Ese chico es tu abuelo: migrar para vivir y morir en el intento

MDZ reunió virtualmente al enviado del papa Francisco a México, a un escritor uruguayo que vive en EEUU y a una historiadora estadounidense. Inmigrantes.

Un pantalón de jean gastado, dos botas y un cinturón “Elvis”. En la hebilla, garabateado un teléfono de Chicago. Allí vive su hermano. Manchándolo todo por dentro, los restos descompuestos de Gilberto Ramos, Gilberto Francisco Ramos Juárez, de origen guatemalteco, 11 años de edad a la hora de ser consumido por el sol. Empujado (o no) por sus padres, buscaba una vida en los Estados Unidos y encontró todo lo contrario.

Niño ilegal

Hasta allí, la situación que estremece pero que no por ello hay que dejar de contarla, de invocarla a la hora de hablar de un asunto que se vuelve, rápidamente, tag, tip, breaking news: los que buscan una vida para cada uno en otro país y encuentran todo lo contrario, los migrantes, como lo fueron nuestros ancestros.

El caso de Gilberto le puso forma, nombre y apellido, dolor, bronca, impotencia y hasta olor, si se quiere, a la cifra de 50 mil niños que son tabulados por las autoridades migratorias y por los patrulleros estadounidenses como “ilegales”. 

“Niños ilegales”, como si haber nacido, ahora, se considerara -violando todos los acuerdos para los que los mandatarios del mundo se sacaron las mejores fotos- hubieran invertido sus mandatos. Nacer es un delito; ¿vivir lo es?


Gilberto

La frase es “ningún ser humano es ilegal” y alrededor de ese acuerdo básico puede haber una normativa que tienda una mano, pero no debería haber (se supone) otra que lo señale, que lo hunda, que le cabe una fosa o ni siquiera eso, como le ocurrió a Gilberto, que murió de hambre de sed de injusticia buscando a su hermano que vive en Chicago y dejándole como única “remesa” a Doña Cirpiana Juárez Díaz, su madre, un mar de lágrimas: "Yo le dije 'm' hijo, mejor no te vayas, que todo lo que tengo es por vos´''.

"Arriba", se debate cómo frenar la embestida infantil a las fronteras. "Al medio", en dónde meterlos (y hasta se busca, con ese espíritu práctico que suelen mostrar como capital los estadounidenses, bases militares abandonadas, en donde enjaularlos, como gallinas). "Abajo", nada puede detener el curso de ese caudal de humanos que buscan un cauce para sus existencias y, como el agua, buscan y encuentran por dónde filtrarse, atraídos por las luces de tanta propaganda de buena vida que viene desde el otro lado, esa luz al final del túnel.

Lo que ocurre es el telón de fondo de una concatenación de fracasos cuya lista incluye a historias mínimas, locales y personales, como muchas de las que vivieron en Europa o en países vecinos nuestros abuelos, pero con un final absolutamente diferente en Argentina y en Estados Unidos, por citar dos ejemplos.

Muro verguenza

Pero no la única derrota de una batalla que nadie sabe qué dios propone como prueba de quién sabe qué desafíos. Ni el “hombre más poderoso del mundo” de turno, Barack Obama, pudo sacar su prometida y propagandizada reforma migratoria, por básica y recordada que haya quedado tras las podas de los ultras de su país.

Tampoco los “representantes del Cielo en la Tierra” consiguieron morigerar (y ni qué decir cambiar) las condiciones de los migrantes en 2006, en la primera conferencia sobre el asunto realizada entre EEUU y México, tal como le contó a MDZ el canciller de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, Marcelo Sánchez Sorondo.

Nota sorondo


El alto prelado se dispone a subirse a un avión para llegar a la misma ciudad y para hablar del mismo problema. Pero tiene una misión bastante más práctica y aplicable en esta vida, no en “la próxima”: derribar (simbólica y, si se pudiera, literalmente) el “Muro de la Vergüenza” que separa a EEUU de Latinoamérica.

En 2006 el hombre enviado por el papa Francisco, habló, dijo y dejó sentada postura del Estado Vaticano y la Iglesia:

- “En el nuevo mundo global las personas no logran desplazarse con la velocidad -como hemos dicho- de los capitales. En los países en que se asientan los inmigrantes, tanto en América Latina, como en Europa y Estados Unidos, se generan fácilmente conflictos sociales, raciales y hasta religiosos que hacen todavía más difícil su situación”.

- “En América, más que en Europa, el problema se agrava por la gran irregularidad jurídica, al menos de algún tipo, de los inmigrantes es, según las leyes, restrictivas de muchos países receptores, también en la Argentina. Esto coloca a muchas personas en una situación de indefensión ante los varios atropellos que sufren, además de propiciar su explotación por los empleadores, y de mantenerlos en la inseguridad bajo una amenaza continua de las autoridades”.

