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River y un festejo que no trajo paz en Núñez

Cuando todo indicaba que los tiempos turbulentos quedaban atrás, los festejos por el Clausura se empañaron debido al problema con Ariel Ortega. Abreu aportó una cuota de misterio.

Este River versión Diego Simeone que se adjudicó el Torneo Clausura con una fecha de anticipación no pudo, al final de cuentas, apaciguar del todo los caldeados ánimos de una institución que vive o sufre los vaivenes futbolísticos como pocas.

Si desde hace más de un año el club se convirtió en noticia por los problemas de su barra brava (enfrentamientos, tiroteos, muerto…), el título parecía apaciguar el ambiente.

Atrás quedaban, también, dos frustraciones deportivas. Por un lado, la increíble eliminación a manos de San Lorenzo en la Copa Libertadores; por otro, las consecuencias de las palabras de algunos jugadores tras la derrota ante Boca, en el campeonato local.

Pero el campeonato sugería la posibilidad de un regreso a mejores tiempos, del comienzo de una nueva etapa en la que los problemas tuvieran menos incidentes.

Hasta que Ariel Ortega salió con los tapones de punta en contra de Diego Simeoney complicó el panorama. La caravana de festejos anunciada por el centro de Buenos Aires fue empañada por la contundente frase del jujeño: "Estoy cansado de que me forreen. Es el técnico o yo".

La gran victoria por 3 a 2 ante Banfield pasó también a segundo plano. Se festejó cerca del Obelisco, pero entre los hinchas se notaba la pesadumbre por el ídolo que anunciaba que se iba del equipo.

Ortega fue trascendental cuando River lo necesitó y su presencia en el equipo campeón afianzó su condición de emblema para el hincha.

Pero su relación Simeone se quebró. Esto, a pesar de que el entrenador lo avaló siempre, como cuando le entregó la capitanía. Ortega, sin embargo, no pudo salir indemne de los enojos que provocaron en sus compañeros sus privilegios.

Y justamente uno de los que lo enfrentó, cuando el conjunto tomó el último envión para alcanzar el título, Sebastián Abreu, fue el protagonista de otro hecho llamativo ocurrido ayer.

El delantero uruguayo se negó a participar de los festejos en el medio del campo de juego. Mientras sus compañeros se abrazaban, él optó por marcharse al vestuario.

Lo fueron a buscar, pero no cambió su postura, según consigna un despacho de la agencia Telam.

Así, en River volvió el misterio sobre el futuro. Cómo podrá seguir a paso de campeón un equipo que se ha quebrado en varios frentes, es el interrogante.
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4 de Diciembre de 2016|20:58
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