La Guerra de Crimea, ¿recuerdos del futuro?

Un conflicto bélico que se desató a mediados del siglo XIX nos recuerda que la costa norte del Mar Negro no estuvo exenta de conflictos continentales.

En medio de la escalada cuasibélica que se vive por estos días en Ucrania, nunca es malo recordar momentos históricos de ese país y, particularmente, en los sitios donde actualmente se encuentran los mayores focos de tensión. No son pocos los analistas que predicen que la crisis ucraniana podría desembocar en una nueva guerra a escala mundial, con Rusia y los prorrusos ucranianos de un lado y Europa, Estados Unidos, el organismo multilateral de la OTAN y el gobierno interino de Kiev por otro.

Sin embargo, ya existe un antecedente de este hipotético escenario bélico: la guerra de Crimea, conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1853 y 1856 y que, a excepción de los Estados Unidos y bajo otro contexto histórico, involucró a casi los mismos actores de la actualidad. De hecho, el escenario de la mayoría de las batallas fue la emblemática península homónima que desató la actual crisis entre Ucrania y Rusia.

Contexto histórico

Para principios de la década de 1850, la gran mayoría de los Estados de Europa Occidental y Central se encontraban bajo un sistema monárquico parlamentario impulsado tras las Revoluciones de 1848, que dieron la estocada final al sistema absolutista que gobernaba en el continente y que había sido amenazado por primera vez durante la Revolución Francesa de 1789.

Sin embargo, el gran imperio de Rusia era el único bastión en el cual permanecía el absolutismo monárquico como forma de gobierno. El atraso industrial y el fuerte sistema de servidumbre, entre otras cosas, no permitían el desarrollo de focos de protestas, al menos en las fronteras históricas rusas, mientras que los levantamientos en los territorios no eslavos, como Polonia, eran brutalmente sofocados.

Crimea hacia 1850.
Uno de los puntos estratégicos en la navegación regional de Europa Oriental era el Mar Negro, cuyas costas eran compartidas entre Rusia (costas norte y este) y el Imperio Otomano (costas sur y oeste), cuyos puntos de contacto eran Georgia y la desembocadura del río Danubio. Entre todo, Crimea tenía un poderoso valor geoestratégico como punto de control del Mediterráneo Oriental

Desde el siglo XVII, Rusia buscaba la ansiada salida al mar, que logró gracias a las conquistas de litorales en los mares Báltico y Negro. De todos modos, el zarismo padecía aún una especie de "mediterraneidad", ya que no podía salir a mar abierto sin la necesidad de pasar por aguas territoriales. Ello motivó que ese Estado buscara ganar más influencia en los Balcanes y las costas del Mediterráneo Oriental.

Las pretensiones rusas pusieron en alerta a Francia y Reino Unido, que ya se erigían como importantes potencias marítimas y económicas y que también tenían gran influencia en el Imperio Otomano. De hecho, los turcos temían mayores pérdidas territoriales en sus posesiones europeas, ya sea a través de la independencia o la anexión de otros Imperios; además, se encontraba en pleno proceso de reformas, a raíz de las presiones occidentales.

Desarrollo de la guerra

El conflicto que desembocó en la guerra de Crimea puede tener un increíble parecido con los argumentos esgrimidos por Rusia en estos días durante la crisis en Ucrania. En febrero de 1853, el zar Nicolás I (1825-1855) se declaró como protector de la Iglesia Ortodoxa y sus fieles dentro del Imperio Otomano e intentó negociar ese reconocimiento con el sultán Abdülmecit I (1839-1861) a través de emisarios, pero el otomano, con influencia de Francia y el Reino Unido, rechazó la propuesta rusa.

Nicolás I de Rusia.
Ante la negativa otomana, Nicolás I envió a las tropas rusas a ocupar los Principados de Moldavia y Valaquia (actual Rumania), reinos cristianos vasallos del Imperio Otomano, los cuales Rusia tomó con relativa facilidad, así permitiéndole cruzar el Danubio y dirigirse a las costas del Mar Negro, en la península de Anatolia.

