Misión: matar a Jorge Rafael Videla y a Mario Firmenich

En 1977, un atentado contra el dictador no cumplió su objetivo. En 1978, una traición para matar al líder montonero no llegó a su fin.

Mario Firmenich y Jorge Rafael Videla representan, en la historia argentina, dos puntos extremos. Por un lado, el líder montonero era un ícono de la resistencia armada, mientras que, por el otro, el dictador representaba la represión, la persecución y la desaparición.

Ambos estuvieron en la mira de sus enemigos y contra ambos se planearon atentados. Operación México fue denominado el operativo internacional para matar a Firmenich. Operación Gaviota se llamó el atentado que organizó en Argentina el ERP para acabar con Videla. Ambos, por distintos motivos, fracasaron, y ahora, novelados, son recuperados en sendos libros publicados por Edhasa: Tucho, Operación México o lo irrevocable de la pasión, de Rafael Bielsa, y Los cuerpos y las sombras, de Eduardo Sguiglia.

Los principios antes que la traición

Elaborada a partir de una extensa documentación sobre la Operación México y sobre Montoneros, Rafael Bielsa reconstruye en Tucho, Operación México o lo irrevocable de la pasión la historia del frustrado plan urdido por el gobierno de facto para deshacerse de Mario Firmenich, en 1978.

Tomando como punto de partida el momento en que Edgar Tulio Valenzuela, Tucho, es secuestrado junto a su compañera (embarazada de mellizos) y al hijo de esta en Mar del Plata, Bielsa avanza en esta historia en la que Tucho convencerá a “la patota” de que traicionará a Firmenich a partir de un relato consistente en el que, hábilmente, se mezclan tonos narrativos con tonos de documentos ideológicos y hasta metodológicos de la organización de raíz peronista.

La Operación México será frustrada por el mismísimo Tucho, quien una vez en México revelará los planes de la dictadura ante los medios de comunicación, lo que desencadenará consecuencias inesperadas para el fiel oficial montonero y otras predecibles para su compañera, retenida como garantía por los represores argentinos, en una quinta de Rosario, para presionar de esa manera a Valenzuela.

La pasión por defender los principios es lo que atraviesa toda la narración, representada en la figura de Tucho, quien se encontrará en la Quinta de Funes, adonde lo llevan detenido junto a su familia, con montoneros que colaboran con el gobierno militar (incluso estarán allí quienes lo entregaron) y que están dispuestos a descabezar a la organización. Pero la fuerza de las convicciones de él y de María, su compañera, primará ante las traiciones.

Las formas de la violencia

Poco antes de que se cumpliera el primer año del gobierno de facto encabezado por Jorge Rafael Videla, cuando este remontaba vuelo desde el Aeroparque Jorge Newbery, una enorme explosión se produjo en la pista de despegue. Por un fallo en la secuencia de las explosiones, el atentado apenas si conmovió a los pasajeros de ese avión, entre los que, además de Videla, estaban José Alfredo Martínez de Hoz y Albano Harguindeguy.

El fallido atentado fue denominado Operación Gaviota por sus perpetradores, miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y de haberse concretado según los planes seguramente hubiera alterado notablemente el desarrollo de los hechos en los años venideros.

Ernesto y Miguel son los personajes que Eduardo Sguiglia elige para que en Los cuerpos y las sombras, durante un asado tras el reencuentro después de décadas, sean los encargados de reconstruir esta historia. El primero es uno de los organizadores, en tanto que el segundo había abandonado unos meses antes ERP por sus diferencias.

Por esos días en los que Ernesto y Miguel se reencuentran y repasan con nostalgia, culpa y cientos de dudas (sobre los tiempos, sobre ellos, sobre el país) el pasado, en la misma zona de Santa Fe, unos pistoleros a sueldo tendrán la misión de acabar con una mujer que ha decepcionado al narcotraficante conocido como El Rey.

El violento pasado de un país se entrelaza de esta manera con el violento presente de un mundo sin fronteras para algunos delitos, con lo que Sguiglia consigue un relato ágil que linda con el thriller y en el que la desconfianza aparece en todas las relaciones, transformándose en el motivo para muchas de las acciones.

Tucho, Operación México o lo irrevocable de la pasión, de Rafael Bielsa, y Los cuerpos y las sombras, de Eduardo Sguiglia, dos novelas en las que la historia es la gran protagonista.

Alejandro Frias

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Opiniones (5)
4 de Diciembre de 2016|11:45
6
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4 de Diciembre de 2016|11:45
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  1. Tu ignorancia se revela en tus insultos, no vales mi tiempo.-
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  2. De que carajo hablas jcglsl? mi comentario esta referido a que nadie de aquella época hubiera lamentado que esos dos hubieran muerto. Que tiene que ver lo que se perdió o no por circunstancias históricas que no discuto, En todo caso no discuto por este medio. Asi que métete la opinión en el medio del c..
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  3. Tu de maravilla no tienes nada. Con tu criterio se perdió la Banda Oriental (Uruguay), gran parte de lo que era el Gran Chaco (sector central de Paraguay), todo el centro de Chile (no aceptando San Martín el cargo que pusieron en sus manos, parte de Bolivia también se perdió y ni qué hablar de las Malvinas que se usaron para pagar una deuda... y por suerte J.A.Roca, no pensaba como vos, sino desde el Río Grande o el Río Colorado en otro caso hacia el sur, sería Chileno.- Este país, tiene mucha gente que habla y escribe sin conocimiento y lo peor... muchos de esos/as tienen poder de decisión.- Y... estamos como estamos, por ello.-
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  4. Y quiero agregar a jcglsl cuánto nos hubiera agradado a la sociedad argentina que ambos atentados hubieran tenido éxito. Tal vez nos hubiéramos salvado de lamentar tantas vidas perdidas y tanto sufrimiento actual no les parece?
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  5. Se sigue mostrando una sola cara de la moneda, para engañar a cientos de miles de jóvenes que nacieron "ayer", por decirlo de un modo hipotético.- En el texto, poco menos que se compara a Martín Miguel de Güemes con Sarmiento, o a Juan Manuel de Rosas con Urquiza, o al Chacho Pañaloza con J.A.Roca.- ¡Por favor! Si se dicen tan democráticos, dejen leer las crónicas de la época a los jóvenes de hoy, que se encuentren interesados, en un suplemento especial. Pero, para aquellos que sí vivimos esa época, no me digan que se olvidaron el jolgorio de la gente cuando bajan a la Isabel. No eran caceroleros, era todo el pueblo que estaba harto de ella, como ahora, de la actual.- ¿Les es tan difícil salirse del libreto? o como siempre les repito... ¿tanto miedo tienen de perder la pauta publicitaria? Esto de ustedes es filosóficamente, cinismo más hipocresía, juntos, sin contar con el aspecto económico.- No discutamos sobre esos hechos, ni propongan su opinión interesada, publiquen los titulares, volantas y copetes de aquella época, con una pequeña síntesis del artículo.- Es mi propuesta para que definitivamente los jóvenes, puedan ellos decidir qué lado creen haber apoyado y discernir por su propia cuenta. Dejen de repetir un libreto parcial de la "cosa nacional".-
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