De lustrabotas a marca registrada del folclore

El 11 de junio de 1932 nacieron, en Coronel Dorrego, Víctor y Abel Visconti. En el día de su cumpleaños, una charla con un ícono del folclore nacional.

El 11 de junio de 1932 naceron en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, los hermanos Víctor y Abel Visconti, quienes escribieron juntos una página imborrable dentro del folclore nacional, expandiéndolo por toda Sudamérica, y hoy, ante la ausencia física de Víctor, Abel Visconti, junto a Héctor Corvalán, sigue cosechando aplausos y ampliando la historia de aquel dúo leyenda que nació en 1952. A ese baluarte vivo de nuestras raíces musicales, tuvimos la dicha de entrevistar hace apenas dos días. Aquí sus palabras, nostalgias, recuerdos y el cariño a Mendoza.

- Cuénteme un poco sobre su niñez allá en Coronel Dorrego, junto a sus once hermanos.

- Éramos once hermanos y dos de leche, que mi mamá con mucho amor y cariño crio. Teníamos una calesita en casa, que mi hermano Roberto nos hizo para todos. Mi infancia, como la de Víctor, fue muy penosa, no había para comer, no había para abastecernos a todos, así que los mellizos salíamos a juntar naranjas de los vagones de los trenes, nos pagaban un peso por día, también lustrábamos zapatos, juntábamos caños, bronce, ropa vieja para vender. Nos decían Pochocho Víctor y Pelele Abel. Los regalos de cumpleaños a veces eran un globo, algunos caramelos, esa fue la infancia, bañarnos en el arroyo Napostá, correr por el puente Rosario, estudiar hasta tercer grado en la escuela N°16 de Bahía Blanca, tener muchos amigos y caer de panza en los pastos después de un día de arroyo, gomera y diabluras. Nacimos un 11 de junio en Coronel Dorrego y después nos tuvimos que mudar a Bahía Blanca.

- ¿Cuándo surge en su vida el interés por la música?

- Yo venía en un micro bahiense y compré un libro a un cieguito para ayudarlo y lo metí en el cajón de lustrar, cuando llegué a casa se lo mostré a mamá y ahí ella me empezó a contar que su hermano, Luis Acosta García, la llevaba al parque Goal. Justo ahí venció a 72 payadores. Ahí sentí el amor por la música. Era la idea de mi tío llegar a ese lugar y lo consiguió. Yo tenía 12 años, mi mamá, Paula Elosegui de Visconti, un día me dijo: “Hijo, yo te voy a comprar una guitarra”. Yo le dije: “Mamá, cómo va a hacer eso, si apenas tenemos para comer?”. “Usted no se preocupe, m'hijo”. Con ella aprendí los primeros tonos de la guitarra, y se dio. Le pregunté cuando la tuve en mis manos: “Viejita, ¿cómo hizo?”. Y ella me contestó: “No le pagué al lechero”. Mi madre era hermanastra de Luis Acosta García, así que somos sobrinos del Payador Perseguido, don Luis Acosta García, vencedor nunca vencido. Payó en grandes cruzadas y también es autor de grandes obras como Mi doradillo mentao, Dios te salve mi hijo, Mis harapos, Como la gloria, Mis delirios y muchos temas más.

- En 1952 nacen artísticamente Los Hermanos Visconti. ¿Imaginó alguna vez el camino consagratorio que se venía por delante?

