Las momias que desconciertan a los investigadores

A diferencia de otros lugares de entierro el objetivo no parece ser momificar los restos, de ahí la afirmación de que su conservación haya sido casualidad.

Las 34 tumbas excavadas por arqueólogos en Zeleniy Yar han producido más preguntas que respuestas. Sin embargo sí que hay algo que parece claro: en ese lejano lugar, 29 kilómetros próximos al Círculo Polar Ártico, era un cruce de caminos comerciales de cierta importancia hace más o menos un milenio. La necrópolis medieval incluye 11 cuerpos con cráneos rotos o, directamente, desaparecidos y esqueletos destrozados. También se hallaron cinco momias envueltas en cobre. Entre las tumbas no se hallaron mujeres adultas, pero sí se han encontrado tres momias infantiles enmascaras de cobre, todos varones.

Igualmente, se encontró un hombre de cabello rojo, protegido desde el pecho hasta el pie por placas de cobre. En su lecho se hallaron un hacha de hierro, pieles y una hebilla de la cabeza de bronce con forma de oso. Los pies del difunto están apuntando hacia el río Poluy Gorny, lo que se piensa que guarda un significado religioso. Los investigadores han hallado junto a una de las momias adultas un cuchillo de hierro de combate, un medallón de plata y una estatuilla de bronce de aves. Pero los rituales funerarios guardan demasiados misterios aún para los expertos.

A diferencia de otros lugares de entierro en Siberia o de los faraones egipcios, el objetivo no parece ser momificar los restos, de ahí la afirmación de que su conservación hasta nuestros días haya sido casualidad.

La combinación del uso del cobre, lo que impidió la oxidación, y un hundimiento de la temperatura en el siglo XIV están detrás de la buena conservación.

“En ninguna parte del mundo hay tantos restos momificados encontrados fuera del permafrost o los pantanos. Es un sitio arqueológico único. Somos pioneros en todo, desde quitar el objeto de suelo arenoso y terminando con la posibilidad de una mayor investigación”, afirmó Natalia Fyodorova, de la Academia de Ciencias de Rusia. Además, Fyodorova sugiere que el aplastamiento de los cráneos pudo haber sido hecho poco después de la muerte para protegerse de los conjuros que emanaban de las personas fallecidas.

En 2002 los arqueólogos tuvieron que parar con los trabajos de campo debido a la oposición de los lugareños en la península de Yamal. Para las gentes del lugar los arqueólogos estaban perturbando las almas de sus antepasados. No obstante, los trabajos se han podido reanudar.

Fuente: http://redhistoria.com/

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4 de Diciembre de 2016|13:12
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