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La batalla de Maipú

Con tintes apoteóticos, arañando la ficción y metiéndose en la historia, Maipú coronó un ciclo en el Argentino B y pretende no regresar más.

Con todos los argumentos necesarios para armar una tira televisiva de ficción y relacionarla con la historia nacional. Maipú ganó una gran batalla, por que muchos pensaron que iba regalado pero en el arco estaba Olguín.

El principio del fin se escribió en Mar del Plata con las manos del golero bien puestas para contener el disparo de un defensor de Alvarado y  dejarle la gloria en bandeja a Hernán Medina, que con nombre de conquistador clavó la bandera cruzada en el centro del Minella. Desató la locura de unos pocos y el dolor de la mayoría, que salió del reducto masticándose las ganas.

Lindo final, pero sin tristezas las alegrías no tendrían razón y el viaje a la gloria tuvo bastantes espinas que fueron cambiándose por rosas a los largo de una trayecto que mostró algunos peajes bastantes caros para los de Sperdutti.

Los fantasmas 

La tercera temporada de Maipú con la intención de abandonar la categoría se puso en marcha en setiembre de 2007 y como en las ediciones anteriores se conformó un equipo cargado de “grandes valores”. Hombres de gran experiencia, de divisiones superiores y una que otra figura del Argentino C.

Algún dirigentes de otro club cuyano dijo. “Imposible buscar buenos jugadores de la región, si Maipú los tiene a todos”. Pero no era la primera vez que esto ocurría y los resultados no habían sido los esperados. Por una u otra razón, el Botellero se mantenía inmóvil en una categoría en la que ya no quería estar.

La esperanza

Maipú se mostró solido en la primera etapa del certamen, la ganó de punta a punta y sólo fue perseguido a sol y sombra por Atenas de Río Cuarto, que cerró la fase clasificatoria mirándole la chapa.

Demasiados enfrentamientos entre equipos conocidos, ya de memoria.  De  28 juegos disputados contra 7 rivales, 12 fueron contra 3 clubes de Mendoza.  En menos de diez meses calendario, el Cruzado se enfrentó sólo con 7 equipos  y jugó 4 veces contra cada uno.

En algún pasaje de la competencia el equipo de los Sperdutti mostró un leve bajón futbolístico, pero nunca nadie le dio alcance en la tabla de valores.

Como de costumbre el entrenador sorprendió con algunas declaraciones que fueron notas centrales en los periódicos de la provincia. Incluso anunció que dejaría la entidad, pero eso nunca ocurrió y terminó festejando.

El precio del poder

Luego de una reiterativa competencia, Maipú dejó atrás los siete equipos de la zona y se enfrentó con nuevos rivales. La cercanía geográfica determinó que El Linqueño,  Deportivo Roca y Belgrano de San Francisco serían los oponentes del Cruzado.

El debut fue auspicioso, victoria por la mínima diferencia ante Roca en calle Vergara. Pero el rendimiento no fue el esperado, los hinchas reclamaron más y algunos hicieron sentir su descontento.

Por fin Maipú, conoció otra cancha fuera de los límites de Río Cuarto. La bienvenida no fue la ideal.  El Linqueño lo venció sin problemas 2 a 0 y el Cruzado regresó a la provincia con la imperiosa necesidad de retomar la senda del triunfo.

Belgrano de San Francisco le dio un golpe inesperado, dejándolo en vergüenza ante su público. Se puso en ventaja y estuvo a punto de ganarle si no fuera por que Soto igualó cuando el reloj le jugaba en contra.

Esa tarde, los fanáticos de Maipú vieron al fantasma de la eliminación recostado en un rincón del estadio y decidieron retirarse del reducto  antes que el delantero lograra empardar el juego.

El candidato de la primera fase no daba pie con bola y ahora era favorito, pero para abandonar el certamen. La excursión a San Francisco para verse una vez más con Belgrano parecía inaccesible, pero Maipú desempolvó la chapa y la sacó a relucir con una gran victoria a domicilio que le devolvió el alma al cuerpo y lo revitalizó en la tabla de valores.

El viaje al norte de Córdoba tuvo también su saldo negativo: robo de la utilería, agresiones al cuerpo técnico y hasta periodistas golpeados. Todo por parte de la parcialidad local que no toleró que su equipo fuese superado en sus propias narices.