- Cantábamos en las cantinas del Abasto Il Vero Mangiare, Guardia Vieja... Yo empecé en Gran Bono como solista y después llamé a Víctor para hacer dúo. La cantina de Rossano en Capital, Caputo Chanta 4, El Chiquito del Abasto, en la cantina El Chino, frente a la casa de Carlos Gardel, con Félix Blanco, una de las primeras voces de los Trovadores de Cuyo (autor de la canción Veneno). Nos iba a ver el campeón Gatica. En el Rincón de los Artistas Cena Show, en la confitería La Querencia, orgullo de Argentina, en El Olmo, de Once, las cantinas de La Boca, Chichilo y otras, muchas más. Hacíamos muchas funciones por noche, también en el Rancho de Ochoa, gran recitador que marcó una época de gloria en el recitado gauchesco. En radio, en Un alto en la Huella, con Miguel Franco, estábamos como números fijos. Parecía que la suerte nos esquivaba. Caminando una noche con las guitarras en la mano por la calle que llevaba a la plaza del folclore, en Cosquín, en el año 1974, le dije a Víctor muy apesadumbrado: “El dúo que no pudo ser”. Y él me contestó: “El dúo que puede ser”. Después de eso, Los Hermanos Visconti eran infaltables. Todos nos llamaban y trabajamos con muchos famosos artistas. El año 1974 marca un antes y un después en la carrera de Los Visconti. Me refiero a aquella presentación en Cosquín, la cual tuvo un éxito resonante y un salto a la fama trascendente.

- ¿Qué recuerdos hay de aquél escenario Atahualpa Yupanqui, a cuarenta años de camino transitado desde entonces?

- Bueno, como te mencionaba antes, nos presentamos en Cosquín de la mano de la coreógrafa argentina Amalia García Celario, que llevaba su gran ballet y tenía un cuadro armado, Los cuatro puntos cardinales, ahí teníamos participación. Pero se nos dio esa noche…Había un dúo que tenía que subir a cantar en el escenario y no estaba. Conducía Héctor Larrea. Nos vio ahí en la salida de escenario y nos dijo: “¡Van ustedes!”. ¿Te imaginás? Nada nos paró, la estrella de Dios hizo que cuando sacamos de los estuches las guitarras estaban afinadas, estábamos impecables, los colgantes puestos, la transmisión era en directo. Nos miramos con mi hermano, no lo podíamos creer, no era nuestro turno. Es entonces que salimos en Cadena de Radio Nacional, nos presentó como Los Visconti. Cantan dos temas y no hablan, dijo. Pero bueno, la noche quiso otra cosa, y Dios también. Cantamos dos y nos fuimos. Cuando llegamos al camarín no lo podíamos creer, y alguien a los gritos nos llamó. ¡Vuelvan, vuelvan al escenario! ¡El público está como loco! Ponchos, camperas, pulóveres era todo lo que veíamos, la Plaza Próspero Molina nos había consagrado. Cantamos dos temas más. Bajamos llorando. Detrás del escenario, Mercedes Sosa nos escuchaba junto al maestro Ariel Ramírez, él se acercó a nosotros y me dio una tarjeta para que lo fuéramos a ver para grabar un disco. La historia es más larga, nos presentamos en Phillips a ver al maestro Santos Lipesker, gerente artístico, descubridor de talentos. Te resumo: tres compañías discográficas no daban abasto para prensar el simple Andate e Y no es que me arrepienta, de Eladia Blázquez. Esa noche, en la reja que da a la plaza del folclore de Cosquín, un hombre vestido de negro, con una llamita blanca y barba, se me acercó y me dijo: “M`hijo, va a tener suerte hoy”. Lo busqué en la multitud, parecía que se lo había tragado la tierra, desapareció. Me quedé pensando hasta el día de hoy en quién habrá sido esa estrella guía. Se anticipó a lo que nos pasó. Siempre creí que fue algún ángel que se personificó, no fue mi imaginación, no lo fue. Cosquín marca, marcará y marcó una etapa de reconocimiento. Dueños de un estilo propio, éramos un dúo casi inconfundible, así que Los Visconti recibimos ahí también el reconocimiento después de casi 30 años peregrinando.

- Infinidad de galardones coronan a Los Visconti a lo largo de estos 62 años. En las arrugas del tiempo, ¿cuál ha sido su fortaleza?

- Jamás haber perdido la huella, no ir detrás del tema comercial, no salirme del estilo que calificó nuestros valses. Hoy van cantando de todo, yo conservé la esencia. Ese es el secreto de tener la vigencia intacta como hasta hoy, gracias a Dios, a la vida, a mi familia y al público.

