Decimos 100.000 mentiras a lo largo de nuestra vida

Según una encuesta llevada a cabo por el diarioo británico Daily Mail, serían unas 100.000 las mentiras que pronunciaremos a lo largo de nuestra vida, con un promedio de cuatro por día. A veces, mentimos incluso sin darnos cuenta. Porque, la mentira es una herramienta insustituible para vivir en sociedad.

Son muchas las situaciones en las que ocultamos la verdad. Más a menudo de lo que imaginamos. "Se trata de una practica cotidiana. Lo queramos o no. Pese a la condena moral, es un hecho incuestionable. Lo necesitamos para vivir. Es imprescindible. Siempre hay un elemento de ficción cuando contamos la realidad a alguien. La mentira, de alguna manera, es un refugio y un lubricante de las relaciones humanas", manifiesta Ignacio Mendiola, sociólogo profesor de la Universidad del País Vasco y autor del libro Elogio de la mentira.

Según una encuesta llevada a cabo por el rotativo británico Daily Mail, con un promedio de cuatro por día, serían unas 100.000 las mentiras que pronunciaremos a lo largo de nuestra vida.

Se miente para eludir responsabilidades, para obtener cierto placer, ya que el mentiroso se siente más listo que los demás; por inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados como somos; para evitar un castigo; para acercarnos a nuestro interlocutor; para sentir que controlamos la situación.

Corporalmente, al mentir se produce un cambio del tono de voz, dilatación de las pupilas, se tiende a evitar la mirada de la persona que tenemos en frente, el cuerpo se vuelve algo más rígido.

El psicólogo de la Universidad de Massachusetts, Robert Feldman, cree que la mentira está relacionada con la falta de autoconfianza. "En cuanto la gente ve su autoestima amenazada, empieza a ocultar la verdad".

Su estudio comprobó que el 60% de los encuestados mintió por lo menos una vez en una conversación de diez minutos. "El problema es que queremos mantener una imagen de nosotros mismos que encaje con la que los otros quisieran que tuviéramos. Queremos gustar", apunta.

Andrea Tagliacarne,autor del libro  Filosofía de la mentira recuerda que "para mentir se precisa inteligencia. De entrada, supone el conocimiento de la verdad. Luego, la mentira tiene una estructura más compleja, de tipo teatral. Supone entender la expectativa de quien la escucha, entrar en la mente del interlocutor". En este sentido, el mentiroso no sólo es un expositor de hechos, sino un creador. Mentira viene del latín mens, que significa mente.

Son numerosos los intelectuales que han defendido la mentira. Para Platón, "mentir de forma consciente y voluntariamente tiene más valor que decir la verdad de forma involuntaria". Los griegos elogiaban los mentirosos: Ulises fue incluso alabado por los dioses por ello. Maquiavelo sostenía que la mentira era legítima para fines políticos. Leo Strauss hizo hincapié en la necesidad de mentir para defender una posición estratégica o ayudar a la diplomacia. Y Nietzsche sostenía que el intelecto, como medio de conservación del individuo, despliega sus fuerzas en la fi cción. La literatura, de alguna manera, también es una mentira.

las investigaciones científicas confirman que mentir supone un esfuerzo creativo. Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania, dirigido por el profesor Daniel Langleben gracias a la resonancia magnética funcional (fRMI), ha demostrado que el cerebro siempre está listo para decir la verdad y que para mentir precisa organizarse. Nuestra materia gris tiene que hacer un trabajo extra cuando va a engañar: se activan zonas del córtex frontal (que desempeñan un papel en la atención y concentración), además de otra área del cerebro responsable de vigilar posibles errores.

Hay circunstancias en las que mentir es tolerado por la comunidad. Pongamos el caso del vendedor de coches: para promocionar su vehículo, exagerará algunas virtudes del producto. Hasta se podría decir que quien sabe mentir mejor es el que tendrá más éxito, porque conseguirá que se lleve a cabo la venta.

Hay veces en que no decir la verdad no sólo no está mal visto, sino que es aconsejable. Algunas mentiras preservan nuestra intimidad, del dolor, e incluso de la muerte. Son las mentiras piadosas. En ciertas circunstancias, fuera del ámbito ético, la mentira tiene que valorarse en lo que es útil y ventajoso para la vida. Es emblemático Roberto Benigni en la película La vida es bella: miente a su hijo pequeño sobre la realidad del campo de concentración al contarle que se trata de un juego. "En estos casos la persona no está en condiciones de decir la verdad, que resultaría insoportable de escuchar para el otro", dice Maria Bettetini, autora del libro Breve historia de la mentira.

Y por supuesto, mentimos por amor. Como canta Joaquin Sabina: "Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor".

Pero es cierto que no decir la verdad conlleva consecuencias. Según el psicólogo clínico del Centro Ramon Llull de Zaragoza, José Luis Catalán, "la mentira tiene un efecto colateral, siempre. Las relaciones personales empiezan a envenenarse". En particular, cuando el mentiroso se convierte en compulsivo empiezan los problemas.

Cuando la costumbre a mentir acaba en patología, la distinción entre realidad y mentira se diluye. El mentiroso acaba creyéndose sus delirios. . Uno empieza a creer que las cosas fueron como las contó y no como ocurrieron. Como explica Tagliapietra, "quien tiene poca memoria se olvida de la verdad, pero nunca de las mentiras". Esta es la pura verdad, publica el diario español La Vanguardia.
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