Memoria selectiva ante el patriotismo y los crímenes de guerra

Un estudio demuestra que las personas tienden a dar crédito a las justificaciones de una masacre si quienes la realizaron son connacionales.

Cuando comenzaron a difundirse en la prensa revelaciones sobre crímenes de guerra cometidos por soldados estadounidenses en Irak y Afganistán, y no tardaron en seguirles explicaciones a modo de justificaciones, el psicólogo Alin Coman, profesor en la Escuela Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton en Estados Unidos, y algunos de sus colegas, comenzaron a plantearse un tema de investigación: Si las atrocidades las cometen soldados del propio país, ¿la gente recordará mejor esas justificaciones que si las atrocidades las cometen soldados de otro país? O, expresado de forma más cruda, ¿la gente tiende sin darse cuenta a experimentar una especie de "amnesia" selectiva que le ayuda a ser más condescendiente con los crímenes de guerra cometidos por sus soldados compatriotas que con los cometidos por otros?

Coman y sus colegas plantearon la hipótesis de que las personas olvidan con más facilidad justificaciones, que no se expresen en repetidas ocasiones, para crímenes de guerra supuestamente cometidos por alguien de un grupo ajeno (por ejemplo de otra nación), mientras que están motivadas para recordar las justificaciones, expresadas incluso tan pocas veces como una sola, para crímenes de guerra supuestamente cometidos por miembros de su propio grupo (por ejemplo de su mismo país), posiblemente como una forma de proteger a estos miembros de su propio grupo frente a responsabilidades morales.

Para probar su hipótesis, los investigadores pidieron a 72 participantes estadounidenses que leyeran historias sobre perpetradores de crímenes de guerra que eran, o soldados estadounidenses (su grupo propio) o soldados afganos (un grupo ajeno). Las historias eran contadas, o construidas, de tal forma que parecían noticias reales de los medios de comunicación, y las brutalidades cometidas por el perpetrador, entre ellas por ejemplo torturar a un insurgente sumergiéndole la cabeza bajo el agua para impedirle respirar, eran acompañadas de una justificación, por ejemplo que el sujeto interrogado se negaba a revelar la información que poseía sobre un ataque inminente.

Los sujetos de estudio leían con atención las historias y, después de que realizasen durante 10 minutos una tarea que se les encomendaba para que apartasen su mente de lo que habían leído, observaban un video en el que aparecía otra persona volviendo a narrar las atrocidades de dos de las cuatro historias que los sujetos de estudio habían leído antes. En esta ocasión, sin embargo, no se repetía la justificación.

Después, se les pedía realizar otra tarea encaminada también a distraerles de sus pensamientos derivados de ver el video.

Por último, se pedía a los participantes que explicasen todo lo que recordasen de las cuatro historias expuestas.

Los resultados mostraron que los sujetos de estudio tendían a olvidar las justificaciones para los crímenes de guerra cometidos por los soldados afganos, que habían sido vueltos a narrar en los vídeos, en comparación con las justificaciones de los crímenes de guerra que no habían sido vueltos a narrar. Los resultados indican que escuchar de nuevo las historias pero sin la justificación original, llevaba a los sujetos de estudio a olvidar esas justificaciones, tal y como habían pronosticado los investigadores.

Sin embargo, los sujetos de estudio no olvidaban las justificaciones que no habían sido expuestas por segunda vez, cuando el perpetrador era estadounidense. La pertenencia del soldado al mismo grupo que ellos les inducía a formar un recuerdo más indeleble de la justificación que el soldado había esgrimido al explicar por qué había cometido el acto brutal.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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5 de Diciembre de 2016|16:08
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