Montevideo, último enclave portugués en el continente americano

Poco se sabe que el último reducto colonial del Imperio Portugués en América fue Montevideo. He aquí un curioso hecho histórico de nuestra América.

Es ampliamente sabido que la Banda Oriental (hoy República Oriental del Uruguay), con la progresiva derrota y repliegue de las huestes artiguistas, quedó integrada al territorio lusobrasileñoi, parcialmente desde 1816 –momento en que se produjo la invasión portuguesa–, y totalmente a partir de 1820 –tras el exilio de Artigas–. Pero poco se sabe que el último reducto colonial del Imperio Portugués en América fue Montevideo. He aquí un curioso hecho histórico de nuestra América que merece ser contado.

Aunque hubo algunos planes y conatos modestos de colonización lusitana en la América del Norte (Labrador y Terranova) y el Caribe (Barbados por ej.) durante el siglo XVI, ninguno de ellos prosperó, y muy pronto quedaron en la nada. De modo que, desde el siglo XVII, el radio de acción del colonialismo portugués el Nuevo Mundo quedó restringido a la América del Sur, más concretamente a Brasil; ampliándose en ciertas coyunturas históricas hasta la Banda Oriental, las Misiones Orientales y la Guayana Francesa.

Cuando Brasil, de la mano del príncipe regente Pedro de Braganza y Borbón, proclamó su independencia el 7 de septiembre de 1822 (Grito de Ipiranga), constituyéndose al mes siguiente en el tercer imperio criollo de la América poscolonial,ii el grueso de las guarniciones y escuadras lusitanas leales a Juan VI –rey de Portugal y padre del príncipe regente– se amotinaron en señal de repudio, mientras que la mayoría de los súbditos brasileños tomaron partido por la causa patriótica secesionista (aunque hubo portugueses americanos y portugueses europeos en ambos bandos). Este hecho dio origen a la Guerra da Independência do Brasil, que duraría 18 meses, hasta el 2 de marzo de 1824.

Si bien la resistencia armada lusitana fue muchísimo más masiva en las ricas y populosas provincias del nordeste y norte (Bahía, Piauí, Maranhão y Grão-Pará) que en el marginal extremo sur, habría de ser paradójicamente en la Banda Oriental o Província Cisplatina donde más tiempo persistiría. La ciudad de Belém, último baluarte lusitano en el Brasil septentrional, fue ocupada por las tropas independentistas el 15 de agosto de 1823, mientras que Montevideo lo sería recién el 2 de marzo de 1824, medio año después.

Esto se debió a que las fuerzas militares brasileñas –en no pocos casos improvisadas contra reloj luego del Grito de Ipiranga–, debieron, en la primera etapa de la contienda, emplearse a fondo en el frente norte, mucho más importante y amenazador que el frente sur para la autodeterminación, la integridad territorial y la viabilidad económica del naciente Império do Brasil regido por Pedro I; y también a la circunstancia de que Montevideo era, desde los tiempos hispanocoloniales, una de las plazas fortificadas más importantes de toda Iberoamérica, con imponentes obras de defensa y nutridas baterías de artillería que la hacían muy difícil de expugnar.

Tras el Grito de Ipiranga, las fuerzas lusobrasileñas con asiento en la Banda Oriental, al igual que en tantos otros lugares de la América portuguesa, quedaron divididas en dos bandos enfrentados: los pés-de-chumbo (lusitanos leales a la metrópoli) y los imperiais (brasileños separatistas). Los primeros, bajo el mando del Brg. Gral. Álvaro da Costa de Sousa Macedo, controlaban el estratégico bastión de Montevideo, y disponían de una escuadra respetable en aguas del Río de la Plata. Los segundos, en cambio, dominaban –no sin dificultades– el resto de la Provincia Cisplatina, mas no contaban con un poderío naval acorde a las circunstancias. Su comandante era el Tte. Gral. Carlos Frederico Lecor, quien dirigió todas las operaciones desde Canelones, y luego desde San José.

