Carlos, el emperador de dos Imperios

Gracias a las herencias de sus antepasados, se convirtió en el más poderoso monarca de su época teniendo a media Europa bajo su poder.

Uno de los monarcas más importantes del siglo XVI fue sin dudas Carlos de Austria (también conocido como Carlos de Habsburgo), quien tuvo bajo su poder dos de los territorios más poderosos de la Europa postmedieval: España (que era conocida como los reinos españoles) y el Sacro Imperio Romano Germánico.

A diferencia de otros monarcas, Carlos logró reinar sobre grandes extensiones territoriales gracias a las herencias que le dejaron sus parientes a raíz de las alianzas que se habían establecido previamente entre las casas de Trastámara (de sus abuelos maternos los Reyes Católicos), Habsburgo (de su abuelo paterno Maximiliano I) y Borgoña (por parte de su abuela paterna María), que desembocaron en la figura más poderosa de la primera mitad del siglo XVI.

Conocido en las tierras españolas como Carlos I y en el Sacro Imperio como Carlos V (de ahí su popular nombre Carlos I de España y V de Alemania), este monarca se caracterizó por ser el último emperador que intentó conseguir una Europa católica universal despojada de toda influencia rebelde, ya que el luteranismo avanzaba con fuerza y ponía en jaque el poder político y religioso.

El crecimiento del futuro emperador

Carlos nació bajo el nombre de Karl en la ciudad flamenca de Gante (actual Bélgica) el 24 de febrero de 1500, primogénito varón del matrimonio formado por Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, y de Felipe de Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano I y de María de Valois. Con su nacimiento se producía una inusual figura hereditaria: estaba en el segundo lugar de pretensión tanto a los tronos de Castilla, Aragón y Austria, como a su vez podía ser electo como Emperador del Sacro Imperio.

Juana "la Loca"
Tras la muerte de la reina Isabel I de Castilla en 1504, Juana y Felipe viajaron a Toledo para reclamar la corona vacante a Fernando, ya que su hija era la heredera al trono y su yerno el rey consorte. Así dejaron en Flandes al pequeño Carlos, mientras que llevaron al recién nacido Fernando con ellos. A pesar de que ambos fueron declarados monarcas en 1506, Felipe murió a los pocos meses y Juana fue encerrada por su padre alegando locura, por ello será conocida como La Loca. Así Fernando de Aragón volvió a tener poder sobre Castilla, aunque como regente.

Con la muerte de su padre, Carlos fue nombrado Duque titular de Borgoña, por lo cual pasaba a heredar las regiones del Franco Condado y los Países Bajos, además de Borgoña aunque de manera nominal. Dada su minoría de edad, su tía y madrina Margarita de Austria fue su regente. Con una educación basada principalmente en la cultura flamenca, el joven heredero adquirió los conocimientos del espíritu renacentista que se inculcaba en la época. Posteriormente recibió enseñanzas del del cardenal Adriano de Utrecht (futuro papa Adriano VI), en la cual se reforzó sus creencias religiosas.

Tras su declaración de mayoría de edad en 1515 y la asunción plena de sus poderes en los Países Bajos, Carlos decidió asegurarse ser el heredero directo de las coronas españolas. Bajo presión, ya que prefería a su otro nieto (Fernando) como nuevo rey, Fernando de Aragón accedió a no impedir el acceso a los tronos de Castilla y Aragón a Carlos.

La toma de las coronas españolas y alemanas

A principios de 1516, falleció Fernando II de Aragón, por lo cual tanto su corona (que incluía las posesiones italianas de Sicilia y Nápoles) como la regencia sobre Juana en cuanto a Castilla y las colonias ultramarinas pasaron directamente a Carlos, un heredero educado en la cultura flamenca y con escaso conocimiento del castellano y sus costumbres.

Para hacer valer sus derechos, el ungido Carlos I tomó la decisión de viajar a España para enfrentar las oposiciones a su asunción. Carlos viajó en 1518 hacia la península y realizó una recorrida por todos los reinos españoles para tomar los fueros y ser proclamado oficialmente como Rey junto a su madre Juana, lo cual logró casi sin sobresaltos.

Maximiliano I
En 1519, y durante un viaje a Valencia para comparecer ante las Cortes locales, Carlos I fue informado sobre la muerte de su abuelo Maximiliano I, con lo cual pasaba a ser Archiduque de Austria y gran candidato a ser titular del Sacro Imperio Romano Germánico. Con dinero proveniente de las arcas castellanas y de prestamistas alemanes, logró ser elegido y coronado emperador en 1520 bajo el nombre de Carlos V.

Con media Europa bajo su poder, Carlos se instaló la idea de fortalecer un gran Imperio universal de corte unipersonal, humanista y profundamente católico, aunque respetando los fueros y privilegios de cada uno de sus componentes. Pero su sueño era una utopía: los conflictos políticos y sociales en los reinos españoles, la crisis religiosa del Sacro Imperio, el fortalecimiento de los fieles protestantes, las ambiciones de Francia y el Imperio Otomano y las diferencias con el Papado minaron sus esfuerzos.

Los territorios europeos que Carlos I (y V) logró reunir bajo su dominio por más de 40 años. Además hay que incluir las posesiones americanas.