- El 12 de abril del 2005 se marcha Víctor Visconti de este mundo. Todos conocemos la canción Adiós hermano y el disco homenaje a su recuerdo, pero es bueno ahondar en ello, con el mayor de los respetos ¿Qué deja para usted su hermano en la partida, más allá del profundo dolor?

- Deja una cicatriz que jamás se curará. Las glorias nunca mueren, podrán cambiar la forma, pero morir jamás. Soy muy creyente, sé que está a mi lado en cada concierto, sé que es mi estrella guía. Sé que se fue a otro escenario para cantar con otros grandes! Lo extraño. Nueve meses en la panza de mi madre, la infancia, la trayectoria y todo, todo lo que nos regaló la vida. Quisiera que viera que estamos vigentes todavía, con cuatro generaciones que nos escuchan. Esa es la marca que llevamos al estilo Visconti.

- ¿Qué sintetiza la figura de Héctor Corvalan en el rumbo actual de Los Visconti?

- Él, mi hermano de los caminos. Lo conocí por un amigo en común, Franquito, ex jugador de Ferrocarril Oeste, el club de mis amores. Soy verdolaga hasta que Dios diga basta. Héctor, gran cantante, tuvo que adaptarse al estilo, a las pausas, al decir, matizar, darle esa cuota que caracteriza a Los Visconti, y lo logra día a día. Es muy estudioso, oriundo de la Ciudad de Moreno, Buenos Aires. Trabaja mucho para poder encajar siempre con el estilo. Víctor era una lágrima en la garganta, es difícil estar en un dúo que marcó ese sello inconfundible.

- ¿Cómo fue la experiencia reciente de las presentaciones en Miami?

- Bueno... Europa y Latinoamérica, como EEUU, siempre arrasador el éxito, la venta de taquillas en teatros, restaurantes importantísimos se llenan para escuchar a Los Visconti. Colombia nos dio la orden “Juan del Corral”, distinción máxima que da la Cultura Colombiana a los artistas e Hijos Adoptivos de Antioquia. La gente canta a la par nuestra los temas. Ese placer tenemos los músicos, escuchar aplausos y temas nuestros en las gargantas del querido público.

- Sabemos que Abel Visconti es romántico y emotivo. Si ahora cito en la charla a la provincia de Mendoza, ¿cómo la describiría?

- ¡Hermosa! Apasionada y llena de gloria. Llevo a Mendoza debajo de mi piel. No me puedo olvidar de Los Cantores de la Cañadita, de Los Trovadores de Cuyo. Pero tengo mi corazón unido al de Hilario Cuadros. Yo me inspiré mucho en él, un grande, un maestro. La calidez del mendocino es enorme. Lo comprobé el año pasado, cuando fui a filmar al Cerro de la Gloria. ¡Emocionante! La gente cantaba con nosotros, así que lo hicimos con público. Los Visconti somos muy queridos en Mendoza.

- ¿Qué puede decirle a la gente de Mendoza que los sigue escuchando, recordando y aplaudiendo?

- ¡Ay, mi tierra! Qué amargura que es tenerte a la distancia. Mendoza, tierra querida, cómo se me parte el alma. Parecemos cantores mendocinos, cuyanos, tenemos un poquito de todo, bien argentinos, orgullosos de esta patria, pero cada ciudad del país nos da su encanto. Mendoza: si Dios me lo permite, estaré en tus tierras para enero o febrero del 2015 en la queridísima ciudad de Guaymallén. Los abrazo con el alma.

Lucio Albirosa

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6 de Diciembre de 2016|17:12
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6 de Diciembre de 2016|17:12
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  1. que precioso estuvieron que esperar 30 años para llegar a lo mas alto,y hoy los hijos de los famosos a penas tararean y muy desafinados lo convierten en estrella.,LOS VISCONTI ORGULLO ARGENTINO.
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  2. ¡¡¡ FUERZA ABELITO !!!!!
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