Cabe acotar que ambos bandos contaban con apoyo militar local, pues los guerrilleros insurgentes orientales –los herederos de Artigas que seguían luchando contra la dominación lusobrasileña–, al ver que el Grito de Ipiranga había dividido al enemigo, optaron por alianzas tácticas divergentes. En cuanto a Buenos Aires y las otras provincias del Litoral, sus simpatías pragmáticas estuvieron del lado lusitano, el más débil, pues consideraban que en el nuevo escenario geopolítico rioplatense, el obstáculo principal para la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata no era tanto la vieja metrópoli portuguesa –muy distante, en crisis y sin chances de recuperar sus dominios americanos–, sino el emergente y gigantesco Imperio brasileño, de cuyas crecientes victorias en el frente norte (Bahía, Piauí, etc.) estaban anoticiados.

Montevideo, defendida por 1300 aguerridos veteranos lusitanos de la Divisão de Voluntários Reais, fue cercada por una cantidad muy similar de soldados imperiais el 23 de enero de 1823. El sitio de la capital oriental habría de extenderse por más de 13 meses. De hecho, con él habría de finalizar la Guerra de Independencia del Brasil.

Tres factores le impidieron a Lecor expugnar Montevideo. En primer lugar, la insuficiencia de tropas, sobre todo de infantería, sin las cuales resultaba imposible llevar a cabo un asalto en masa. En segundo lugar, diversas carencias en materia de armamento, municiones y otros pertrechos. Y en último lugar –pero no por ello menos importante–, la escasez de navíos de guerra, debilidad que tornaba inviable cualquier intento serio de bloquear a Montevideo y forzar su rendición con una crisis de abastecimiento.

Entretanto, se registraron algunos choques armados en las afueras de la ciudad, ninguno de ellos decisivo. También hubo, en zonas rurales, levantamientos de insurgentes orientales contra la ocupación militar brasileña, que los imperiais y sus aliados nativos lograron sofocar, aunque no sin aprietos.

En septiembre, erradicada la amenaza lusitana en el nordeste y norte del Brasil, llegaron los refuerzos navales que Lecor tanto había requerido y aguardado. Con ellos pudo finalmente bloquear, el 11 de octubre, el puerto de Montevideo. La suerte de los regimientos y navíos pés-de-chumbo abroquelados en la capital cisplatina estaba echada, y Da Costa no tardaría demasiado en comprenderlo.

El 21 de octubre de 1823 se libró la decisiva Batalha Naval de Montevidéu. En una acción desesperada, la flota de guerra lusitana anclada en el puerto de la capital cisplatina intentó romper el cerco impuesto por la escuadra brasileña desde hacía 10 largas jornadas. Pero para entonces, el poderío naval del enemigo era superior (6 navíos contra 4). Tras varias horas de infructuoso combate, y habiendo sufrido numerosas bajas, la flota portuguesa leal a Juan VI optó por retornar a los muelles.

El 30 de octubre, sitiadores y sitiados acordaron el cese de hostilidades; y el 18 de noviembre, Da Costa firmó la capitulación. La ciudad fuerte de Montevideo fue evacuada por los soldados pés-de-chumbo y sus familias –que se embarcaron con destino a Lisboa– el 28 de febrero de 1824. La entrega formal de las llaves se hizo el 2 de marzo. El último enclave colonial del Imperio Portugués en todo el continente americano había desaparecido. En cuanto a la Banda Oriental, permanecería bajo dominio de Brasil hasta su independencia definitiva, proclamada en 1828.

Federico Mare

Notas

i Digo «lusobrasileño», y no «lusitano» (portugués) ni «brasileño», porque Brasil no era todavía independiente, pero tampoco era ya –al menos en términos jurídicos formales– una posesión colonial, puesto que a fines de 1815 –merced a la creación del Reino Unido de Portugal, Brasil e Algarves–, había sido elevado a la categoría de reino asociado al de Portugal. De hecho, la capital de este Imperio Portugués remozado fue Río de Janeiro, y luego San Salvador de Bahía, aunque la dinastía real de los Braganza mantuvo nominalmente la capitalidad en Lisboa.


ii El primero fue Haití, entre 1804 y 1806; el segundo, México, entre 1821 y 1823. Brasil, por su parte, sería un imperio entre 1822 y 1889.

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