Estudiantes universitarios: mala nota en desempeño verbal

El pasaje por la universidad expone a los jóvenes a la necesidad de poner en juego sus competencias lingüístico-comunicativas, tanto orales como escritas.

Una investigación de la Escuela de Fonoaudiología mostró que el 70 por ciento de los estudiantes de primer año de la universidad prefiere el examen escrito al oral, para no poner en juego sus competencias lingüístico-comunicativas. La velocidad y fluidez del habla, los recursos para la continuidad y el diálogo, la pronunciación y el uso de gestos complementarios fueron algunos de los aspectos del habla de los estudiantes analizados en el estudio.

La investigación fue realizada con alumnos ingresantes de Medicina, Enfermería, Fonoaudiología y Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) a través de una encuesta que permitió conocer la percepción que tienen los jóvenes sobre su propio desempeño verbal y fluidez en diversas situaciones comunicativas y comparar los resultados de las distintas carreras. 

En relación a la pronunciación, los porcentajes más bajos de dificultad se encontraron en alumnos de Fonoaudiología y Comunicación Social. En cambio, en Medicina y Enfermería, cerca de la mitad presenta algún problema al hablar. Sobre velocidad y fluidez, los mayores inconvenientes fueron que no se les entiende, deben repetir y se traban al hablar. En menor medida, cortan palabras y no terminan las frases.

En Comunicación Social, 50% manifestó tener habla muy lenta, considerándola adecuada para la expresión oral. “La velocidad rápida lleva, en general, a una inadecuación en el uso de las pausas, lo cual genera un discurso acelerado, difícil de seguir y comprender, que también puede interferir con los tiempos de coordinación y dar lugar a una articulación imprecisa y quiebres en la fluidez”, explicó Lía Bloj, titular de la cátedra Patologías y Terapéutica Fonoaudiológica del Habla, y agregó: “Lentificar la velocidad permite adecuar otros parámetros del habla para hacer más efectiva la comunicación”.

En relación con la percepción sobre la continuidad del habla y la fluidez, también se vieron diferencias significativas entre el área salud y el de comunicación social; en la organización de frases adecuadas según la intención comunicativa, la espera de turnos para hablar y el sostén de la mirada, los de ciencias médicas se mostraron más vulnerables. En el diálogo, los recursos mayormente utilizados son las muletillas, los gestos y los silencios. Otros aspectos reconocidos, en menor medida, son la repetición de sílabas o palabras y el alargamiento de sonidos.

El uso de los gestos complementarios, en tanto recurso no verbal que completa la comunicación, se presentó en un 60% de todos los jóvenes. Y los gestos suplementarios, en tanto recursos de sustitución de palabras o de contenidos lingüísticos, son utilizados por un 50% aproximadamente. 

Los futuros comunicadores marcan la gestualidad como un acompañante de la palabra, pero, en las otras carreras, más de la mitad manifiesta usar gestos en lugar de una palabra o cuando no se acuerdan de ella.

“Las diferencias significativas que muestran los porcentajes respecto de la velocidad del habla, los recursos para la continuidad y el diálogo entre los alumnos de Comunicación Social y los del área Salud, pueden pensarse en relación al conocimiento y uso óptimo del lenguaje vinculado al campo disciplinar”, afirmó la investigadora. 

Debido a las dificultades percibidas, alrededor del 70% de los jóvenes encuestados manifiesta tener mejor desempeño en los exámenes escritos que en los orales. “Los profesores vemos déficits para argumentar, tanto en los exámenes orales como en las exposiciones de trabajos en clase, que no sólo se deben al aspecto emocional, sino también a la falta de recursos lingüísticos”, comentó Bloj.

La fonoaudióloga sostuvo que el pasaje por la universidad expone a los jóvenes a la necesidad de poner en juego sus competencias lingüístico-comunicativas, tanto orales como escritas, las cuales pueden verse limitadas o no ser reconocidas por el propio sujeto. “Cobra, así, importancia la reflexión metadiscursiva y el reconocimiento acerca de cómo los fenómenos de la oralidad pueden incidir, en forma positiva o negativa, en la calidad de lo dicho según el contexto, la intencionalidad o el objetivo, y el efecto sobre el interlocutor”, indicó.

Las observaciones de este trabajo sobre las prácticas discursivas orales, con restricciones y descuido por los aspectos formales del lenguaje, llevaron al equipo de investigación a continuar explorando la temática entre los universitarios, dado que “el grado de compromiso de los jóvenes con el lenguaje tendrá su proyección tanto en la vida cotidiana como en el futuro desempeño profesional”, concluyeron.

Fuente: http://argentinainvestiga.edu.ar/

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