Esperando el fallo final por los incidentes en San Francisco, el Cruzado empató sin goles ante el Linqueño y volvió a desaprovechar otra buena chance de arrimarse a la clasificación final. La paridad ante los bonaerenses soltó algunos insultos de los plateístas que se olvidaron rápidamente de la hazaña consumada una semana antes.

Maipú debió esperar y una vez más quedó a la buena del Consejo Federal. Pero los antecedentes no eran los mejores, ya que en años anteriores el organismo de calle Viamonte le fue esquivo en sus determinaciones.

Una por tantas

Previo al desenlace de la segunda ronda se confirmó la quita de nueve puntos a Belgrano por los incidentes contra Maipú. Ahora la situación era otra.

Logrando un triunfo ante Roca ya eliminado, accedía directamente a la final, de lo contrario era necesario que El Linqueño no ganara.

Con una soberbia actuación de Javier Paratore,  y gol de Villaseca, el Botellero igualó ante Roca y logró el tan anhelado pase a la final luego de enterarse que El Linqueño no pudo vencer a Belgrano.

Por fin, una por tantas. El Cruzado clasificó para la final y ya tenía en sus manos al menos una Promoción. 

La cruzada final

Por primera vez en un partido definitorio del Argentino B, Maipú tendría que definir de visitante. Anteriormente los desenlaces  habían sido en casa, salvo en la Promoción contra Desamparados proveniente del Argentino A.

El juego en Mendoza resultó complicado para el dueño de casa, mucho más cuando Alvarado se puso en ventaja. Una vez más estaban allí los fantasmas de quedarse mirando los festejos ajenos, pero esa tarde de nuevo el duende de los finales mostraría su bondad para con Maipú.

Carbajal en tiempo de descuento convirtió el empate y alargó la esperanza de los maipucinos. 

Los de Sperdutti no jugaron bien y sumaron su tercer partido de local sin conseguir un triunfo. El Malvinas despidió a los jugadores con un murmullo extraño. Algunos vitoreaban por la agónica igualdad y otros reprochaban por la oportunidad desaprovechada.

La revancha se consumó en el Minella y varios habían perdido la fe en el equipo. La seguidilla de igualdades le había opacado el cartel de gran candidato, pero en la intimidad esa chapa estaba más reluciente que nunca.

Fue el momento de los hombres por sobre los nombres, hora de poner el pecho y aguantar el tirón de 90’ minutos para poder abrazarse al final.

El trámite de aquel juego fue parejo y aunque Alvarado tuvo más chances nunca pudo vencer al portero Oscar Olguín, quien sin saberlo tendría minutos más tarde su jornadas de gloria.

Embate va, embate viene, el Cruzado se defendió como pudo, nunca pudo acertar una salida rápida y a poco del final se abrazó a la idea de dirimir el ascenso por vía de la pena máxima.

Con la igualdad consumada, Maipú había logrado parte del plan: estirar la serie a los doce pasos. Como en todo desenlace por penales, el dramatismo manda. Todo fue sumamente parejo hasta que Olguín detuvo el remate de Cardarelli y le pasó toda la responsabilidad a los pateadores.

La serie no se desacomodaría más, hasta que Hernán Medina tuvo la última pelota del Argentino B en su poder. Bien pateado, como se merecen estos casos, fuerte, al medio y a correr para un costado a festejar el salto de categoría.

Mucha agua pasó debajo de este puente, pero tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. Justo final para un grupo de dirigentes que nunca se bajo del barco, por más que lo anunció. Reconocida victoria para un puñado de hombres que nunca se alejó del objetivo.

El triunfo de Maipú, es el triunfo del fútbol nuestro. Porque de los titulares, salvo Torres, Echeverría y Medina todos son cuyanos. Porque el cuerpo técnico conoce el club y su entorno. Porque quedó demostrado que no hace falta ir a los grandes imperios del fútbol a buscar jugadores para lograr un título.

En la región hay material de sobra y sino mírenlo a Maipú, mas vivo que nunca y levantando una copa que hace tiempo merecía y se le venía negando.

Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|15:31
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7 de Diciembre de 2016|15:31
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  1. Que buena narración de Gustavo Salinas, un lujo.
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