Mientras tanto, las potencias europeas (Francia, Reino Unido, Austria y Prusia) intentaban negociar una solución diplomática entre ambos Estados en guerra, pero los intentos resultaron tajantemente rechazados por Rusia y el Imperio Otomano. La mesa de negociaciones fue abandonada por Francia y el Reino Unido, mientras que los imperios germanos aún mantenían esperanza de conseguir una salida pacífica.

El 30 de noviembre de 1853, Rusia atacó el puerto de Sinope y aniquiló la flota otomana asentada en esa ciudad. Este acto despertó recelo en Francia y Reino Unido, que declararon conjuntamente la guerra al zar. Luego se sumó el reino italiano de Piamonte-Cerdeña.

Nicolás I esperaba que Prusia y Austria se aliaran a él en la contienda, debido a la ayuda rusa para sofocar las rebeliones de 1848, pero ambos imperios se declararon neutrales. El primer Estado germano no quería romper relaciones con sus vecinos occidentales, mientras que Austria tenía mayores motivos: la presencia rusa en el Danubio amenazaba sus posesiones orientales. Igualmente, estos países acordaron con Francia y Reino Unido mantener la integridad del Imperio Otomano y exigieron la retirada de Rusia de Valaquia y Moldavia.

Sultán Abdülmecid
Con el correr de los meses, distintas batallas se desarrollaron en el sur de Ucrania y, principalmente, Crimea, donde Rusia tenía la mayor parte de su flota naval apostada, por lo cual la alianza franco-inglesa-otomana decidió trasladar la guerra hacia ese lugar. En medio de combates que terminaron muchas veces con resultados indecisos o con cada bando atribuyéndose la victoria, en octubre de 1854 la alianza comenzó el sitio de Sebastopol, principal puerto ruso en el Mar Negro, que duró 11 meses gracias a la resistencia del Ejército ruso y sus habitantes.

Finalmente, el 8 de septiembre de 1855, los aliados otomanos y occidentales lograron capturar Sebastopol y provocaron la derrota del Imperio Ruso. De todos modos, la guerra no concluyó hasta marzo de 1856.

Se estima que las bajas militares en la guerra superaron cómodamente las 200 mil, la gran mayoría del lado ruso. En cuanto a las civiles, algunas estimaciones calculan que superaron las 750 mil.

Tratado de París en 1856

El 30 de marzo de 1856, quienes formaron parte de la Guerra de Crimea se reunieron en la capital francesa para firmar el documento que puso fin a la contienda.

División política del Mar Negro-1856.
El texto garantizó la integridad territorial del Imperio Otomano, decretó la libre navegabilidad del río Danubio y declaró al Mar Negro como zona libre de movimientos bélicos. Además, obligó a retirar a las tropas rusas de Valaquia y Moldavia, los cuales lograron mayor autonomía a costa de los otomanos.

También Rusia perdió sus territorios en la boca del Danubio, que pasaron a Moldavia, aunque logró conservar Crimea. Por último, se eliminaron los derechos del zar a proteger a los ortodoxos que vivían en el Imperio Otomano.

Consecuencias inmediatas

Aunque el tratado reveló la derrota rusa, también consideró como una victoria pírrica del Imperio Otomano, ya que perdió influencia en los Balcanes, se vio afectado por la militarización del Mar Negro y cercenó su poder en Europa Oriental. Austria también lo vivió como una pérdida, ya que dejó de tener presencia en la región balcánica central.

Igualmente los principales cambios se dieron en el interior de Rusia. El tratado dejó en evidencia la ineficiencia del Estado zarista en su organización, por lo cual el sucesor de Nicolás I, Alejandro II (1855-1881), se vio obligado en realizar reformas en la administración y la Justicia y alentar la industrialización en el país. Sin embargo, años después tuvo que ir más allá y abolió la servidumbre, entre 1858 y 1861.

Proporcionalmente, la guerra dejó como potencias hegemónicas a Francia y Reino Unido, lo cual les permitió continuar con sus expansiones coloniales en África, Asia y Oceanía, sin perder su importantísima influencia en Europa.

También benefició indirectamente a Prusia, ya que la debilidad austríaca le permitió aumentar su poder e influencia en la dieta germánica y aislar más a Austria de su zona de influencia.

Nicolás Munilla

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9 de Diciembre de 2016|21:43
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