Dos grandes libros para los más pequeños

"Una casa bien abierta", de Pessoa Rosa y Legnazzi, y "Donde la ciudad termina", de Kaufman y Roldán, para sentir más próxima la naturaleza.

Lo maravilloso y lo fantástico, se sabe, está ahí, al alcance de cualquier persona. Pero más cerca está si esa persona no ha enturbiado su percepción por la abulia de la vida cotidiana. Para ser más claros, si esa persona es aún un niño.

Y niños son los protagonistas de los dos nuevos títulos de Pequeño Editor para su colección Incluso los Grandes: Una casa bien abierta, de Carlos Pessoa Rosa y Claudia Legnazzi, y Donde la ciudad termina, de Ruth Kaufman y Daniel Roldán, en los que dos niños descubren su relación con la naturaleza.

En Una casa bien abierta, Marcos es un niño que, solo en la playa, conoce la palabra “casa”, y a partir de ese momento juega con ella, fraccionándola, estirándola, reconstruyéndola, hasta hallarle una forma concreta, la forma de la ausencia.

En las ilustraciones de Legnazzi para este libro álbum, los elementos (niños, casas, peces, animales) están realizados con objetos como piedras, conchas, tornillos, madera, fósforos, de manera que la idea de juego de niños adquiere más volumen.

Una hermosa historia de un niño solo en una playa que se asombra de pertenecer a un mundo que es, en definitiva, su casa, una casa bien abierta.

Donde la ciudad termina es el relato en primera persona de un niño que descubre que el cúmulo de edificios, calles y ruidos en el que vive tiene un límite y que más allá de eso hay un río.

Es el novio de su mamá (un camionero) quien lo invita a conocer ese lugar maravilloso, y hacia allá parten un fin de semana los tres, pero no en camión, sino en colectivo, lo que agrega más condimentos a este descubrimiento que el niño está a punto de realizar.

La exquisita sencillez del relato introduce al lector en la vida de una familia que tuvo que emigrar (con una gran piedra transportada por el abuelo del niño) y que debe instalarse en la ciudad, con lo que el descubrimiento de parte del niño del fin de la ciudad funciona como una hermosa metáfora del regreso a la naturaleza de parte de los adultos, que comenzarán a llevarlo todos los fines de semana al río, al cual el pequeño tratará de asir con un nombre.

Una casa bien abierta y Donde la ciudad termina son dos títulos que ponen al alcance de los niños el realismo literario, enmarcados en ese concepto que sintetiza el nombre de la colección: Incluso los Grandes, pues se trata, como queda claro en la justificación que la editorial hace de esta idea, de libros a los que los adultos también pueden adoptar como propios “si no les temen”.

Alejandro Frias

Opiniones (2)
10 de Diciembre de 2016|02:02
3
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10 de Diciembre de 2016|02:02
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  1. ¡Gracias, Alejandro! Excelente nota (¡y el video es una belleza!)
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  2. Gracias por la información ! Hermosos libros.
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