Auge y caída del imperialismo japonés

Con el capitalismo y las ansias de poder, Japón logró ponerse a la par de las potencias occidentales y forjó su propio Imperio en Asia.

Si bien la segunda mitad del siglo XIX estuvo dominada por el expansionismo territorial que llevaron a cabo las potencias europeas en casi todo el mundo, y en menor medida, en los Estados Unidos, una nación asiática protagonizó el mayor poderío regional, poniéndose a la par de los Estados occidentales: Japón.

Tras una época marcada por el ostracismo y la transición hacia una apertura ante el mundo, Japón inició una rapidísima etapa de industrialización y capitalismo, fuertemente influenciada por la también creciente Estados Unidos, que desembocó en un pensamiento "geopolítico occidental".

La necesidad de incorporar materias primas a la industrializada economía japonesa, dada la poca productividad masiva de sus tierras y que comenzó a partir de la década de 1870 obligó a los generales y políticos nipones a pensar en expandirse por fuera de sus tradicionales fronteras hacia el oeste. A ello se sumó el avance indiscriminado que el Reino Unido y Francia realizaban en las costas chinas y del Sureste Asiático, que ponía en peligro la independencia de Japón.

Primer objetivo: la península de Corea

Tratado de Ganghwa
Es así que la primera expedición militar a la isla de Taiwán en 1874 fue una prueba para el Ejército naval japonés. De todos modos, el primer éxito imperialista de Japón lo consiguió al año siguiente en Corea, por entonces gobernada por la dinastía Joseon bajo la protección de China. Una incursión naval a las aguas territoriales coreanas desencadenó un breve conflicto bélico que desembocó en el Tratado de Ganghwa (1876), por el cual Corea salió de la esfera china y le dio enormes ventajas comerciales, políticas y sociales a Japón.

Ese mismo año, los nipones lograron otro éxito diplomático al firmar con Rusia, que se expandía rápidamente por el extremo este de Siberia e intentaba penetrar hacia Manchuria, el Tratado de San Petersburgo, en el cual los europeos cedían las islas Kuriles a cambio de que Japón abandone la mitad sur de la isla de Sajalín.

De todos modos, los esfuerzos japoneses siguieron estando puestos sobre las fértiles tierras agrícolas coreanas, que luego mutaron en deseos de anexión. Tras el fracaso de un intento de golpe de Estado en Corea realizado por facciones pro-japoneses en 1884, diez años después se produjo la insurrección Tonghak, que buscaba acabar con la influencia nipona en el país.

Esta acción, junto con otros roces diplomáticos que se acumularon a lo largo de los años entre China (profundamente debilitada por las Guerras del Opio y la presión occidental) y Japón, desembocó en una guerra entre ambos países en 1895 (Primera Guerra Sino-japonesa) que culminó con una estrepitosa derrota china.

El Tratado de Shimonoseki (1895) garantizó la absoluta independencia de Corea (que la volvió en un cuasi Estado títere japonés) y le otorgó a Japón la isla de Taiwán, el archipiélago Pescadores y la península de Liaodong. Pero está última fue devuelta a China por presiones alemanas y rusas, interpretado como una humillación por el pueblo japonés.

La hegemonía japonesa tras la victoria sobre Rusia

La irrupción de Rusia en el armado político del este asiático haría nuevamente desequilibrar la región. Tras la guerra contra Japón, China suscribió en 1896 un acuerdo secreto con Rusia para que éste garantice la protección a la monarquía coreana. En 1897 se acordó otorgar asistencia militar a la dinastía Qing y obras ferroviarias en Manchuria a cambio de concesiones territoriales (la península de Liaodong con las ciudades de Darién y Port Arthur) a los rusos.

Los recelos japoneses se calmaron durante la Rebelión de los Boxers (1899-1901) en China, que estaba respaldada por la dinastía Qing y tenía como objetivo acabar con la injerencia extranjera en ese país. En esta guerra, Japón privilegió sus intereses y se unió a las potencias europeas y Estados Unidos, las cuales aplastaron el levantamiento.