Carlos tuvo que enfrentar numerosas revueltas y batallas que, si bien logró sortearlas, fueron desgastando su figura de Rey Universal. En Castilla estallaron las revueltas de las Comunidades (1519-1522) y en Valencia la rebelión de las Germanías (1520-1522), las cuales fueron duramente reprimidas por el ejército imperial.

Al mismo tiempo, las tropas del rey de Navarra Enrique II, enormemente apoyadas por el rey Francisco I de Francia, invadieron las posesiones navarras de Castilla en 1521. Viendo las maniobras de Francisco para tomar sus territorios en el sur de Italia, Carlos ordenó invadir Milán ese mismo año y, tras una serie de batallas que incluyó la detención de los monarcas francés y navarro, se firmó el Tratado de Madrid en 1526 donde Francia renunció a sus pretensiones en Italia y la Borgoña ocupada por el Sacro Imperio. Enrique II cedió la Alta Navarra al emperador.

Francisco I
Pero las disputas con su eterno rival francés volverían al poco tiempo. En 1526 Francisco I logró convencer a Venecia, Génova, Milán, Florencia y el Papado (Clemente VII) de aliarse contra Carlos en la Liga de Cognac para evitar el expansionismo del emperador en el Mediterráneo y la península itálica. Pero la fuerza militar de Carlos fue más fuerte y logró derrotar a la alianza, con un previo saqueo a la ciudad de Roma del cual el emperador no se hizo responsable.

La presión del luteranismo

Sin embargo, los principales conflictos los padeció en el propio Sacro Imperio, aunque nombró a su hermano Fernando como archiduque de Austria. Con el avance del luteranismo imparable en el norte y centro de la actual Alemania, la negativa de Martín Lutero a retractarse de sus polémicas obras teológicas y el desgaste de las guerras contra Francia, Carlos tuvo que pactar en 1526 (Dieta de Spira) con los conversos príncipes luteranos, lo cual supuso una victoria para la Reforma Protestante.

Aunque al año siguiente el emperador intentó limitar el avance del luteranismo, la inminente invasión turca a Viena frustró los planes y lo obligó a aliarse con los protestantes para combatir a los otomanos en 1529 durante el primer sitio de Viena, cuya victoria consiguieron con relativa facilidad.

Martín Lutero
Un nuevo concilio en Augsburgo en 1530 intentó unificar posiciones con los protestantes, pero la intransigencia del emperador hizo fracasar las negociaciones y los príncipes protestantes se unieron en la Liga de Esmalcalda, la cual contó con el respaldo de Francia. La delicada situación internacional obligó a Carlos a firmar la Paz de Nuremberg en 1532, la cual garantizaba la libertad religiosa en el Sacro Imperio. Durante los siguientes diez años el poder de los protestantes se solidificó gracias al desvió de atención de Carlos hacia el Imperio.

Nuevas guerras con Francia, que se alió oportunamente con los príncipes alemanes y los otomanos, volvieron a desgastar las finanzas reales de Carlos (que en su mayoría provenían de los reinos españoles abastecidos por las riquezas ultramarinas), lo cual derivaron en la firma de la Paz de Crépy en 1544, que significaba la renuncia de pretensiones territoriales de ambas partes.

Con el frente francés cerrado y la inauguración del Concilio de Trento a fines de 1545 (que concluiría oficialmente en 1563), Carlos V intentó recuperar los espacios perdidos a manos de los protestantes. Así inició una guerra contra la Liga de Esmalcalda en 1546, consiguiendo una rutilante victoria al año siguiente. Sin embargo, los términos propuestos por Carlos en Augsburgo no satisficieron a los príncipes luteranos, quienes se unieron al rey Enrique II de Francia (hijo del fallecido Francisco I) en 1552 y batallaron contra el ejército imperial.

Camino a una estrepitosa derrota, Carlos encomendó a su hermano Fernando para negociar con los protestantes. Así, en 1552 se firmó el Tratado de Passau, que garantizó el libre ejercicio religioso y la liberación de los príncipes luteranos presos. Esto fue ratificado y ampliado con la conocida Paz de Augsburgo de 1555, en la cual se le dio a los alemanes el derecho a elegir entre el catolicismo y el luteranismo, además de permitir la escisión religiosa del ámbito judicial.

Abdicación de Carlos V
Todo este proceso hizo que el gran emperador Carlos termine replanteando su concepción del Imperio Universal, ya que la imposición del protestantismo y la asfixia económica que había sumergido a los reinos españoles imposibilitaban su proyecto. Con el cansancio a cuestas, en 1556 proclamó en Bruselas su abdicación y dividió sus posesiones: a Fernando le cedió el Sacro Imperio y a su primogénito Felipe los territorios españoles (con las colonias americanas), Sicilia, Nápoles y los Países Bajos.

Luego de abandonar el poder y con varios problemas de salud, Carlos se refugió en un palacio ubicado junto al Monasterio de Yuste, en la actual comunidad española de Extremadura. Allí pasó sus últimos dos años de vida, hasta que falleció el 21 de septiembre de 1558.

Nicolás Munilla

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