Cerati, el que nos superó a todos por lejos

Homenaje a uno de los músicos más importantes de la historia del rock nacional, un recorrido por algunos de los puntos sobresalientes de su brillante carrera.

Hace algunos años Gustavo Cerati concluía una de sus giras más exitosas. Un estadio colmado en Caracas lo despedía con los brazos en alto. Era el último show de la gira de presentación del disco Fuerza Natural. En medio de las risas y anécdotas, Gustavo se agarró fuerte de un compañero. Lo apretó con todas sus fuerzas. El camarín fue enmudeciendo y las miradas mezclaban euforia y confusión: “¿Qué te pasa Gus?” Gustavo hablaba con dificultad y la situación era difusa. ¿Pico de presión, baja de presión? De ahí a pedir con desesperación un médico y posteriormente una ambulancia. Fueron varias agónicas horas de espera. Mientras, la multitud caminaba lentamente por las calles adyacentes al estadio. Regresban a sus casas,habían visto a su ídolo triunfar una vez más. Cerati era Dios.

Lejos de Dios, Cerati necesitaba una ambulancia urgente. El resto fue la internación, las esperas, las dudas, los resultados, los diagnósticos. Los parientes, en el aire, volando para tomar las decisiones. Horas. Muchas horas.

Mientras tanto, el mal destruía a su paso. Laboriosamente, invadía sectores, colapsaba mecanismos, averiaba una maquinaria perfecta.

Siempre pensé que Cerati nos superaba por lejos a todos porque había entendido perfectamente el juego de la música. Esa mezcla perfecta entre los sentimientos y la inteligencia. El corazón y la mente.

Soda Stereo fue un fenómeno único. Produjo buenas canciones, buenos discos y, finalmente, buenos conciertos. Parece fácil así dicho, pero es técnicamente imposible. Muchos componen una buena canción, pocos componen varias buenas canciones, casi ninguno hace con esas canciones un buen disco y mucho menos suenan bien en vivo. Soda Stereo lo hacía.

A muchos músicos de mi generación les daba bronca, celos y realmente los incomodaba aceptar los aciertos de Soda. Aunque finalmente, con el paso de los años, las opiniones se alisaron.

La primera despedida de Soda fue toda una apuesta para sus integrantes. Ya no funcionaban humanamente. Casi no se hablaban y la decisión de hacer una última gira tuvo un enorme costo mental y físico. Cuando se habla comúnmente de “actuaciones“ de tal o cual banda, en realidad se quiere decir “presentaciones“. En este caso, la banda estaba disuelta desde mucho tiempo antes y ahí sí podríamos hablar de “actuaciones“. Hacer una fiesta de lo que ya no lo es en realidad.

El tiempo compensó la situación y hubo una segunda gira de Soda Stereo. Se llamó “Me verás volver”. Habían pasado 10 años de la separación y el tiempo había acercado naturalmente a los integrantes de la banda. Los nuevos conciertos fueron una fiesta interminable. Celebración y alegría. Para sorpresa de los más desconfiados, la banda superó todas las expectativas. Los diez años multiplicaron por diez la musicalidad. Amigos y enemigos de Soda tuvieron que sacarse el imaginario sombrero y decir chapeau.

El show tenía la mejor puesta en escena, luces y sonido. Y la banda invitó a Leo García, Leandro Fresco y Tweety González para tocar instrumentos adicionales. El grupo sonaba increíble.

En una oportunidad, conversando con Gustavo Cerati y su mama Lilian Clark, me comentaban que los más de 20 conciertos de la gira fueron excelentes y que ningún concierto fue interrumpido por lluvia (se hacían en estadios de fútbol). Sólo tuvieron que posponer y reprogramar un show en Caracas. El motivo fue un referéndum propuesto por Hugo Chávez para que la gente votara por una reforma de la Constitución. Como compensación, hicieron un show privado a un magnate en Miami por una cifra difícil de rechazar.  La gira “Me verás volver” fue una fiesta de principio a fin. Yo tuve el honor de participar como músico invitado en el último concierto en el Estadio River, junto a otros amigos de la banda, como el guitarrista Carlos Alomar, la percusionista Andrea Álvarez y el Zorrito Quintiero.

Poco tiempo después, Cerati se recluyó en su casa en las afueras de Punta del Este para descansar y componer sus nuevas canciones. Allí creó los temas del disco Fuerza Natural. Había llevado algunos pocos instrumentos. Una buena guitarra acústica. Micrófonos. Un teclado y su infaltable computadora portátil. Siempre el Ableton Live (un programa para componer y grabar) y su sintetizador preferido, el ReaKtor, con el cual experimentaba sonidos delirantes (incluso pertenecía a un club mundial de usuarios donde debatía y aportaba sugerencias acerca de ese software).

Un día, mientras escuchábamos los demos de esos temas, Cerati me contó que su casa era como una chacra, en medio de un descampado y con el mar cerca. Una noche se despertó abruptamente por el estruendo de una tormenta eléctrica. Ahí tomó real consciencia del poder de la naturaleza. Era una tormenta eléctrica de una fuerza inusual. Rayos pegaban en los alrededores. Un verdadero bombardeo de la naturaleza. Él fue un sorpresivo testigo de semejante espectáculo. La furia del planeta convergía en ese punto. Descargaba toda su fuerza acumulada sobre árboles y techos. Aquella noche fue distinta a las demás. Aquella noche encontró el nombre de su disco. En definitiva, los seres estamos a merced de la fuerza natural. Dependerá de ella nuestro destino.

Fuente: Télam

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9 de Diciembre de 2016|05:36
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