Pero las hostilidades entre Japón y Rusia se reanudaron inmediatamente después. Los rusos mantenían prácticamente ocupado el norte de Manchuria y ejercían una creciente influencia en Corea, interfiriendo los intereses japoneses. Por su parte, en 1902 los japoneses firmaron un pacto de ayuda mutua con el Reino Unido, que quería restringir las pretensiones rusas en Asia y supuso un enorme respaldo a Japón.

Guerra Ruso-japonesa
Finalmente las tensiones colapsaron en 1904, cuando la flota imperial japonesa atacó de sorpresa la base naval rusa anclada en Port Arthur, lo que dio inicio a la Guerra Ruso-japonesa y que finalizó un año después con la capitulación de los rusos en la firma del Tratado de Portsmouth (EEUU), que supuso la restitución a Japón de la mitad sur de Sajalín y el reconocimiento internacional de su protectorado en Corea, junto a ventajas comerciales en el noroeste chino. Así, era la primera vez desde la Edad Media que un país asiático vencía en la guerra a otro europeo.

A pesar de que supuso una gran victoria para Japón, la imposibilidad de anexarse Manchuria (que fue devuelta a China en 1905) y la falta de una indemnización provocó un malestar general en la población hacia el régimen político, y éste a su vez comenzó a mirar con desconfianza a los Estados Unidos, quienes habían limitado los pedidos japoneses en Portsmouth. En 1910 se formalizó la anexión de Corea, que pasó a ser una colonia.

Guerra contra China: la gloria del Ejército Imperial nipón

Japón participó al lado de los Aliados en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), atacando las islas coloniales alemanas en el Océano Pacífico junto con el Reino Unido y los Estados Unidos, además impuso a China una serie de medidas que aumentaron su influencia en ese país, recientemente convertido en república. Gracias a su participación, el Imperio amplió sus dominios hacia el este y se afianzó como la única gran potencia económica, política y militar en Asia.

De todas maneras, los intereses sobre China no amainaron y en 1931 (mientras los japoneses sufrían las consecuencias de la Depresión económica mundial) Japón invadió Manchuria, argumentando protección a los manchúes sobre los chinos Han. Dos años después instalaron un Estado títere en esa región e iniciaron una agresiva campaña de presión al débil gobierno nacionalista chino, que se enfrascaba en batallas contra las facciones comunistas apoyadas por la Unión Soviética.

Mapa del Imperio japones entre 1930 y 1943, con el itinerario de la II Guerra Mundial.

El recrudecimiento de las hostilidades internas en China dieron impulso a Japón para iniciar en 1937 la Segunda Guerra Sino-japonesa, que pretendía ocupar todo el país a favor de sus intereses, lo que deterioró aún más la relación con EEUU.

Segunda Guerra Mundial: la caída del "Sol Naciente"

En 1940, y en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses se aliaron con la Alemania nazi y la Italia fascista, solo por intereses militares y para obtener apoyo internacional en su progresiva ocupación en China.

Ataque a Pearl Harbor 
Así tuvo manos libres para someter otras regiones asiáticas mientras avanzaba sobre China desde el norte. En 1940 comenzó la progresiva ocupación de Indochina, Malasia y Birmania, con una alianza firmada con Tailandia, y las islas de Indonesia. En diciembre de 1941 se produjo el ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbor, lo que aceleró la entrada de Estados Unidos a la guerra. Hacia 1942, Japón tenía bajo ocupación casi todas las islas de Oceanía, excepto Australia y Nueva Zelanda.

La durísima contraofensiva norteamericana en el Pacífico (que incluyó las bombas atómicas en las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki), la alianza entre los nacionalistas y comunistas en China y la progresiva caída de Alemania e Italia provocaron la rendición de Japón en 1945, lo que derivó en la desmembración del Imperio Japonés y profundos cambios políticos, sociales y económicos tanto en Japón como el resto del Este asiático.

Nicolás Munilla

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9 de Diciembre de 2016|05:34
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