- “En esta misa realidad global de las migraciones cabe reconocer lo que podemos llamar, signo de esperanza especialmente en América; tales signos de esperanza han sido y son, la frescura de la fe y la riqueza de nuevas perspectivas humanas y culturales que aportan los inmigrantes a los pueblos e iglesias de acogida. También hay que constatar que un número creciente de inmigrantes ha logrado vincularse en la vida económica, social, educacional, cultural y política de los países receptores, asumiendo, incluso, cargos de responsabilidad social y política”.

Y reafirmó, en un discurso de fuerte contenido filosófico que luego fue parte de un libro de consulta:

- “En la espera de una nueva sociedad internacional más justa el crecimiento continuo de los flujos migratorios desde los lugares de origen hacia los niveles de bienestar, ponen la exigencia de reafirmar las razones profundas del reconocimiento de los derechos fundamentales inalienables de la persona humana, hombre y mujer, y de su relación con el bien común, prescindiendo del origen geográfico de las mismas”.

Sánchez Sorondo, ahora, desde el Vaticano y ante una emergencia que obliga a reflexionar a pesar de la inmediatez con que los medios abordan las noticias, esgrimió “la consigna” de los sectores más a la izquierda: “Ningún ser humano es ilegal”.

Coincidencias: el problema existe

Una forma de saber cuándo un tema es “un tema”, vale decir, algo real, palpable, problemático y crucial, es ver quiénes sostienen que lo es, cuán diverso es el espectro que así lo afirma. “¿Vio que hasta el Vaticano coincide con sus consignas?”, le planteamos a una de las máximas estudiosas en Estados Unidos de los procesos migratorios, Avi Chomsky. Es autora de, entre otros, "Undocumented: How Immigration Became Illegal” (Indocumentados: ¿cómo llegó a ser ilegal la inmigración?). Sobre él, Amy Goodman dijo que “el libro da cuenta de cómo el prejuicio sistémico existente contra los mexicanos y otros trabajadores inmigrantes ha sido urdido por las políticas de inmigración de Estados Unidos, que les niegan a estos trabajadores el mismo camino a la ciudadanía que se ha otorgado históricamente a los inmigrantes europeos”.

La cuestión es que Chomsky, tras leer la entrevista de MDZ a Sánchez Sorondo sobre cómo el Vaticano quiere encarar la reunión que este mes abordará en México “Migración y Desarrollo”, y la posibilidad de que resulte práctica y desencadenante de acciones, coincidió con él.

Aviva Chomsky periodista P1

Le preguntamos al prelado del Vaticano:

“¿Qué piensa de la frase que postula que “ningún ser humano es ilegal”?”

Y respondió:

“¡Sí, por supuesto! Me parece una frase natural. Es natural que también tengan que acreditar una seriedad a la hora de llegar a otro país, pero más de ahí... Creo que cuando (un migrante) llega a otro país, debe demostrar solo que tiene interés en colaborar con el bien común de la comunidad a donde va. De otro modo se trata de una injusticia que se requiera su mano de obra, por ejemplo, y luego tenga problemas de documentación. Este es un tema fundamental. Este papa se preocupó por el problema y otros papas también se preocuparon. Juan Pablo II, por ejemplo, dijo sobre la situación de los palestinos que lo importante es ´que haya puentes y no murallas`.

Avi (Aviva) Chomsky, desde su despacho en la Salem State University de Massachusetts, no se mostró tan sorprendida por las coincidencias: “Pensando desde una perspectiva de la historia, no lo veo tan extraño. La Iglesia siempre ha tenido su propia perspectiva sobre la soberanía y la ciudadanía -éstos son asuntos del Estado- y en algún sentido, en la Iglesia siempre ha existido en alguna tensión con esto, siempre ha tenido una visión propia de su reino que ha sido diferente que la del Estado”.

Agregó, leyendo la nota de MDZ, que “en EEUU, muchos de los inmigrantes indocumentados son católicos, y la iglesia se sostiene en este país con el crecimiento de la inmigración, ya que los nativos la están dejando. Así que está bien que la iglesia católica apoya los derechos de los inmigrantes, pero no es para sorprenderse”.

Habla el "inmigrante privilegiado"

Majfud

Jorge Majfud puede decirse que es un inmigrante “privilegiado”. Oriundo de Uruguay ejerce la literatura y la docencia en Estados Unidos. Es, junto a Isabel Allende, por citar un nombre más resonante, un “best seller”, de los escritores hispanos más importantes que han logrado echar raíces y ramas detrás del “Muro de la Vergüenza”.

Tiene en su pantalla la entrevista con el enviado del papa Francisco a México para tratar de socavar los cimientos de esa muralla. Allí, el canciller Sánchez Sorondo, argentino, nieto de inmigrantes, insiste con que el pontífice quiere solucionar el asunto (recordemos que “hay tema”: la inmigración es un problema y Gilberto, muerto en el desierto, lo está poniendo sobre la mesa y está ayudando a teclear, en todo caso, en caso místico mejor dicho, esta nota) y dice que también lo quisieron Juan Pablo II y Benedicto XVI, con lo que parece restar esperanzas de encontrar frutos, al menos en esta vida, a la mala vida de los inmigrantes centroamericanos.

