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La mirada alemana de la final de Italia 90

"La final fue mala por culpa de Argentina" dice Rudi Völler recordando aquel Alemania 1 - Argentina 0 en Roma.

La final se repetía y los actores tenían ansias de revancha. Alemania y Argentina se volvían a enfrentar en una final del Mundial y el escenario, esta vez, el 8 de julio de 1990, era el estadio Olímpico de Roma.

Cuatro años antes, en el estadio Azteca de Ciudad de México, la Argentina, con un Diego Maradona en su mejor momento futbolístico, se había llevado su segunda corona mundial al imponerse en un vibrante partido por 3-2. Alemania, dirigida por Franz Beckenbauer, se había quedado con la sangre en el ojo.

En Roma todo estaba dispuesto para la repetición del duelo: se volvían a enfrentar Maradona con Lothar Matthaeus, Oscar Ruggeri con Rudi Völler, y los dos entrenadores: Franz Beckenbauer y Carlos Bilardo.

Sin embargo, la historia, como se sabe, no se repitió. Esta vez ganó Alemania y el partido no tuvo nada que ver con el suspenso ni con la calidad que habían generado los protagonistas cuatro años antes. Fue aburrido y malo, definido por un penal dudoso cuando faltaban apenas cinco minutos para el silbato final.

Rudi Völler, finalista en ambas ocasiones, reconoce que la final "no fue espectacular" y no estuvo a la altura de las expectativas.

Los argentinos llegaron a la final un poco por sorpresa, jugaron un fútbol muy mezquino, como en todo el torneo

"No fue una final muy buena, pero si soy sincero, no fue culpa nuestra. Los argentinos llegaron a la final un poco por sorpresa, jugaron un fútbol muy mezquino, como en todo el torneo, intentaban pasar como pudieran, jugando al empate, llegar a la definición por penales", recordó Völler en una entrevista con la agencia dpa.

Para el centrodelantero -cuya cuota goleadora de 47 tantos en 90 partidos internacionales es superada sólo en Alemania por la del "bombardero" Gerd Müller-, los dos duelos con Argentina son inolvidables. "Me quedo con la segunda final, porque a pesar de que la primera fue mejor y metí un gol, en Roma fuimos mejores y además, quedó el título", admite.

"En el Mundial 86, reconozco, los argentinos fueron, pero por lejos, el mejor equipo del campeonato. Ganaron merecidamente, lo tenían a Maradona, la figura sobresaliente, pero no la única, había muchos otros buenos jugadores y además tenían una defensa muy buena, muy superior a la del 90", agrega.

Para Völler, que condujo desde el banquillo a la selección alemana al subcampeonato en Corea/Japón 2002, la tercera corona mundial para su país lograda en Italia 90 fue "justa y merecida".

La razón es muy simple: "Nosotros fuimos los mejores. Y no sólo en la final. También a través de todo el torneo, con un equipo muy sólido y muy confiado, ahí se notó la experiencia y la mano de Beckenbauer", dice Völler, que como jugador dividió su trayectoria entre Alemania, Italia, donde jugó para la Roma, y Francia, donde ganó la Liga de Campeones europea con el Marsella.

Pero no todo fue calidad, reconoce. "Tuvimos suerte. Por ejemplo, todo podría haber quedado en la nada en octavos de final", señala, contra Holanda.

El partido, que estuvo al filo para ambos equipos, marcaría al delantero alemán. "Aquel que metía el primer gol iba a ser el ganador del partido y por suerte los holandeses no lo lograron a pesar de todas las oportunidades que tuvieron. Fuimos nosotros (triunfo por 2-1) pero ese partido fue el más difícil del torneo y en vez de salir campeones mundiales también podríamos haber vuelto a casa con la frustración de haber sido eliminados en octavos", analiza Völler.

Ese partido fue además el que tuvo a Völler como protagonista inmerecido, víctima de lo que aun hoy considera "una gran injusticia". Hasta ese día estaba convencido de que iba a ser "su"Mundial. Había marcado tres goles y era junto a Matthäus y el italiano Schillaci el goleador del torneo.

Pero contra Holanda vino la frustración. El holandés Frank Rijkaard le escupió en la cara varias veces y tras el enfrentamiento posterior entre ambos el árbitro argentino Juan Carlos Loustau se cansó y a los 21 minutos de juego expulsó a los dos.

"Una gran injusticia, castigar con la misma pena al autor y a la víctima", señala. La decisión del árbitro -"pensé que me estaba destrozando el Mundial"- lo quebró, porque fue suspendido por un partido y apenas pudo reaparecer en semifinales.

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