrado le suplico hagan cuantos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte; todas las provincias están en expectación esperando las decisiones de ese congreso: él solo puede cortar las desavenencias (que según este correo) existen en las corporaciones de Buenos Aires”. Y el 24 de enero, por si el mensaje anterior no quedó claro, escribe: “¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? Yo estoy con el mayor cuidado sobre el resultado del Congreso y con más si no hay una unión íntima de opinión. Los enemigos están todos reunidos en Aconcagua, y según noticias recibidas ayer, haciendo aprestos para pasar; Dios lo haga, pues tal vez de ese modo tomaremos a Chile. Dígame usted algo sobre los diputados llegados, ábrame su opinión sobre los resultados que espera de esa reunión, pues esto me interesa más que todo, como que está ligado al bien general”.

Es sencillo imaginar que si San Martín ya estaba impaciente antes de que comenzara a sesionar el Congreso, una vez que supo que había comenzado a hacerlo la ansiedad lo carcomería. Sin duda, eso lo llevó a escribir el 24 de mayo, dos meses después de abierto el Congreso, una epístola en la que comienza con palabras cautas, pero a medida que avanza su euforia comienza a notarse, hasta llegar a una frase definitiva: “Se acabó”, sentencia el general.

Dice San Martín en esa carta: “Veo lo que usted me dice sobre el punto de la independencia no es soplar y hacer botellas; yo respondo a usted que mil veces me parece más fácil hacerla que el que haya un solo americano que haga una sola. […]Seis años contamos de revolución y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen: falta de jefes militares, y nuestra desunión son las causales. ¡Y se podrán remediar! Puede demostrarse que no podemos hacer una nueva guerra de orden, por más tiempo que el de dos años, por falta de numerario: y si sigue la contienda, no nos resta otro arbitrio que recurrir a la guerra de montonera y en este caso sería hacérnosla a nosotros mismos. Ya está decidido el problema de la Inglaterra, nada hay que esperar de ella. Ahora bien, ¿cuál es el medio de salvarnos? Yo lo sé, pero el Congreso lo aplicará como tan interesado en el bien de estos pueblos; resta saber, que si los tales medios no se toman en todo este año no encuentro (según mi tosca política) remedio alguno. Se acabó”.

El final de esta historia la conocemos. El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán declara la Independencia de la Provincia Unidas del Río de la Plata. San Martín avanzará hacia Chile a comienzos de 1817 y culminará su periplo libertador en su encuentro con Bolívar. La Argentina vivirá una sangrienta guerra interna entre quienes proponen un sistema de gobierno federal y los que proponen uno unitario, en un conflicto que se prolongará por más de treinta años.

Tomás Godoy Cruz jugó un papel más que relevante en los primeros años de nuestra historia como país y como provincia, de la mano de San Martín, quien no estuvo en Tucumán en persona, pero sabía que en el Congreso su voz se haría escuchar por intermedio de la de Godoy Cruz.

Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|19:06
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7 de Diciembre de 2016|19:06
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  1. Prestar atención, San Martín, escribiendole a Godoy Cruz, por un país Independiente: Gimnasia no existís.
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