Muestra en Killka: La hora de los cuerpos

Osvaldo Chiavazza, Juan Castillo y Fernando Rosas hacen del todo y la parte una oposición entre las libertades y las imposiciones.

Casi en el centro de la sala, una jinete equilibrista de circo sobre su corcel. Un poco más allá, un joven, de quien al poco tiempo sabremos que se llama Pedro, flota en el aire, a merced de vaya uno a saber qué vientos o, en todo caso, qué voluntades.

Juntas, las esculturas El fracaso del circo y Leve Pedro, ambas de Fernando Rosas, nos ponen en situación ante la nueva muestra Exhibición Otoño del espacio de arte Killka, de Salentein, que inauguró este fin de semana. Porque serán los cuerpos (cuerpos entre los cuales primen las formas humanas) los que guíen los sentidos y los sentires. Es la hora de los cuerpos.

Osvaldo Chiavazza, Juan Castillo y Fernando Rosas han coincidido en la necesidad de colocarnos ante cuerpos que, desde la integridad o la fragmentación, nos obliguen a la incomodidad, al dulce placer de ciertos dolores, a la reconstrucción de historias cotidianas que se viven en la piel.

Pero volvamos a la anónima jinete y al volador Pedro. Estas esculturas nos ponen en situación respecto de toda la muestra. Porque ambos encierran en sí (a partir de la quietud de la derrotada mujer y del triunfo sobre la gravedad del feliz joven) la síntesis de lo que veremos en el resto de la muestra. La oposición entre las libertades y las imposiciones.

Libertades en los cuerpos que se manifiestan, en la vitalidad que Rosas le da a la madera desde la misma crudeza con la que, por momentos, marca el material. Libertades en el brillo satisfecho que Chiavazza nos descubre en algunos rostros.

 Imposiciones sobre quienes han sido vencidos (fraccionados, mecanizados, encerrados) y captados en escenas que alcanzan la crueldad, sobre quienes claudicaron y sólo pueden ser restos.

No se puede permanecer impávido ante ninguna de las piezas que componen la muestra. Chiavazza hace de la sección un universo. Rosas nos coloca ante un permanente espejo. Y Castillo nos interroga acerca de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que podemos ser.

 

Hay mucho de la animalidad humana entretejido con lo cultural a lo largo del camino que nos ofrecen los tres artistas en conjunto. Un cuerpo humano con cabeza de perro ataviado sólo con un
pantalón deportivo u otro desnudo y tatuado. Un hombre recostado con un par de auriculares que lo aíslan del mundo. Una mujer decapitada y en situación casi de crucifixión. Las escenas sueltas podrían decir poco aunque de por sí impliquen mucho, pero colocadas en el mismo ámbito son casi un manifiesto sobre esa especie en la que sus integrantes se rinden, solitarios y fraccionados, quizá soñando la libertad, a los designios ajenos.

En la nueva muestra del espacio de arte Killka, Castillo, Rosas y Chiavazza, manteniendo cada uno su individualidad en cuanto a técnica, estética y materiales, han logrado una fusión que da como resultado una muestra imperdible.

Alejandro Frias



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9 de Diciembre de 2016|10:53
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