Cuando el running se transforma en obsesión

El running lo conocemos hoy en día es uno de los deportes que más adeptos captó, por lo simple que es practicarlo. Los peligros encerrados.

Por lo democrático y por lo beneficios que implica para la salud. Sin embargo, cuando uno le toma el gustito, hay peligros encerrados y bien escondidos que acarrean el exceso. Es decir, cuando el placer se transforma en obligación, en obsesión. Algo similar a un trabajo. No hacerlo es como romper con un precepto talibán que nos haría incurrir en una falta de extrema gravedad. Nada de ello es cierto. Nunca hay que olvidar que el running, en el caso puntual y específico de los atletas populares es placer, disfrute y goce en dosis iguales. Esto no implica que, si uno pretende mejorar, no haya que hacer sacrificios y exigirse. Es delgada la línea que separa al deporte de ser una forma de liberar tensiones, estrés  y llega a convertirse en una obsesión que gobierna de vida de quienes lo practican

La licenciada Cyndi Sarnoff-Ross, psicoterapeuta estadounidense especializada en psicología clínica y gestión de la organización se interesó por esta temática tras mirar un programa de televisión que giraba en torno a los corredores obsesivos y cómo su necesidad de correr tenía una enorme incidencia en sus cuerpos. Así fue que comenzó a estudiar a personas con un concepto de salud y estado físico acertado pero con una inadecuada manera de llevarlo a la práctica.

Observó corredores de distintas características: desde un hombre que hacía 36 años que corría obsesivamente 8 millas (alrededor de 13 km), hasta ultramaratonistas que corrían cientos de millas. Algunos corrían para satisfacer una necesidad provocada por un trastorno obsesivo compulsivo, otros para escapar del dolor de una trágica pérdida; hasta una mujer corría para mantenerse sobria. Sin importar cuál fuera su razón particular, todos parecían correr para alejarse de algo y en búsqueda de un cierto estado de superación. Las sensaciones que describían de elevación o incluso de euforia no eran muy distintas de las generadas por los psicofármacos, sin los aparentes efectos secundarios negativos que estos conllevan. Esto fue repetido por muchos corredores y todos militan por esta elección de vida ya que la consideran muy sana. Sin embargo, cuando correr o cualquier otro tipo de ejercicio comienzan a restarle tiempo o incluso a desplazar a otras actividades, se ha cruzado la línea de la obsesión.

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Uno de los criterios para determinar un trastorno obsesivo compulsivo consiste en que la obsesión o compulsión genera una angustia perceptible, lleva más de una hora por día e interfiere significativamente en la rutina normal de las personas, tanto en lo profesional como en lo académico o social. Las declaraciones de estos corredores coinciden claramente con la definición. Desafortunadamente cuando alguien se involucra en una actividad saludable, pero de un modo no saludable, se vuelve difícil intervenir. La racionalización de que lo que están haciendo es realmente bueno para ellos, es muy fuerte.

De hecho hay un cierto grado de verdad en la afirmación: "Es algo demasiado bueno". En el caso de quienes utilizan el ejercicio como la única manera de verse bien, hay una serie de aspectos subyacentes que deben ser tenidos en cuenta.

Hay diversas maneras de darse cuenta si un hábito de vida sano se ha vuelto insano. Respondiendo a una serie de preguntas simples puede obtenerse un perfil un poco más claro del corredor: ¿La actividad está interfiriendo en otras áreas de su vida?; Si no puede entrenar o correr una carrera, ¿se vuelve ansioso y se le dificulta prestar atención al evento alternativo?;¿Hay alguna consecuencia negativa frente a este comportamiento?;¿Responde a la defensiva cuando algún amigo o ser querido sugiere que está exagerando el comportamiento, que se está extralimitando o volviendo adicto al ejercicio?

Estos interrogantes son planteados por la psicoterapeuta para llamar a la reflexión del atleta amateur y evaluar si es necesaria una moderación de sus actos o, en algunos casos, si precisa ayuda profesional.

Los corredores amateurs son personas que tienen una vida cargada de responsabilidades y a eso le suman su pasión por entrenar, por correr. Es preciso que puedan detectar el cansancio de su cuerpo y el estrés que producen las obligaciones cotidianas pues la preparación de ciertas competencias como un maratón, un medio maratón o cortas distancias a rápidas velocidades, demandan atención, concentración y esfuerzo. El primer paso para poder prepararlas es desearlo para poder comenzar a desandar un largo camino en el que muchas veces habrá disyuntivas y confusiones acerca de si se se está llevando a cabo o no de un comportamiento obsesivo. Pero por sobre todas las cosas, es preciso saber que entrenar y correr deben generar placer. En el momento en que se torne un displacer y ocupe toda nuestra capacidad de concentración, entonces estamos en problemas. Algo similar sucede con las marcas obtenidas en las competencias y la necesidad imperiosa de vivir contando los minutos, segundo y milésimas de segundo empleados en correr 100 mts, 500 mts o 1km. Si algo que venía a ser relajado, distendido, placentero, se torna en una tortura que cada vez demanda más energía y atención, habrá que contemplar el trasfondo de tal actitud.

La polémica está planteada. Es hora de escuchar las distintas posturas. 

 

Fuente: Damián Caceres

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19 de octubre de 2017 | 03:43
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