“Los muros políticos no tienen futuro”, advierte, como devolción de ese artículo. Y se sumerge en la discusión: “Todos (los muros políticos, de eso habla) han caído de vergüenza y la historia no les reserva ningún capítulo heroico. Si la Muralla China todavía sigue en pie es por las dimensiones que tenía en el momento de volverse obsoleta, por su actual valor arqueológico y, sobre todo, turístico. Además, la Era Moderna registra una colección de casos donde los muros fueron construidos por los barbaros, no para defenderse de ellos como en tiempos pasados”.


Majfud dice -y funda una nueva definición con ello- que “el ´Muro de la Vergüenza´, según lo bautiza el Vaticano, no separa, como se dice, ´Estados Unidos de América Latina´, ya que, mal le pese a los neoconservadores, Estados Unidos es parte de América Latina y lo ha sido desde siglos antes de su fundación”.


Messi y el papa Francisco

“Aprecio -agrega Majfud- la preocupación del papa Francisco y de Leo Messi (un papa y un futbolista atípicos en muchos aspectos) por los niños marginados, aunque no deja de ser un síntoma de que algo funciona mal: si el hecho de que haya niños en la calle depende de la iglesia católica y de un grupo de futbolistas talentosos, la cosa está jodida o Dios ha decidido que la humanidad vuelva a la Edad Media. Por otro lado (la realidad siempre tiene otro lado, mal que le pese a los políticos que lo simplifican todo), más allá del diagnóstico, hay que apreciar las iniciativas y los resultados concretos: si alguien puede ayudar a un sólo niño en situación de calle, pues ya es algo. O mucho”.

¿Es justo el muro que ha levantado Estados Unidos en su frontera sur con México?

- Una forma de echar alguna luz a la complejidad de este tema es proceder, o al menos comenzar, con un método socrático. Podríamos preguntarnos, por ejemplo, (1) ¿es posible que en el mundo de hoy no existan fronteras políticas?Por el momento no. Aunque las fronteras parecen condenadas a desaparecer o, al menos, a debilitarse con el paso del tiempo, aún estamos muy lejos de esa utopía. No hay ejemplos concretos ni escenarios razonables. Las fronteras existen, sobre todo para los trabajadores, ya que sabemos que para los grandes capitales el mundo es chato como una mesa, como una mesa de póker. Los capitales nunca han tenido nacionalidad ni se han destacado, pese a los discursos, por su patriotismo. Entonces, en la práctica, no es posible eliminar una frontera como la de México y Estados Unidos cuando existen claramente de un lado y del otro dos sistemas legales y dos realidades sociales y económicas totalmente diferentes. (2) ¿Es posible que la humanidad de aquellos que tienen el poder mitigue en algo la tragedia de una realidad que es estructuralmente injusta?Difícil para Sagitario, pero no imposible. Al fin y al cabo, hasta los más poderosos del mundo un día se van a morir y seguramente ya lo saben. Estados Unidos bien podría reconocer que esta situación inhumana de los inmigrantes pobres (¿cuándo los inmigrantes no fueron pobres o individuos despojados con un fuerte espíritu de sacrificio?) es parte de un sistema económico del cual todos nos beneficiamos de alguna manera y en algún grado. No solo de este lado norte de la frontera, sino del otro también, ya que las remesas billonarias que generan los pobres invisibles (los perseguidos sin papeles, los únicos héroes en todo este circo político y mediático, héroes silenciosos y sin nombres, víctimas cuádruples de toda la retórica barata que los condena), también sirven para mantener sistemas corruptos e injustos, sobre todo en México y en algunos países de América Central donde los envíos significan uno de los principales ingresos nacionales.

Final abierto

Majfud (escritor prolífico, cuyo libro “Crisis” hay que leer para comprender la dimensión de la situación de los que sí lograron pasar el muro con vida e intentan equiparar su existencia a la del resto en territorio estadounidense) deja tan abierto el final de su opinión como abierta está la definición del encuentro que reunirá a religiosos y gobernantes en México, en pocos días, para ver cómo se termina con los problemas migratorios y no con los migrantes, como está pasando.

Dice Majfud que “uno de los Derechos Humanos establecidos por la ONU con el voto internacional, y que menos se recuerda, establece que todos son libres de elegir el país donde quieren residir… Claro que la ONU y los Derechos Humanos…”.

Tu abuelo que no fue

Niño muerto texas

Parece un golpe bajo y lo es. Gilberto, el pibe de 11 que nació en Guatemala y que se derritió en el desierto, al cruzar la frontera rumbo a EEUU, como otros 50 mil chicos, es tu abuelo, aquel que vino a la Argentina y construyó una familia y una descendencia.

Pero él no existe. Sin él, ¿vos quién sos, qué sos? ¿Sos?

Es difícil lograr que alguien se detenga a leer esto que pasa y se conmueva y, a partir de esa conmoción, decida hacer algo: por ejemplo, opinar, escribir una nota, comentarlo con su familia, con sus amigos. O lo más simple: subirlo a su Facebook, mandarlo por Twitter.

Pero este no es el fin de esta historia, sino, ojalá, el principio.

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