Cuentos con fútbol: "Blanca y Redonda"

Durante todo el Mundial Brasil 2014, podés encontrar aquí cuentos en los que el fútbol y la pasión por este deporte son los protagonistas.

                              Blanca y Redonda

Fue en vísperas de Navidad cuando un despertar improvisado insinuó que llegaría con un abalorio de sorpresas, y mi mamá hizo un gran esfuerzo para que mi regalo fuera la pelota de trapo más hermosa que alguien pudiera imaginar. Agrisada, por esa vieja blancura transformada con el tiempo, cerrada y muy firme, no se rompería tan pronto como las otras, pero algo me molestaba en un rincón del corazón. Yo no podía obsequiarle nada, los dos estábamos muy bien, pero no teníamos mucho dinero, apenas para vivir con lo que ella ganaba amasando en la panadería del barrio.

También, en esa Navidad, mi padrino (un primo de mi mamá) llegó con un regalo muy especial, dijo que el señor que lo acompañaba deseaba verme jugar en un equipo que esa tarde competiría en el club de la ciudad y que debía “desangrarme” como lo hacía siempre con mis amigos en la canchita de los domingos. Los ojos de mi madre decían sin decir que eso podía ser muy bueno para los dos.

Practiqué unas horas con una pelota de verdad, era emocionante y me latía el corazón con una fuerza arrolladora. La pelota fue a dar muchas veces muy cerca de un puesto de flores que estaba a la entrada del club y cuando iba por ella me quedaba viendo un balde repleto de rosas blancas.

-¿Te gustan? –preguntó la florista con una gran sonrisa.

-Le gustan a mi mamá –dije con los ojos trizados y salí a la carrera.

Más tarde, mi padrino me llevó a los vestuarios, el partido iniciaría muy pronto. Estaba asustado, pero no lo demostraría, jugar al fútbol era lo que más amaba en el mundo después de mi madre.

El grupo era bastante malo, no dejaba completar un avance, muy lentos en el conjunto (mis amigos jugaban mejor en la canchita, y con pelotas de trapo). Frente a lo que nadie esperaba, me senté en una orilla del verde campo de juego y dije que no quería seguir, que aquello era un bochorno, además de que nos adelantaban con dos goles y no había ninguna chance para el equipo.

Mi padrino se arrimó y sentenció que yo era muy pequeño para tamaña actitud y que debía volver al juego.

- Chiquito –susurró cerca de mi oído para que solo yo lo escuchara-, si hacés un gol, de los que acostumbras en tu canchita dominguera, te doy 10 pesos.

Lo miré con los ojos terriblemente más trizados, y otra vez salí a la carrera.

Ese día marqué mi futuro. No hice un gol, hice cinco, y al finalizar del encuentro levanté mi mano, palma arriba, esperando un diez multiplicado por cada tanto.

Finalmente, nunca jugué con el blanco incierto de mi nueva pelota de trapo, pero esa noche de Navidad mi mamá puso sobre la mesa un enorme ramo de rosas blancas, todas para ella.

Graciela Reveco Manzano

_  _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Otros textos:

Messi, de Roque Grillo

Opiniones (0)
10 de Diciembre de 2016|13:27
1
ERROR
10 de Diciembre de 2016|13:27
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    15 fotos de la selección del año de National Geographic
    8 de Diciembre de 2016
    15 fotos de la selección del año de National Geographic