Cuentos con fútbol: "Fufi"

Durante todo el Mundial Brasil 2014, podés encontrar aquí cuentos en los que el fútbol y la pasión por este deporte son los protagonistas.

“Hoy te toca a vos, mañana me toca a mí y así es la vida nuestra”. La frase del gordo le quedó grabada en la cabeza, la había escuchado en el primer programa de RRDT. Era su cumpleaños número 18, la misma edad del gordo cuando salió goleador del metropolitano. Estaba feliz, ahora era mayor, bah mayor para qué, cojía con la Melina desde los 14 y sabía manejar desde que trabajaba en la pesi, como decía su mamá.

Eran las dos de la tarde y ya estaba por empezar su programa de televisión favorito cuando golpearon la puerta.

- ¿Quién es?

- Yo, el José, abrí que me parten.

- Salí de acá, no quiero bardo en mi casa. No escrachés mi casa.

- Dale cabeza abrí.

El Fufi, en el barrio, para los chicos de su edad era un gil, no se mandaba ninguna; no fumaba fasito, ni porroneaba, ni nada. Tampoco fue a la secundaria. Se escuchó un ruido de sirena. Era un gil, pero nunca iba a tener nada que ver con la policía, y abrió.

- Gracias Fufi, pensé que te ponías la gorra y me dejabas de garpe con los rati.

- Todo bien, te digo las cosas de frente, mi vieja ya llega y no quiero líos. Hoy cumplo 18. Imaginate si me revientan la casa por tu culpa y voy en cana. Ningún juzgado de menores... a casita de piedra derecho.

El José era una rata, robaba fuera y dentro del barrio. Andaba con una 9 abajo del buzo, pero nunca le había tirado a nadie. No se juntaba con el Fufi, pero sí jugaban en el mismo equipo. Era un cinco hablador y pegador. Cuando llegaban los bifes corría atrás de su arco, donde guardaba el fierro, y se lo ponía en la cintura. Nadie le pegaba y él tampoco hacía nada.

- Me mandé un moco, cabeza, reventé el kiosco de la estación de servicio de la ruta, iba todo bien y no sé de dónde salió un mostro agitándome con un revólver. Que era yuta, que esto, que lo otro... que dejara todo en el piso, me puse re nervioso y le dije “que estaba bien y amagué a soltar el fierro y pum”. Le di en la frente. Ese no cuenta más el cuento.

- Sos un boludo. Ahora de qué te disfrazás. Quedate dos minutos más y andate.

- Fufi, yo sé que no sos del palo, pero ya estoy jugado, a mi casa ni llego. Me vieron todos. Tengo miedo pero me voy igual, te dejo el fierro y la guita, si los cobani me agarran prefiero desarmado. De vos nadie va a sospechar. Enterralo en el patio, y la plata, qué sé yo... si me agarran te la quedás.

- Ni ahí loco, andate y no me dejés ningún garrón acá.

La Momia también se perdió en la papuchi como el Gordo, pensó el Fufi, y quién le hizo el aguante: el Gordo. Se acordó de noviembre del 93 en Australia, cuando el Gordo fue a trabar, ganó, tiró el centro y después todos al obelisco. El Fufi jugaba de diez y por más que el José fuera lo que fuera no lo iba a dejar solo.

- Ta bien loco. Salí por el patio, da a lo de la Rosa. Yo salgo para tu casa en dos horas. Si estás ahí, te doy todo. Si no, me quedo la guita y tiro el fierro.

- Todo bien vieja, quedamos así. Te debo una.

Cuando el José salió no se escuchaba ningún ruido en el barrio, era un día más a la siesta, a esa hora nada pasaba.

Prendió la tele, estaba por terminar RRDT. Se fijó si daban otra cosa y estaba por empezar una de vaqueros. Se quedó en ese canal, parecía aburrida, había un tipo tratando de agarrar un chancho con dos niñitos rubios que lo observaban. La mirada del hombre lo hizo continuar viendo pero no por mucho más. ”Fufi, Fufi”, era la voz de la Melina.

- ¿Qué querés? -le preguntó haciéndose el tonto.

- Feliz cumpleaños, y abrime que tengo una sorpresa para vos.

Apenas entró lo besó y se le subió encima.

-Hoy por ser tus 18 te voy a regalar lo que siempre me pedís -bajó la mano hasta el pantalón del Fufi, llevaba puesto uno de Lanús, le desató el cordón, y se la agarró, la tenía gorda y caliente-. Ahora con esto, me tenés que hacer todos los goles que te pida.

- Pero eso lo hago siempre Meli.

- Hoy vas a inaugurar un arco nuevo, el chiquito.

Otra vez la puerta, parecía que no podía festejar el cumpleaños tranquilo.

- Nene, nene, abrime, abrime.

- ¿Qué le pasa, mami?

- Lo mataron al hermano de tu novia, al que es policía, en la estación de servicio de la ruta. Terminó de hablar cuando vio a la chica en su casa. Hubo silencio, nadie dijo nada. La cara de la chica se fue poniendo cada vez más pálida.

Julio Coronado

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3 de Diciembre de 2016|17:00
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